Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
26 Internacional ELECCIONES EN ALEMANIA JUEVES 15 9 2005 ABC Delicia turca para Gerhard Schröder El SPD confía en rentabilizar en los comicios del domingo su política a favor de esa minoría retórica de la multiculturalidad no alcanza mucho más allá de las urnas: Nos utilizan asegura Gülcan Yatci, vendedora de 41 años RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL FRANCFORT. La capital financiera de Alemania tiene un 25 por ciento de población extranjera, de ésta un 25 por ciento de origen turco. Más que un proyecto económico de izquierdas, SPD y Verdes han ofrecido pasaportes, que ahora esperan cobrar en las urnas. Pero el riesgo es la antipatía de otros alemanes. En Walldorf, junto al aeropuerto de Fráncfort, la directora general del diario Hürriyet, Sevda Boduroglu, levita tras la visita del canciller. El mayor periódico de Turquía vende 180.000 ejemplares en Alemania. El número del día mostraba a un canciller exultando, brazos en alto, Schröder aventaja a toda página en rojo. Con un señor canciller, se ha ganado el corazón de los turcos- alemanes lo recibía el magnate de la prensa Aydin Dogan y primeras espadas del diario lo esperaban para una rendida entrevista. Ninguna cita electoral en esta dura campaña le habrá sido tan fácil a Schröder. Era el 40 aniversario de la implantación de Hürriyet en Alemania, donde viven 2,7 millones de turcos; de estos 830.000 han recibido la ciudadanía del Gobierno de Schröder y 600.000 votarán el domingo. Schröder no se lo quiso perder. Sevda Boduroglu niega que el diario esté entregado, pero nos alegramos de que el canciller apoye a Turquía ante la UE También del discurso de la multiculturalidad que destila el Gobierno y que ha llevado a la verde Claudia Roth a sugerir que deberíamos islamizarnos todos un poco La periodista Iris Alanyali avisa que aunque no lo crean, los turcos tenemos problemas más importantes que la UE. Para el director de la revista b Muchos confirman que la Argos sería hacer del turco un demócrata libre y no súbdito del Estado Al eurodiputado verde de origen turco Cem Özdemir le interesa más el fruto del entendimiento entre liberales e islamistas en Ankara Pero con ser turco, el votante no deja de ser típico y muchos confirman que la retórica de la multiculturalidad no alcanza mucho más allá de la urna: Nos utilizan dice desdeñosa Gülcan Yatci, vendedora de 41 años que llegó aquí hace 37, los políticos sólo piensan en los turcos en elecciones Como en tantos colectivos. Pero éste es uno creciente: un 1 por ciento de nuevos votantes es de origen turco y se los supone eternamente agradecidos al SPD dice Dirk Halm, del Instituto de Estudios Turcos de Essen, aunque no hay datos de comportamiento electoral Y según el Centro Europeo de Investigaciones Sociales de Mannheim, un 5 por ciento de los votantes son nuevos ciudadanos, de éstos 1,5 millones de la antigua URSS y tal vez más proclives al voto conservador. Votantes socialdemócratas En conversación con los trabajadores de la Opel se percibe amargura por la retórica conservadora, pero muchos sufren también los recortes sociales de SPD y Verdes, y el primer diputado turco- alemán, Hakki Keskin, ha dejado el SPD para irse con Lafontaine. En la Opel de Hanau, se percibe la directriz de la campaña de Ozan Ceyhun, el asesor de Schröder para el voto extranjero: El voto para el SPD facilita la ley de ciudadanía y el camino a la UE Ceyhun reconocía hace días que, con una victoria por sólo 8.000 votos, en 2002 el voto turco fue enormemente valioso Lo anómalo es que votantes muy tradi- Schröder, con un grupo de directivos en su vista al diario turco Hürriyet cionales voten a una izquierda cuya vida repudian por utilitarismo. Pese a ello, la CDU sigue alejándolos dice la verde Özcan Mutlu y las encuestas dicen que sólo un 4,8 por ciento de turcos los votaría. SPD y Verdes cosechan lo sembrado: un 77 por ciento y un 9 por ciento, respectivamente. Pero hay otra cosecha más negra y REUTERS es la xenofobia que crea una percepción de electoralismo, cuando más rentable que un programa es una medida puntual que crea un colectivo cautivo: Va a haber que hacerse turco, joven madre o gay para lograr el interés de los políticos dice Claus Bulmahn, cincuentón con tres hijos y despedido de la Opel. CARTELERÍA TUNEADA JUAN MANUEL COSTA os carteles electorales alemanes suelen dar lugar a inesperados entretenimientos. Para comenzar, no está prohibida la propaganda negativa, es decir, puede ponerse a caldo al contrario mientras no se rebasen los límites del código penal. No obstante, los partidos suelen moderarse con este tipo de propaganda, porque el pueblo llano es como es y tiende a confundir la presencia de un rostro con algo positivo, incluso aunque el texto sea vejatorio. Pero además y sobre todo en Berlín, los carteles electorales, que pueblan las ciudades (y campo) constituyen un terreno abonado para las ocurrencias de ese pueblo llano o al menos su sector más comunicativo Helmut Kohl, en su misma enormi- L dad resultaba un blanco pintiparado para el sarcasmo y sus carteles eran profanados con una regularidad y una imaginación pasmosas. Hoy el pastel anda más repartido y caminando por la Kaiser o la Shönhauserallee puede comprobarse que todos los partidos reciben su estopa. A veces son pequeños toques, como apayasar con un par de narices rojas a los sonrientes y algo alelados candidatos izquierdistas Lafontaine y Gisy. Este último sigue padeciendo un tratamiento minimalista en otras esquinas, simples colmillos y cuernos dibujados con aerosol grueso. Mas un tag que otra cosa. También menudea el bigotillo a lo Hitler, pero un recurso tan elemental merece ser despreciado. A veces las intervenciones parecen menos espontáneas. ¿Quién se habrá ido dedicando a pegar espirales blanquinegras sobre los ojos de Merkel o Schröder, que al final quedan como un dúo de alucinados? ¿Y qué decir de esos mensajes bien impresos que se colocan ante la boca de los candidatos? No se trata de esos recortes periodísticos que alguien ha ido pegando alrededor de sus rostros, recordándoles pasadas meteduras de remo, sino de esos otros que surgen desde Steglitz hasta Pankow y que parecen denunciar un origen algo más industrial ¿La contra- maquinaria sub- electoral de los partidos? Con todo, lo más curioso son ocurrencias como la de quienes han aprovechado la campaña para pegar encima de los carteles otros que dicen Jesús os ama o Amaros los unos a los otros mensajes que surgen en este contexto como algo de otro mundo. O este de los liberales que reza Más Liberales, más puestos de trabajo cuyo sentido se invierte mediante un simple Fuera añadido al final. En realidad esta cartelería electoral que persigue, no la convicción, sino el flash publicitario, tiene aquí su mejor destino: ser intervenida por los ciudadanos, servir de plataforma al hartazgo y la ironía.