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ABC VIERNES 16 9 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC LA MURALLA POR JUAN CARLOS RODRÍGUEZ IBARRA PRESIDENTE DE LA JUNTA DE EXTREMADURA Quien aspire, desde su concepción ideológica, a tener un debate limpio y sereno sobre nuestra estructura como nación, debería, por un mínimo sentido ético, dejar en el cajón sus aspiraciones soberanistas, independentistas, federalistas o confederalistas... NA Belén y Víctor Manuel cantaban, en la década de los ochenta, una canción que se titulaba La Muralla En ella se ordenaba, con insistencia, que se abriera o cerrara la muralla en función de las cosas que se pedían. Últimamente, el lenguaje político ha comenzado a contaminarse de esa canción, de tal forma que no hay mañana en la que no se levante uno sin escuchar a alguno de entre nosotros pidiendo la apertura o el cierre de la muralla. Para recibir dinero del Estado para conjugar el déficit sanitario se pide que se abra la muralla de la fortaleza autonómica, para, a renglón seguido y siguiendo la estructura de la canción de marras, pedir el cierre de la muralla mediante un blindaje de acero para que los impuestos que se pagan en la autonomía correspondiente se queden dentro de la fortaleza. Abre la muralla para recibir el agua que abastece a tal río de cualquier manantial, que normalmente nace en otro territorio, y cierra la muralla para dar agua al siguiente. Tal necedad sólo puede ser atribuida al mal de la emulación nacionalista que, lamentablemente, tengo que reconocer tiene más influencia de la que yo estaba dispuesto a concederle. Al final, casi todos comienzan a contagiarse de un discurso y de una práctica política que puede resultar atractiva si lo que se persigue es un caudal de votos viscerales sin tener en cuenta el proyecto político para el que se trabaja y el destino del territorio que nos cobija como españoles con derechos que emanan de nuestra Constitución. Hasta Joan Saura, consejero de Relaciones Institucionales de la Generalidad de Cataluña y representante de un aparente partido de la izquierda, cae en ese discurso rancio nacionalista cuando me califica de político del pasado y me pide dejar la presidencia de Extremadura. Si los políticos catalanes nos piden silencio a los demás cuando negocian su nuevo estatuto, ¿cuál es la razón para que no se apliquen el cuento cuando se trata de respetar la decisión democrática de los ciudadanos extremeños? Tanto me teme el señor Saura como para prestarse al juego de desacreditarme y descabalgarme. Si soy un político marginal, como me ha calificado ese consejero por la gracia de la coyuntura, que no por los votos, ¿cuál es el interés de un consejero del gobierno catalán en eliminarme políticamente? A que ni está con unos ni con otros. Yo me sentiré tan bien o tan mal como ahora cualquiera que sea la sede de Gas Natural, y me sentiré bien por el hecho de que sea una empresa española, con sede en Cataluña, la que abastezca a mi región de gas o de fluido eléctrico. Por mí, ningún problema. Estoy seguro de que esos empresarios catalanes o vascos o andaluces se convertirán en los mayores defensores de un desarrollo equilibrado para todos los territorios españoles por la cuenta que les tiene. Si una empresa vende gas y electricidad en Extremadura, estará interesada en que la actividad económica de la región sea cada vez más intensa para que la demanda crezca y crezcan los beneficios de esa empresa. Combatiré, sin embargo, el hecho de que empresarios españoles, con sede social en Cataluña o en cualquier otra parte de España, quieran abrir la muralla para que la factura energética que se pague en Extremadura vaya a engordar la cuenta de resultados de esa empresa, y que simultáneamente, los políticos que gobiernen en Cataluña, o en cualquier otra parte, pretendan cerrar la muralla para que el rendimiento económico e impositivo de esa factura se blinde con hormigón y acero en beneficio de ese territorio. He aquí un nuevo síntoma del peligro de la emulación en todos sitios del discurso nacionalista. Si algunos políticos catalanes pretenden blindar su financiación autonómica, por qué no van a querer otros políticos blindar sus ríos o su producción eléctrica, parece que comienzan a preguntarse muchos. Si para ser nación es necesario tener una lengua propia y distinta del castellano, por qué no se va a comprender que otros anden buscando, como sea, una forma arcaica y restringida de expresión, con el riesgo de que buscando, buscando, algunos presenten, como muestra de su condición nacional, el lenguaje de nuestros antepasados más primarios, los orangutanes. Si para trabajar en determinados territorios es necesario acreditar el conocimiento de la lengua autóctona de ese territorio, por qué para trabajar en otros no va a ser necesario conocer los nombres y apellidos y la fecha de nacimiento de los primos segundos de los conquistadores extremeños o de los comuneros castellanos. Afortunadamente, todavía nos queda el fútbol, el mejor ejemplo de que por muy nacionalista que se sea, es posible apasionarse viendo las jugadas de un conglomerado de artistas del balón que con distinta piel, con distinta nacionalidad, con distinta religión, con distinto idioma, conforman la identidad de un pueblo que cifra su superioridad frente a otros en función de que Ronaldinho, Robinho, Petrov o Kovacevic marquen un gol por cada artículo del nuevo Estatuto de Autonomía. En alguna ocasión el colectivo Basta Ya afirmó que una vez que se termine con la violencia en Euskadi, cualquier discusión es posible Como quiera que eso no ha ocurrido desgraciadamente, pero si todos nos lo proponemos es posible que ocurra, lo sensato y lo leal con el gobierno de España, en estos momentos, es esperar a que esa circunstancia tan deseada de final del terrorismo se produzca y, entonces, plantear la discusión política y territorial que se quiera. La respuesta de todos, incluida la del gobierno de España, no sería la misma si el asesinato terrorista ya no estuviera en nuestro horizonte más inmediato. No es aventurado especular con esa respuesta porque la discusión territorial en España, en estos momentos, siempre va a estar marcada por la losa terrorista. Por eso, quien aspire, desde su concepción ideológica, a tener un debate limpio y sereno sobre nuestra estructura como nación, debería, por un mínimo sentido ético, dejar en el cajón sus aspiraciones soberanistas, independentistas, federalistas o confederalistas hasta que pase el terror, y permitir al gobierno que se centre en la oportunidad histórica que en estos momentos muchos intuimos que se puede producir. Cuando la vida y la libertad de todos pueden depender de lo que sepamos hacer ahora, no parece prudente distraer la atención de los gobernantes con debates territoriales que en nada ayudan a conseguir la rendición de la banda ETA. No me cabe la menor duda de que en este baile nacionalista, periférico y español, los que apostamos por una España descentralizada, diversa y cohesionada, estamos perdiendo el espacio que nos permita acoger e identificar nuestras propuestas y nuestros anhelos. Los que nada debemos al nacionalismo económico español, corremos el riesgo de quedarnos sin sitio: o nos alinean en el esquema patriotero y rancio de Esperanza Aguirre o nos alinean en el esquema nacionalista desvertebrador de Artur Mas, sin que tengamos facilidad de encontrar nuestro sitio No hace mucho, una dirigente socialista se preguntaba en un foro político por las razones que impulsaban a determinados militantes de un partido a considerar muy socialista a quien esto firma cuando defendía los intereses de Extremadura, y, sin embargo, muy nacionalista a otros presidentes autonómicos cuando defendían los intereses de sus Comunidades. La respuesta es muy sencilla: Yo sólo quiero blindar a mi región contra la estupidez, las tonterías y el discurso nacionalista de Esperanza Aguirre o de Carod Rovira.