Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
66 Sociedad DOMINGO 11 9 2005 ABC SILVERIO AGEA Secretario general de Cáritas Para que haya menos pobres tiene que haber menos ricos MADRID. Decidimos reducir a la mitad, para 2015, el porcentaje de personas que padezcan hambre Mandatarios de 189 países firmaron este compromiso en la Cumbre del Milenio de la ONU. Un lustro después, a tres días de la Asamblea de las Naciones Unidas, que revisará la ruta recorrida, los Objetivos del Milenio siguen reuniendo papeletas para convertirse en una declaración de tan buenas como incumplidas intenciones. Las cifras no paran de gritar que 800 millones de personas no tienen comida suficiente para alimentarse. Así y todo, quienes más de cerca observan esta tragedia son los últimos que pierden el aliento. Silverio Agea, secretario general de Cáritas y miembro del Comité Ejecutivo de la Conferencia ONG- ONU, transmite un firme mensaje recriminatorio, pero también otro de esperanza, porque se puede hacer si empezamos desde abajo, desde cada ciudadano ¿Por qué no se cumplen los Objetivos? -Somos especialistas en diagnosticar problemas para luego no concretar una serie de medidas. Si no traducimos los proyectos en acuerdos y partidas presupuestarias, avanzar en cantidad o en calidad es imposible. ¿Falta voluntad política? -Hay voluntad, el problema es el entramado socio- político del que depende el desarrollo de los planes. Podemos idear un plan de comercio justo, pero acabará chocando con el Ministerio de Agricultura, y luego con la política agrícola europea. ¿Cómo conseguir que no se corte el hilo que une todo esto? Al final, en todos los países impera lo que mande la economía. ¿Cómo puede contribuir el ciudadano? -Ha de hacer valer su condición de ciudadano del Estado. Los gobiernos también reaccionan a golpe de demanda del pueblo; las movilizaciones funcionan. El apoyo no puede ser sólo eco- La ONU ratificará la próxima semana la falta de avances en la lucha contra la pobreza. Para Agea, el problema no es sólo de los gobiernos, sino que parte de cada ciudadano TEXTO: ELENA D. DAPENA FOTO: VÍCTOR INCHAUSTI Silverio Agea advierte de que ayudar al Tercer Mundo conlleva una renuncia nómico. La sociedad postmoderna hace más complicado compartir el tiempo que el dinero, y podemos colaborar desde aquí con otra solidaridad: si la guerra se construye desde rencillas entre vecinos, construyamos la paz con buenas actitudes, con comprensión, igualdad, rechazo a la xenofobia... ¿Quiere decir que tratar bien a un vecino ayuda a conseguir los Objetivos del Milenio de la ONU? -Con la globalización, lo que ocurre en el último barrio de Madrid puede repercutir en Nicaragua. El ciudada- no contribuye creando un clima de paz, con un consumo responsable, con el comercio justo, acudiendo a bancos que cooperen con la desaparición de la injusticia. Pequeñas gotas de agua llenan el océano. No hace falta ir a Níger o donar millones para colaborar. -Pero el dinero sigue ocupando el lugar más importante. -Por supuesto. Todo esto no es óbice para seguir exigiendo a los políticos que cumplan sus compromisos. Y debemos tener claro que eso implica una renuncia: los gobiernos no hacen magia, si pedimos el 0 7 por ciento, nuestro país se quedará sin ese trozo de riqueza. Para que haya menos pobres tiene que haber menos ricos, pero no podemos descansar mientras una sola persona muera de hambre o no tenga acceso a la enseñanza. Exigir es de justicia, de ética, de sociedad madura y de persona. -Zapatero va a presentar su Alianza de Civilizaciones ante la Asamblea de la ONU, ¿servirá para algo? -Va en la línea del octavo Objetivo- -fomentar una asociación mundial para el desarrollo- y todo lo que sea unir fuerzas contra la pobreza es el camino correcto. Muchas veces se pierde dinero, incluso en las ONG, por no trabajar juntos, con coordinación. ¿Ha perjudicado económicamente el terrorismo internacional al cumplimiento de los Objetivos? -Es lógico que cuando un país sufre una de estas barbaries reaccione buscando protección. La seguridad es importantísima, pero hay que intentar que los recursos que se destinan a ella no vayan en detrimento de los aportados a la pobreza. En algunos casos parece que sí ha perjudicado- -se ha comentado el de EE. UU. -pero entiendo que se hace mucha demagogia con este tema. Claro que hay que soñar con un mundo sin ejércitos, pero para eso necesitamos otro sin guerra, para lo cual son indispensables los ejércitos.