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ABC VIERNES 16 9 2005 Nacional 13 Trillo y la tristeza infinita de Aznar por el no de Rato a la guerra El ex ministro de Defensa Federico Trillo confirma en su libro Memoria de entreguerras. Mis años en el Ministerio de Defensa 2000- 2004 que el vicepresidente Rodrigo Rato se opuso de forma contundente a la participación española en Irak. Afirma que era el miembro del Gobierno más opuesto a cualquier participación militar que quiso cambiar por ayuda humanitaria. Detalla que en una reunión del gabinete de crisis, en víspera de la guerra de Irak, Rato explicó su posición contraria en términos muy contundentes. Aznar, a su lado, lo escuchaba con la vista al frente, respirando hondo. Cuando terminó, se volvió para darle las gracias y me pareció ver en su mirada una tristeza infinita EFE Las leyes relativas a las Fuerzas Armadas y la Defensa Nacional han contado siempre con un acuerdo sólido entre populares y socialistas Réquiem por un entendimiento histórico TEXTO: JORGE SÁINZ ciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, cuando lo pactado con el PSOE era que estuvieran amparadas o conforme Ayer mismo, populares y socialistas seguían dando vueltas a esa ruptura del pacto inicial. El portavoz del PP, Eduardo Zaplana, lo achacó a las presiones de los socios del PSOE, mientras su colega socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, insistía en que el primer partido de la oposición pretendía legitimar su decisión de mandar tropas a Irak. En la misma línea, Bono dijo que el PP debe rectificar su oposición a la ley y dejar atrás el pasado Para ello, según el ministro, los populares deben levantar cabeza y sacarla de Irak. Una de las principales claves de la nueva ley se centra en una novedad de última hora. El PSOE pactó con sus socios una enmienda transaccional que establece la obligatoriedad de que el Congreso autorice mediante votación, la participación de tropas en misiones en el exterior. La negociación de esa enmienda pone en evidencia la manera en que se ha desarrollado el diálogo tras la ruptura del acuerdo entre PP y PSOE: los socialistas pactaron el texto con sus socios el miércoles y presentaron a los populares lo acordado mientras se celebraba el debate de ayer. MADRID. Es un ejercicio de documentación. Se encuentra en las nuevas hemerotecas digitalizadas, en una tediosa navegación a través de internet o en una búsqueda a prueba de impacientes en los diarios de sesiones del Congreso. Horas después, se puede constatar que los grandes, y también pequeños, pactos políticos entre el PP y el PSOE duermen desde hace años el sueño de los justos. El penúltimo capítulo del abismo que ahora mismo separa a los dos únicos partidos con capacidad para gobernar este país se escribió ayer con la aprobación, sin acuerdo, de la nueva ley de la Defensa Nacional. Visto lo visto, podríamos estar hablando de un desencuentro más, pero lo cierto es que se ha roto uno de los consensos históricos- -con Aznar o González, el PSOE o el PP- -de la España democrática: el que consagra el régimen y las funciones básicas de nuestras Fuerzas Armadas. Si pasamos por alto las Reales Ordenanzas para el Ejército aprobadas en 1978, fruto de una inestable Transición, el primer gran acuerdo en esta materia se fraguó en 1980 con la UCD en el Gobierno. La Cámara Baja guarda entre el polvo de sus archivos la aprobación- -con 291 votos a favor, de los 295 emitidos- -de la ley de Criterios Básicos de la Defensa Nacional y la Organización Militar. El golpe de Estado y la posterior llegada al poder de Felipe González trajo consigo una reforma de la anterior ley, pero, esta vez, no le gustó a la entonces Alianza Popular, que se opuso al proyecto. Sin embargo, las intervenciones de los respectivos portavoces en sede parlamentaria recogen que más bien fue una cuestión de forma, por la tramitación urgente, que de fondo, ya que ambos partidos estuvieron de acuerdo en reforzar las competencias del presidente del Gobierno y el ministro de Defensa sobre las Fuerzas Armadas después del mal trago del 23- F. Más de veinte años han tenido que pasar para adaptar esta norma a los nuevos tiempos de la OTAN, la ONU, la UE y las misiones internacionales, aunque, eso sí, sin consenso. Un entendimiento que sí alcanzaron el PP, en la oposición, y el PSOE, en el Ejecutivo, con la Ley Orgánica del Servicio Militar de 1991, que dio paso al modelo mixto de las Fuerzas Armadas. Un acuerdo que, con Aznar instalado en La Moncloa, sirvió para sellar la ya famosa Ley del Régimen de Personal de 1999, que puso punto y final a la histórica mili Más complejo fue el alumbramiento del Ejército profesional, cuyo dictamen sacó adelante el PP con sus socios nacionalistas y la negativa del PSOE. Los tiempos, está claro, han cambiado para todos.