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ABC LUNES 12 9 2005 Opinión 5 MEDITACIONES EL DE ANTES E han ofrecido el oro y el moro, pero promete lealtad. Sabe que está en el centro del huracán, un Katrina brutal que puede venirle por la derecha o por la izquierda en forma de tempestad. Tiene el margen justo para hacer un solo movimiento, que debe ser rápido- -nunca precipitado- y limpio, un golpe seco. Afuera, le están esperando, para bien o para mal. Siente, cada día, el aliento espeso de la política, la densa bocanada que le vigila la espalda. Escucha, a lo lejos, los tambores de guerra de esa opa amenazante, el zigzag de los sables contra el viento. Son los otros, los suyos, los de allí, los de aquí, los de cualquier parte y, sobre todo, el de antes, que le apremia y le pone delante de una responsabilidad indeclinable. El de antes (recuerdos en sepia de Madrid y Logroño) Sobre todo, el de antes... MARCO AURELIO L LEER Y PENSAR CORRECCIÓN POLÍTICA CONTRA LA BALCANIZACIÓN DE ESPAÑA DE PÍO MOA La esfera de los libros Madrid, 2005 217 páginas 17 euros Ensayo de combate Historiador, ensayista y periodista, Pío Moa genera filias y fobias a partes iguales. No podía ser de otra manera si tenemos en cuenta que Pío Moa- -con documentación en mano- -desvela algunos de los tópicos y falsedades de nuestra historia reciente. Así, por ejemplo, hay quien celebra o descalifica- -según le vaya en la feria- -que el autor hable de la tradición golpista de la izquierda y el nacionalismo catalán durante la Segunda República. Con su último trabajo, Pío Moa continúa recogiendo filias y fobias. En cualquier caso, este libro- -un ensayo de combate- más allá de alguna valoración y adjetivo excesivamente contundentes que el autor se podía haber ahorrado, retrata la España política a caballo del XX y el XXI. Y la foto no invita al optimismo por culpa de algún nacionalismo periférico que desearían balcanizar España a través de la llamada Segunda Transición, de la perversión de palabras como paz y diálogo de la hipocresía de algunas fuerzas políticas, y de la estulticia de una izquierda que juega con fuego a mayor gloria de sus personales e intransferibles intereses partidistas. ¿Alternativa? Algo tan sencillo como aplicar la ley. MIQUEL PORTA PERALES cusaba en una reseña reciente José María Pozuelo Ybancos a una novelista de mi generación de incurrir en el esquematismo histórico propiciado por el pensamiento políticamente correcto cuando trataba de evocar las postrimerías del franquismo. El crítico de ABC señalaba algunas inexactitudes referidas casi siempre a los ambientes culturales de aquella España que siempre nos han pintado con los chafarrinones más sombríos; tales inexactitudes se le antojaban a Pozuelo Ybancos fruto de los automatismos que la pedagogía progre ha introducido en el inconsciente colectivo, antes que de una documentación poco esmerada (o, en todo caso, de una conjunción de ambas circunstancias) No entraré a discutir aquí si la novelista ha incurrido en el vicio que su recensor le achaca; justamente hoy he iniciado la lectura de su obra, de modo que JUAN MANUEL me falta el elemento primordial de DE PRADA juicio. Pero creo que el reproche del recensor a la novelista nos propone un asunto suculento de debate. Señalaba Pozuelo Ybancos que durante la dictadura franquista las películas de Pasolini fueron estrenadas en España con normalidad y las obras de Alfonso Paso representadas a troche y moche, en contra de lo que afirma la novelista. Le faltó añadir, sin embargo, que esta caracterización de la España franquista como una paramera cultural es una superchería que, si los novelistas de mi generación- -que sólo poseemos una memoria brumosa del franquismo, y en todo caso modelada por recuerdos ajenos- -la acatamos sin rechistar, es porque antes nos la han inculcado a machamartillo, en un ejercicio de mistificación histórica sin matices. Y conviene precisar que quienes se han encargado de esa labor de adoctrinamiento o pedagogía esquemática, tan concienzuda e implacable, han sido las generaciones que nos han A precedido. En siglos pretéritos, a los niños les enseñaban que la tierra era plana y que el sol giraba en su derredor; a nosotros nos repitieron hasta la extenuación que el franquismo era incompatible con el ejercicio disfrute de la creación artística e intelectual. Y, cuando resultaba imposible negar la existencia de alguna individualidad que contradecía esta paparrucha, se nos decía que tales excepciones no eran sino oasis en el yermo. Sólo mediante un esfuerzo ímprobo de curiosidad y valentía, muy severamente castigado por quienes reparten bulas en el cotarro cultural, alguien de mi generación puede llegar a atisbar que tal caracterización del franquismo no se corresponde enteramente con la realidad. Así, si uno se preocupa por exhumar a ciertos cineastas como Vajda, Neville, Sáenz de Heredia o Rafael Gil (cuyas películas, por cierto, resultan casi inaccesibles) descubre que los años cincuenta fueron en realidad la edad de oro del cine español; pero a la corrección política instaurada por las generaciones que nos precedieron les conviene que sigamos creyendo que en aquella época sólo se perpetraban españoladas pestíferas. Del mismo modo, se beatifica a escritores exiliados de muy dudoso mérito, mientras otros cuyo único delito consistió en desarrollar su obra en España (en condiciones acaso más dificultosas) son recluidos en el desván de la incuria. Por poner un ejemplo especialmente sangrante, se encumbra hasta la apoteosis a la filósofa y escritora María Zambrano mientras se orilla y denigra el talento de otro escritor y filósofo infinitamente mejor dotado, Eugenio D Ors. O se conmemora con gran fasto a segundones de la Generación del 27, mientras poetas coetáneos de mayor fuste son retirados de los manuales, sin otro argumento que su adscripción ideológica. Nos enseñaron que el franquismo era una paramera cultural. Quizá nuestro único pecado haya consistido en ser alumnos demasiado aplicados. Pero nosotros no hemos instaurado ni propagado la mentira.