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ABC MIÉRCOLES 14 9 2005 Cultura 59 Me juego mucho en este proyecto J. B. Aunque los responsables del montaje le han arropado con un reparto de excepción, y aunque estamos ante un maravilloso texto, a nadie se le escapa que Lolita es el principal reclamo de Ana en el Trópico Su imagen inserta en la vitola de un puro, su arrolladora personalidad y su gancho mediático y popular determinan su inevitable protagonismo. Ella es consciente de que todas las miradas estarán pendientes de su actuación. Sé que vendrán a ver a Lolita. Si dicen que estoy bien vendrán a comprobar que es verdad; y si dicen que estoy mal, de igual manera Para Lolita, esta aventura teatral- me juego mucho aquí dice- -era un paso natural que tenía que llegar tarde o temprano. A mí me encanta el teatro. Siempre me ha gustado meterme en la piel de otra persona, porque creo que eso te ayuda a conocerte mejor y a saber hasta dónde puedes llegar. Los personajes teatrales, no lo olvidemos, son al fin y al cabo seres humanos Toni Acosta, Teresa María Rojas y Lolita, en un ensayo de Ana en el Trópico VÍCTOR INCHAUSTI Lolita entra en el teatro de la mano del primer autor hispano ganador del Pulitzer La actriz protagoniza Ana en el Trópico del cubano Nilo Cruz José Pedro Carrión, Toni Acosta, Luis Fernando Alvés, Teresa María Rojas y Pablo Durán completan el reparto de la función, que dirige el propio autor JULIO BRAVO MADRID. No ha podido encontrar Lolita un proyecto sobre el papel más jugoso para debutar como actriz teatral. La artista ha probado ya el sabor de la canción, del cine y de la televisión, pero hasta ahora no se había atrevido a dar el salto. Cuando le ofrecieron la posibilidad de protagonizar Ana en el Trópico leyó el texto y se enamoró de él. Me enamoró la manera en que se dicen las cosas y me enamoró el personaje, Conchita, una mujer valiente, que tiene en eso mucho que ver conmigo, y que después de tocar fondo levanta la cabeza y tira para adelante La idea de importar esta obra de Nilo Cruz, que se estrenó en Broadway en noviembre de 2003, fue del adaptador y productor Nacho Artime. Escrita originalmente en inglés, ganó ese año el premio Pulitzer a la mejor obra teatral, un galardón que por primera vez recibía un autor hispano. Su autor, Nilo Cruz, ha viajado a Madrid para dirigir esta puesta en escena. La idea de trabajar con actores españoles y cubanos y de poder moldear su propia obra en castellano fue lo que convenció a Cruz para hacerse cargo de la dirección. El Teatro Alcázar acogerá a partir del viernes- -el estreno oficial será el miércoles 21- -este montaje, que cuenta con escenografía de Daniel Bianco, vestuario e iluminación de Job Joan Crosas, sé Ramón Aguirre y música de Ariel Cubría. El reparto- que ha desarrollado una química extraordinaria según el autor- -está encabezado por Lolita, a la que acompañan experimentados actores de teatro y televisión, como Joan Crosas, José Pedro Carrión, Toni Acosta y Luis Fernando Alvés. Se han unido al elenco dos reputados actores cubanos: Teresa María Rojas, que estrenó la obra en Miami, y Pablo Durán. Ana en el Trópico narra una histo- ria situada en Miami en el año 1929, y está basada en los relatos que escuchó el autor a su padre acerca de los lectores de las fábricas de tabaco. En aquella época existía la figura del lector. Por las mañanas leían a los trabajadores el periódico y por las tardes novelas. Y en el año en que sitúo la acción de la obra empezaron a desaparecer La obra quiere ser, asegura Nilo Cruz, una metáfora de lo mucho que puede hacer el arte en nuestras vidas, de las posibilidades que tiene la literatura de cambiarlas. En esta obra el lector lee Ana Karenina y esa novela termina por modificar la vida de todas esas gentes El actor Joan Crosas apunta que la obra presenta el choque entre la modernidad y la conservación de ciertos valores; el cigarro puro es en este caso un símbolo, porque es un objeto que se fuma con deleite, con tranquilidad, en contraposición con los cigarrillos. Fumar un cigarro es un rito tranquilo y que precisa saborearse TEATRO Homenaje a los Malditos Texto e iluminación: Eusebio Calonge. Dirección y espacio escénico: Paco de la Zaranda. Intérpretes: Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez, Ana López, María Duarte, Enrique Bustos, Fernando Hernández y Ana Oliva. Compañía: La Zaranda. Lugar: Teatro Español. Madrid. DESPOJOS EGREGIOS JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN n tiempos de continuas celebraciones con la vista puesta en el calendario, La Zaranda propone una lectura crítica de esos saraos de homenaje cultural en los que se desempolva brevemente a un autor o una obra para luego entregarlos de nuevo al sueño del olvido: de un archivo insondable y astroso, dos E operarios acarrean un egregio despojo para el oportuno acto de exaltación, un cansino tráfago burocrático tras el que el inmortal cadavérico volverá a su anaquel. Este grupo de Teatro Inestable de Andalucía La Baja prosigue la línea emprendida en anteriores montajes desde su creación en 1978, su concepción litúrgica y casi penitencial del espectáculo, una estética ruinosa, de personajes vencidos que deambulan dentro de un paréntesis de tiempo calcinado, muertos vivientes, cenizas de recuerdo que giran sin pausa atrapadas en las entrañas de un viento sonámbulo. Ponen ante los ojos del espectador un espejo sucio, con islotes faltos de azogue, que nos devuelve una imagen leprosa en la que, pavorosamente, es posible reconocerse. Homenaje a los Malditos remite inevitablemente, quizás resulte ocioso subrayarlo, a las indagaciones funerarias en la memoria que llevó a cabo el gran Tadeusz Kantor, pero en su caso con referencias plásticas de sesgo español: el apocalíptico Valdés Leal, las negras charangas carnavalescas de Gutiérrez Solana o, más cerca, los universos de pesadilla de José Hernández. Hay en este montaje momentos de belleza sobrecogedora y gran eficacia simbólica, como el reloj convertido en péndulo que marca el comienzo de la representación o las ánimas que surgen del espejo giratorio, y también incursiones en el trasfondo esperpéntico que aletea detrás de muchas solemnidades. Pese a su brevedad, apenas una hora y cuarto de representación, el espectáculo que firma Eusebio Calonge transmite cierta sensación de idea estirada, de vueltas en torno a la noria de la reiteración. Los actores, la escenografía, la iluminación, el vestuario y los demás elementos del montaje son, no obstante, espléndidos, y el conjunto, repito, estéticamente irreprochable. La gente de La Zaranda hace del teatro una experiencia casi religiosa.