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32 VIERNES 16 9 2005 ABC Madrid Aguirre y Simancas bajan la tensión política y buscan acuerdos sobre la sanidad y el agua La presidenta asegura que es metafísicamente imposible defender a la vez a Madrid y a Zapatero b El Gobierno de la Comunidad y el PSOE optan por el diálogo para la fase final de la legislatura durante la segunda jornada del debate sobre el estado de la región MARIANO CALLEJA MADRID. Ni saltaron chispas ni se mascó tensión. El segundo debate sobre el estado de la región con Esperanza Aguirre como presidenta de la Comunidad fue más bien blandito en el tono, aunque no en el contenido, comparado, al menos, con lo que se ha vivido en esta Asamblea de Madrid en los dos últimos años. Como tenía prometido, la presidenta guardaba un conejo en la chistera el nombramiento de una nueva consejera de Inmigración, Lucía Figar, que animó algo el ritmo anodino del debate. Lo mismo que la lista de futuras iniciativas que desplegó en la primera jornada. El esperado cara a cara entre Aguirre y Simancas, no exento de pullas, reproches y críticas, pudo acabar perfectamente en un abrazo. De hecho, al terminar el debate, los portavoces del PSOE y de IU se acercaron veloces a charlar como amigos con la presidenta. En su intervención, Simancas tendió la mano al Gobierno autonómico, y la presidenta se la aceptó al instante, con un resultado inmediato: los partidos políticos, junto a los sindicatos y los empresarios, se pondrán manos a la obra para llegar a un pacto sobre la sanidad madrileña. Y un acuerdo más, indispensable en palabras de Aguirre: trabajarán juntos para resolver el problema del agua en Madrid, y evitar que la sequía pueda poner en aprietos la calidad de vida de los ciudadanos y el desarrollo económico de la región. Hubo un tercer acuerdo entre los dos grandes partidos, con el fin de poner en marcha un plan de choque para reducir la temporalidad en el empleo. El secretario general de los socialistas madrileños tenía una oferta más, relacionada con las coordinación de las distintas obras, pero se quedó ahí. El guante blanco no fue óbice para que la presidenta recordara los agravios del Gobierno de Zapatero a esta Comunidad, hasta el punto de afirmar que es metafísicamente imposible defender al jefe del Ejecutivo y a Madrid al mismo tiempo, como trataba de hacer Simancas en su turno. Aguirre sacó a relucir la recalificación de Mintra como empresa pública, una decisión política que aumenta la deuda de la Comunidad; el traslado de organismos a Barcelona, como la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones o la petición de la ministra de Educa- Aguirre y Simancas se saludan nada más terminar el debate sobre el estado de la región en la Asamblea CHEMA BARROSO ASÍ, MEJOR JUAN M. GASTACA ara frotarse los ojos. Era él, Simancas, quien ofrecía a la Asamblea una mano tendida a la negociación para la mejora de Madrid. Era él, Simancas, quien leía un discurso que descubría el otro lado de su corazón político, que se antojaba inesperadamente más proclive al pacto que al sectarismo. Ocurrió ayer. Y Esperanza Aguirre recogió el guante del diálogo. Surgió entonces- ¿espejismo? -la catarsis P tan ansiada- -IU aparte- -en una Cámara irascible y convulsionada desde aquella traumática deserción de Tamayo y Sanz. ¿La Arcadia feliz? Que nadie se llame a engaño porque el campo de juego lo siguen minando Telemadrid, la sanidad y los litigios entre Gobiernos. De hecho, los turnos de réplica a punto estuvieron de pulverizar el renacido espíritu de concordia. Quizá fue porque en esa dialéctica los argumentos surgían en estado puro sin folios escritos de por medio. Eso sí, nada comparable con el caso de laOtra, que es dinamita pura. Pero hasta que estalle, dejad que corra un aire más fresco. ción para que el Consejo Europeo de Investigación se instale en Cataluña, pese al interés de Madrid; y la desaparición de 236 millones de euros en la liquidación del ejercicio de 2003 por parte del Ministerio de Economía. El cambio de Simancas En su turno, Simancas se alejó de su discurso habitual plagado de referencias a la izquierda y la derecha a los ricos y a los pobres, a las zonas rojas y a las tramas urbanísticas que nos rodean. Se esforzó, en cambio, por ofrecer un mensaje más positivo: España está en un buen momento, y Madrid, también No esperen de mí que lo pinte todo de negro ni que me dedique a hacer piromanía política Lle-