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ABC MARTES 13 9 2005 Nacional 19 La plaga de la langosta negra L. DE VEGA. CORRESPONSAL RABAT. Organizaciones de Derechos Humanos europeas y marroquíes han dado la voz de alarma sobre el tratamiento que algunos medios de este país están dando al problema de la emigración clandestina. El semanario tangerino editado en árabe Al Shamal (El Norte) ha titulado en portada Las langostas negras invaden el norte de Marruecos en referencia a la numerosa presencia de clandestinos subsaharianos que intentan llegar a España a través del país magrebí. Su director, Jalid Meshbal, ha declarado al diario de Casablanca Al Sabah que no es una expresión acertada y reconoce que, aunque es una frase tomada de la calle, se trata de términos racistas Al Shamal pedirá perdón en el siguiente número por su titular de portada, pero no por el contenido del reportaje, en el que se habla del peligro permanente en el que se encuentran las ciudades del norte de Marruecos por la presencia de los subsaharianos, el tráfico de drogas, los crímenes o el contrabando. El beninés de 14 años Fongang Calvin es el inmigrante más joven que intenta saltar la valla de Melilla Fongang Calvin es, a sus 14 años, el inmigrante clandestino más joven que estos días intenta entrar en España por la verja de Melilla. Dice que no parará hasta lograr su objetivo El niño de la valla TEXTO Y FOTOS: LUIS DE VEGA No hay campamento. ¿Saben los españoles de nuestra existencia? Las lluvias van a llegar participar en los asaltos a la verja española. ABC ha podido comprobar, aunque no hay estadísticas en los últimos meses, que cada vez es más frecuente encontrarse jóvenes africanos menores de edad llegados a Marruecos con el propósito de dar el salto a Europa. En el grupo de cameruneses que acompañan a Fongang Calvin varios reconocen tener 16 ó 17 años. Y la verdad es que los aparentan. Entre ellos está muy presente la muerte, hace menos de dos semanas, de un compatriota de 17 años tras un intento masivo de inmigrantes de llegar a Melilla. Últimamente hemos perdido a un camarada en la valla. Cada día la cosa está peor y nos la jugamos más. La situación continuará porque seguirá llegando gente comenta Omgba Pierre, un camerunés de 20 años al que ya han echado dos veces de Melilla. Antes, al menos, estaba el Gurugú; ahora no tenemos campamento. ¿Saben los españoles de nuestra existencia? Las lluvias van a llegar Pero no sólo las lluvias y el mal tiempo. También las Fuerzas de Seguridad marroquíes están apretando el acelerador con sus redadas. Seydou Diarra, un maliense de 18 años, acompaña a Omgba y confiesa que cada día es más duro saltar la valla Este corresponsal fue testigo de su detención al día siguiente. Las Fuerzas Auxiliares lo apresaron en plena noche, mientras dormía, y no le dieron tiempo ni a ponerse los zapatos. NADOR (MARRUECOS) A primera vista, todo parece normal a lo largo de la carretera que lleva desde el pueblo de Farhana al cabo Tres Forcas, una especie de circunvalación de la ciudad de Melilla en lado marroquí. Pero si uno se adentra en bosques como los de Mariuari o Rostrogordo, no tardará en encontrarse con los que, desde hace meses, son sus nuevos moradores. Como auténticos animales, intentando sobrevivir sin ser descubiertos, decenas de manadas de jóvenes subsaharianos malviven entre pinos, eucaliptos y matorrales. Tienen como objetivo la valla que les separa de España, la antesala de Europa. Esa valla que, como un joven camerunés explica refiriéndose a la Ciudad Autónoma, es la puerta de la Pequeña España El siguiente paso, añade entre risas, será la Gran España, la Península, la metrópolis, el continente... Mientras tanto, su vida no se diferencia mucho de la de los hombres primitivos, en constante lucha por la supervivencia. Sin un techo, sin apenas agua, devorados por las enfermedades y las heridas, vestidos muchas veces por harapos mugrientos... En medio de ese grupo de cameruneses sobresale uno por su aspecto aniñado. Es un chaval, sólo tiene 14 años comenta uno de ellos con la cabeza cubierta de trencitas de punta. Todos coinciden en que es el más joven de ellos. Se trata de Fongang Calvin, de nacionalidad beninesa. Apenas abre la boca para responder a las preguntas y son sus compañeros desde hace dos semanas los que le animan a hablar o responden por él. Su madre se fue a vivir a la ciudad nigeriana de Lagos con su compañero. Allí las cosas no fueron bien y el hombre y el niño subieron hacia Argelia en busca de fortuna explica el camerunés de las trenzas, convertido en una especie de padrino y cuidador durante su estancia en el bosque. Al compañero de su madre se le acabó el dinero en Argelia y pasó con nosotros hace unos días a Marruecos desde el campamento de Magnia (junto a la frontera que separa ambos países magrebíes) ¿Y ahora, qué? Pues como nosotros, a intentar entrar en España. La otra noche ya vivió su primera tentativa de asalto a la valla comentan entre risas, como si lo hubieran llevado a un parque de atracciones. Nadie en el bosque se plantea a qué edad hay que hacer lo que hacen ellos. Todos se refieren a la necesidad urgente de dejar sus países por una u otra razón. Fongang lo tendrá difícil, al igual que sus compañeros, pero más difícil aún lo tienen las jóvenes madres que habitan en el bosque con sus bebés en brazos y sin ninguna posibilidad de