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56 Espectáculos VIERNES 16 9 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Cuatro de los protagonistas de Obaba posan ayer en la Concha: Barbara Lenni, Pilar López de Ayala, Mercedes Sampietro y Juan Diego Botto TELEPRESS Hay cosas inexplicables y cosas que se pueden explicar: entre éstas últimas está la película de Montxo Armendáriz Obaba que ayer abrió el Festival de San Sebastián, aún perplejo por la muerte de Robert Wise Obaba o cómo quedarse sin palabras TEXTO E. RODRÍGUEZ MARCHANTE SAN SEBASTIAN Más o menos en eso, en una especie de balbuceo parecido a obaba... ba, ba se le queda a uno la expresión al enterarse de que Robert Wise, que llevaba 91 años vivo, se muere justo el día antes del homenaje que ayer le dedicaba el Festival. Mikel Olaciregui, el director, ha tenido que demostrar una cintura impresionante, algo que así a simple vista no se le aprecia, para gestionar todo este asunto sin duda desagradable con Milicent Wise, la mujer, ya viuda, del pobre Robert Wise, que nada más llegar a San Sebastián tuvo que emprender el camino de regreso. En fin. Obaba era también el único modo de decir el título de la película inaugural. La ha dirigido un veterano y un asiduo de aquí, Montxo Armendáriz, y a él le pertenece en cuerpo y alma: Obaba es una película tan suya, tan trufada de su peculiar estilo como de boya que se mece en la calma chicha, que no es difícil olvidarse de su origen literario. Con una gavilla de cuentos y narraciones cortas, él teje una historia; y de un territorio de ficción, saca algo parecido a una metáfora. Ese mundo rural, lleno de pulsiones leves pero intensas, de personajes que van y vienen y en donde se cruzan tramas presentes con hilachas sueltas del pasado, le pegan más a Armendáriz que ese aura blanca suya de Papá Noel. En realidad, Obaba es una película superpoblada: de historias, de personajes y de sentimientos. Al contrario de lo que ocurre en la novela Amendáriz se obsesiona por atar cada cabo de la trama, por anudar el pasado y el presente, por que no haya versos sueltos por darle un sentido más allá del capricho a subtramas que tienen indudable fuerza: tan pegadas al eje de la historia están, por ejemplo, la de la maestrita que interpreta Pilar López de Ayala como la del chalado que se quiere ir a las Islas Tortuga y que encarna Eduard Fernández... También es cierto Obaba es que no todos los trade la narración una película mostan vistosos y esson superpobla- tán igual de bien urdida: de histo- dos. Por ejemplo, el rias, de per- aglutinante que usa sonajes y de Armendáriz para encolar todas las pequesentimientos ñas historias que vuelan por Obaba es quizá algo tópico: alguien que llega, que investiga, que graba en vídeo, que se prenda, que vive un romance pegado con tres brochazos de cola. En este sentido, da la impresión que la parte entre Juan Diego Botto y Barbara Lennie (aportación más bien exclusiva del guión) está cogida con un clip a ese simbólico mundo que representa un pueblo como Obaba, sin apenas referencias temporales ni espaciales. Y aunque para otros ojos pueda causar perplejidad, casi todo el mundo en este festival ya sabe equilibrar y aceptar esas mezclas tan extrañas entre lo mágico y lo real, ese campo que convirtió en estilo Gutiérrez Aragón y que Armendáriz también conoce y usa. La actualidad, la ideología, la irrealidad, el sueño, el presente de indicativo y el pasado perfecto... Todo se revuelve y deja en la pantalla un poso de nostalgia, o de esencias inexplicables, o de intención... Cuentos de lagartos que se meten en la cabeza por el oído y le comen el cerebro a la gente, de quemaduras