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4 Opinión JUEVES 15 9 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil ARROBADO ELOGIO Y LA ONU DEL SIGLO XXI L A cumbre que tiene lugar desde ayer en Nueva York, en la que 170 monarcas, jefes de Estado y jefes de Gobierno se dan cita en las Naciones Unidas, pasará a la historia por ser la reunión que mayor cantidad de líderes políticos ha congregado jamás, pero también por ser aquélla en la que no se hizo la reforma que la organización pide a gritos. El acuerdo alcanzado la noche del martes por los 32 países que, en representación de los 191 Estados miembros, discutían el documento que será aprobado en esta Asamblea General deja mucho que desear. Podría decirse que es un catálogo de buenas intenciones. En sus 39 folios le pide a la comunidad internacional no sólo la adopción de soluciones multilaterales al flagelo de la pobreza, sino el diseño de políticas para la mejor protección de los derechos humanos. En ese sentido, dispone la puesta en marcha de un comité especializado y de una comisión para consolidar la paz en distintas latitudes, y ve con buenos ojos la cooperación entre distintas civilizaciones, aunque no fija las pautas para alcanzar tan altas cotas de idealismo. Las Naciones Unidas no han hecho los deberes que se fijaron en la llamada Cumbre del Milenio, celebrada hace cinco años en la ciudad mexicana de Monterrey. Por entonces, el objetivo consistía en bajar a la mitad, para el año 2015, el número de personas cuyo ingreso diario no llega a un dólar. La cifra no es de poca monta: hablamos de 1.200 millones de seres humanos. Tal como van las cosas, semejante meta es imposible. La idea era que las grandes potencias destinaran el 0,7 por ciento de su Producto Interior Bruto a las naciones pobres, pero eso no consta expresamente en el documento que será bendecido por esta Asamblea de las Naciones Unidas. Uno de los países más reticentes en la materia ha sido Estados Unidos, que considera que, antes de hacer una donación de tal magnitud, lo importante es que los Estados menos desarrollados se modernicen para evitar que esos dineros caigan en manos de funcionarios corruptos. Si no hubo acuerdo en alguna fórmula para paliar la pobreza, menos aún en la manera de enfrentar a los terroristas, uno de los principales retos de nuestro tiempo. Y no lo hubo porque, aunque parezca increíble, pese a los atenta- dos en Nueva York, en Madrid, en Londres, en Bagdad o Jerusalén, los países miembros no han sido capaces de definir qué es el terrorismo. No es asunto fácil. En este caso, España se ha opuesto a la definición planteada por el comité porque, si bien contemplaba como acto terrorista un ataque contra civiles inocentes, excluía las acciones armadas de grupos que dicen luchar por la independencia de una región. Tampoco hubo acuerdo en las Naciones Unidas sobre la no proliferación de armas nucleares. Washington pretendía que la Asamblea General diera luz verde a los ataques preventivos contra los países que no acatan la legalidad internacional, pero las naciones en desarrollo se negaron a votar algo así y exigieron a las potencias occidentales mayor control en la venta de armas. Pero más allá de todas esas discusiones, la asignatura pendiente de las Naciones Unidas es la reforma del Consejo de Seguridad, el ente encargado de mantener la paz y la seguridad internacionales. La actual composición del organismo es obsoleta. El desafío de la comunidad internacional a comienzos del siglo XXI no son los totalitarismos de Hitler o Mussolini, como cuando en 1945 fueron creadas las Naciones Unidas, sino la amenaza terrorista en cualquier modalidad, los arsenales nucleares mal manejados, la pobreza creciente o el calentamiento global. De ahí que el Consejo de Seguridad debería dar cabida, entre sus miembros permanentes, a países como la India, el Japón o el Brasil, que es la potencia de Iberoamérica. O darle más juego a la Unión Europea como un todo. Gran parte de esos asuntos han debido ser resueltos en esta cumbre de las Naciones Unidas. Más aún cuando la organización ha caído en el descrédito tras el escándalo de corrupción del programa Petróleo por Alimentos en el que estuvo involucrado un hijo del secretario general, Kofi Annan. Habrá que esperar, pues, a que la propia ONU impulse los cambios desde adentro. Esa parece ser la única salida para luego poner de acuerdo a 191 países. El mundo necesita de la organización, y la necesita sólida. Porque, más allá de sus deficiencias, ninguna otra cumple tantas y tan variadas funciones. A lo había dicho antes, pero tanta insistencia resulta indiciaria. Según el secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, el secretario general de LAB, Rafael Díez Usabiaga- -el mismo que compareció el otro día ante el juez Marlaska- -es una persona de mucho peso en este país (vasco) y tiene mucho que decir en el proceso de paz por ser una figura relevante de la izquierda abertzale cuya posición política parece abogar por el paso a la política y el cese de la violencia Verde y con asas. López sitúa los elogios en un escenario en el que se tienden puentes y se abren vías de diálogo poniendo en valor a quienes tienen todas las papeletas para jugar un papel fundamental en ese proceso de paz al que se refiere el líder de los socialistas vascos. Reveladora alabanza en tiempos de incertidumbre. Patxi López TELEPRESS TERRORISMO EN IRAK E ACUERDO PRECARIO EN SANIDAD E S evidente que el acuerdo sobre financiación de la Sanidad alcanzado, después de serias dificultades, en el Consejo de Política Fiscal y Territorial no resuelve los problemas de fondo. No se trata, en efecto, de discutir cuánto debe aportar el Estado, aunque sea justo reconocer que Economía ha hecho un esfuerzo importante para acallar las críticas poniendo más dinero sobre la mesa de negociación. Lo cierto es que se trata de un nuevo parche que permitirá a las comunidades autónomas seguir gastando a su libre albedrío con la convicción de que, tarde o temprano, el Gobierno central pagará una parte considerable de la factura. El Estado de las Autonomías sólo puede funcionar sobre la base de un ejercicio responsable de sus competencias por parte de los distintos entes territoriales. Puesto que la sanidad ocupa un lugar preferente en las inversiones y en los gastos corrientes de las Autonomías, es responsabilidad suya fijar los límites y ordenar racionalmente los recursos y las prestaciones. Aunque utilizó la ironía, el vicepresidente Solbes dijo una gran verdad al manifestar que tal vez había llegado demasiado lejos para financiar una competencia autonómica. Desde el punto de vista político, Zapatero ha consegui- do salvar las apariencias después del órdago lanzado en la Conferencia de Presidentes. Sin embargo, el acuerdo dista mucho de ser un éxito. Las comunidades autónomas gobernadas por el PP se han abstenido, las ciudades de Ceuta y Melilla- -que carecen de transferencias sanitarias- -han votado en contra, y Canarias ha dejado claro su opinión negativa sobre los resultados. El Gobierno no ha precisado todavía cómo se va a repartir una buena parte (más o menos tres de cada cuatro euros) de los 1.677 millones que aporta para paliar el déficit sanitario. Es grave la sospecha de que la cantidad destinada al plan de calidad pueda repartirse de forma caprichosa en favor de los gobiernos afines. De cara al futuro, tampoco se establece una regla clara e inequívoca, puesto que no tiene sentido que resulten objetivamente perjudicadas las comunidades con mayor población. En todo caso, el Consejo de Política Fiscal y Financiera ha demostrado ser un órgano mucho más operativo que la difusa conferencia que el Gobierno presenta como expresión suprema de cooperación en el Estado Autonómico, sin que logre con ello ocultar que subsisten graves discrepancias sobre el presente y el futuro del modelo territorial. L centro de la atención mundial vuelve a Irak para asistir con espanto a la cadena de atentados terroristas que pretenden frenar el proceso de transición a una democracia todavía lejana, pero que se ha convertido en esperanza de un país sometido durante décadas. Las bombas contra un grupo de trabajadores son la expresión última de cómo el terrorismo coloca en el centro de la diana a la población civil para provocar el desistimiento y la claudicación de la sociedad con el único objetivo de hacer del pánico el mejor instrumento para sus siniestros fines. No es la resistencia quien ahoga en sangre la ilusión de la gente corriente, sino el terror en su estado más puro el que hace estallar un coche bomba. Matiz importante para no perderse en cuestiones semánticas. HUMO CONCILIADOR N O deja de resultar significativo que en medio de un escenario político marcado por los desencuentros entre el Gobierno y el PP, uno de los únicos puntos de encuentro haya sido, precisamente, el tabaco. La alianza entre socialistas y populares para prohibir fumar en todos los centros de trabajo demuestra que la ausencia de humo contribuye a estrechar las tensas relaciones entre los dos grandes partidos. Ya puestos, los populares van más allá y piden que la sanidad pública financie las terapias de deshabituación. O sea, que el Estado nos ayude a dejar de fumar. CiU se apunta a la propuesta. Lo que une el tabaco que no lo separen los intereses políticos.