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42 LUNES 12 9 2005 ABC Sociedad 56 muertes ó 10.000. Diez millones de afectados o sólo 600.000. Una catástrofe cuyo efecto aún no puede medirse o un grave accidente que se ha exagerado. Diecinueve años después de la explosión de Chernobyl, el debate sigue abierto Chernobyl, catástrofe o victimismo TEXTO: ANTONIO SÁNCHEZ SOLIS FOTOS: EPA, AFP VIENA. Los efectos en la salud pública no fueron ni con mucho tan graves como se temió en un principio Estas palabras, tranquilizadoras, son de Michael Repacholi, un alto cargo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Lo que necesitamos es ciencia y soluciones reales para el continuo sufrimiento y enfermedad que trajo consigo Chernobyl Esa es la opinión, alarmante, de Jan Vande Putte, de Greenpeace. Las dos citas son recientes y se refieren al mismo asunto: las consecuencias sobre la salud y ecosistema que provocó la explosión, el 26 de abril de 1986, del reactor número 4 de la central nuclear de Chernobyl, en Ucrania. ¿Quién exagera y quién se queda corto? La polémica sobre los verdaderos efectos de Chernobyl ha resurgido tras la publicación de un amplio informe de Naciones Unidas (ONU) y los gobiernos de Rusia, Bielorrusia y Ucrania con el objetivo de acabar de una vez con los bailes de cifras sobre las verdaderas consecuencias de Chernobyl. El tono general del documento es tranquilizador en cuanto a lo que se refiere a las muertes, enfermedades e impacto ambiental e insiste en que las cifras de decenas de miles de muertos con las que se habían especulado eran falsas. Según la ONU, desde aquel 26 de abril de 1986 se han producido sólo 56 El sarcófago se hunde Una de las pocas advertencias del informe, en general optimista, presentado hace una semana por Naciones Unidas, se refiere a la situación del sarcófago que se erigió para cubrir los restos del reactor accidentado en Ucrania y que corre peligro de desmoronarse debido a la corrosión y a los defectos de fábrica por la rapidez con que se levantó. Hay riesgo de que el techo caiga sobre las toneladas de combustible nuclear que quedan dentro y se libere polvo radioactivo. Por ello, hace tiempo que se planea construir una segunda cubierta que, en teoría, aguantaría al menos 100 años. Esa obra permitiría trasladar el material radioactivo que se conserva en Chernobyl y clausurar el reactor para siempre. Aunque la ONU habla de que esta obra se acometerá en un futuro próximo el coste de más de 800 millones de euros y la precaria economía de Ucrania podrían retrasar el comienzo de los trabajos. Aspecto de la central seis meses después de la catástrofe de abril de 1986 fallecidos, de ellos 47 liquidadores los operarios enviados a apagar el incendio protegidos con simples mascarillas y guantes de goma, y nueve niños que murieron de cáncer de tiroides. Pero nada más hacerse públicas esta cifra y el mensaje de lo que ocurrió (fue grave pero no tanto) las críticas comenzaron a llover. Ridículo, parcial, mal hecho e intento de blanqueo para justificar la energía nuclear son algunos de los calificativos de científicos y organizaciones ecologistas. Para muchos, es muy sospechoso que el Organismo Internacional de la Energía Atómica sea uno de los autores del texto y quien ha actuado como anfitrión para su presentación en Viena. Mohamed El Baradei, director de esta agencia de la ONU, no ha dudado en afirmar que Chernobyl tuvo también efectos positivos al contribuir a mejorar la seguridad en las instalaciones atómicas. Baile de cifras Una de las principales críticas que se han hecho al informe de Naciones Unidas se refiere a cuántas personas corren riesgo de enfermar por efecto de la radioactividad liberada. Según la ONU, sólo 600.000 personas estuvieron expuestas a altas dosis de radiación. De ellas, 3.944 morirán en los próximos 75 años. Sin embargo, hay quien advierte del riesgo de minimizar los efectos de las radiaciones de baja intensidad. Así, el director ejecutivo del Servicio de Información y Recursos Nucleares (NIRS) Michael Mariotte, ha asegurado que, según la Academia de las Ciencias de Estados Unidos no hay ningún nivel seguro de exposición a la radiación Por eso, insiste en que los cálculos de víctimas tendrían que hacerse Un niño de tres años reposa en el departamento de Hematología del Instituto de Medicina Nuclear de Gomel (Bielorrusia)