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ABC JUEVES 15 9 2005 Sociedad 53 Siete metros de altura Hasta 40 km h Bravura y fortaleza En casa de la caracola El delfín El mayor saltador de altura. Aunque el delfín compita con la marsopa de Dall y la orca por conseguir un podio en la especialidad de natación, tan sólo conseguiría el bronce compitiendo con esos dos parientes. Sin embargo, mantiene un récord absoluto en salto de altura, ¡siete metros por encima del agua! Es el mayor salto de altura jamás registrado, pues un delfín salta de media tres o cuatro metros. Para realizar ese prodigioso salto el delfín salta a toda velocidad bajo el agua- -pueden nadar a una velocidad de hasta 50 km h- -y tras un potente aletazo se propulsa en el aire para volver a caer sobre una alfombra de espuma. Es un animal muy querido por el ser humano y hace las delicias de los más jóvenes en parques acuáticos de medio mundo. El avestruz Es el animal que más velocidad puede alcanzar corriendo sobre dos patas. El avestruz es el animal que más velocidad puede alcanzar corriendo sobre dos patas. Puede alcanzar los 67 Km h y puede mantenerse corriendo grandes distancias a esa velocidad. Bastante más que el hombre que no llega a los 40 Km h durante un máximo de 100 metros. El avestruz macho puede medir dos metros y medio de altura y pesar más de 130 kilos. Los avestruces tienen sólo dos grandes y fuertes dedos en cada pie que pueden usar para defenderse. Cada huevo de avestruz puede pesar hasta un kilo. De su resistente piel se pueden hacer zapatos y bolsos de excelente calidad. Los avestruces, los emúes y los ñandúes son aves no voladoras muy parecidos porque están adaptados a la vida en las praderas. La tarántula gigante La araña más grande. Existen muchas arañas gigantes, pero la más grande de todas es la gigantesca Theraphosa blondii, la más grande del mundo, también conocida como Mygala. Vive en las selvas de Brasil y Venezuela, donde los yanomami las capturan y se las comen. Más que por hambre, éste es un rito basado en la creencia- -muy generalizada en varias etnias- -de que al comerla se adquieren las virtudes del animal comido, en este caso su bravura y fortaleza. A modo de iniciación como cazadores, los jóvenes ponen a prueba su valentía, teniendo que sacar la tarántula venenosa de la cueva para envolverla viva en una hoja de palma, donde la transportan hasta el campamento para comerla, una vez quemados los peligrosos pelitos y asada. Al parecer su sabor no debe ser muy desagradable. El cangrejo ermitaño El animal más okupa El cangrejo ermitaño se ha caracterizado por no poseer caparazón propio, alojándose en la concha de una caracola marina. Al igual que Diógenes, que por cierto ha cedido su nombre a una especie de cangrejo ermitaño, estos crustáceos son muy sufridos a la hora de buscarse alojamiento, como el sabio que se alojaba en un tonel. Evolutivamente el abdomen de los cangrejos ermitaños se ha convertido en blando y asimétrico, y está plegado y retorcido, todo para que pueda encajar en la cavidad de las caracolas vacías que toma prestadas. Si alguien agarra por las pinzas y el tórax a uno de estos crustáceos y trata de sacarlo de su habitáculo observará que se haya firmemente sujeto a la concha del caracol marino gracias a los apéndices abdominales. Se hace la muerta Sigue creciendo toda la vida Tortuga gigante Tortuga de las Islas Galápagos. El lentísimo crecimiento de las tortugas gigantes de Galápagos prosigue a lo largo de toda su vida. Ese fenómeno y lo largo de su existencia ha provocado que las tortugas de Galápagos, junto con las tortugas de Aldabra, alcancen tamaños desmesurados para un reptil quelonio. Una de estas tortugas gigantes puede llegar a alcanzar los 250 kg de peso y a medir hasta un metro y medio por su curvatura. Si resaltan por su gran tamaño, también es mencionable su récord de longevidad en el mundo animal. Se especula con que las tortugas gigantes pueden superar la edad de los doscientos años, e incluso los 250 años, aunque lo cierto es que nadie ha vivido tanto para poder contarlo. La rana arlequín La rana más cuentista y astuta. La rana arlequín de las selvas del Darién no es venenosa como sí son sus vecinas, las ranitas flecha. Sin embargo, ha adquirido los colores de las venenosas- -por el fenómeno del mimetismo- -para que los predadores de turno las respeten. Sin embargo, cuando el hambre canina y corrosiva aprieta, muchos predadores bisoños pasan por alto el escozor ácido de las ranitas venenosas, y las atacan aún considerando el peligro que representan. Llegados a tales casos todo parece perdido para la rana arlequín, pero no es así siempre. Todavía le queda una última carta para intentar salvar la vida: hacerse la muerta