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60 Los domingos DOMINGO 11 9 2005 ABC LIBROS PREPUBLICACION. En la introducción de su último libro, Rapsodia Española (Ed. La Esfera de los Libros) de la que ofrecemos un fragmento, Antonio Burgos justifica una obra que realmente cubre un vacío. Burgos realiza una antología poética según criterios populares y eso significa entrar a saco en los versos que han llegado durante generaciones al corazón, sin ninguneos académicos, sin prejuicios estéticos. Lo irónico es que, a menudo, esos poemas que alegraban las veladas más diversas estaban firmados por los autores más grandes. En la colección de Antonio Burgos se dan la mano Cernuda, Diego, Gabriel y Galán, Rafael de León, Duyos, los Quintero, los Machado... Paradero de los versos medio olvidados De Ese lector me está preguntando por El Piyayo de José Carlos de Luna que, como tantos otros versos populares, a pesar de haber quedado en la memoria de varias generaciones, es muy difícil encontrar en los libros sde hace muchos años vengo recibiendo regularmente cartas o mensajes de los lectores de mis artículos de periódico con una petición común, a modo de oficina de objetos perdidos: el paradero desconocido de unos versos. Cartas que son como botellas de náufragos, lanzadas al mar de la nostalgia y los sentimientos. Dicen, por ejemplo, esas cartas: Mi padre era muy aficionado a la literatura y como tenía tan buena memoria, se sabía muchas poesías, que recitaba cuando nos reuníamos en algún acontecimiento familiar. Recuerdo especialmente una que hablaba de un gitano, y que decía más o menos: Lo toman a broma pero a mí me da pena y me causa mucho respeto ¿Usted sabe cómo se llama esa poesía, quién la escribió y en qué libro podría encontrarla? ya que mi padre hace años que falta y me gustaría volver a leer esos versos que tanto me lo han recordado las pocas veces que he podido volver a oirlos Este lector me está preguntando por El Piyayo de José Carlos de Luna, que, como tantos otros versos populares, a pesar de haber quedado en la memoria de varias generacio- nes, es muy difícil encontrar en libro. suelen preguntarme otros por ritos y elegancias de razas viejas que gastan diez duros en vino y almejas; o por amantes que tiran su cariño al río al pasar por el puente; o por seminaristas de ojos negros; o por infantas de España en los toros; o por uno muy feo que se fue a la Legión; o por otro que pedía candela, o por una que tenía en las manos un par de agujeros por los que se iba a los baños el río de los dineros de su amante. Preguntan, en definitiva, por piezas únicas de un raro y desconocido tesoro, poco valorado, cuando no directamente despreciado por la crítica y los profesionales de la literatura: la poesía verdaderamente popular española. De esas cartas con tales peticiones de los lectores que buscaban su propia memoria me surgió la idea de la conveniencia de esta antología. Se trataba de recoger en un volúmen el cuerpo unitario y diverso de esos poemas inolvidables, cuya memoria no han podido borrar ni el tiempo ni las modas poéticas. Versos que han permanecido muchas veces como tesoros familiares de recuerdo de quel tío leja- DUDA Rafael de León (1908- 1982) ni enredarme en mardisiones ni apedreá con suspiros los vidrios de tus barcones. ¿Qué te has casao? ¡Buena suerte! ¡Vive sien años contenta y a la hora de la muerte... Dios no te lo tenga en cuenta! Que si ar pie de los artares mi nombre se te borró, por la gloria de mi mare que no te guardo rencó; porque, sin sé tu marío ni tu novio, ni tu amante, yo soy... quien más t ha querío... ¡Con eso tengo bastante! ¡Pamplinas, figurasiones que se inventan los chavales! Después, la vida se impone... ¡Tanto tienes, tanto vales! Por eso yo, al enterarme que llevas un mes casá, no dije que iba a matarte, sino que ma daba iguá. Más, como es rico tu dueño, te vendo esta profesía: Tu, cada noche, entre sueños, soñarás que me querías. Y recordarás la tarde que tu boca me besó y te llamarás cobarde como te lo llamo yo... Y verás, sueña que sueña, que me morí siendo chico y se llevó una sigüeña mi corazón en er pico. Pensarás: ¡No es sierto nada! ¡Yo sé que lo estoy soñando! Pero, allá, en la madrugada, te despertarás soñando porque el que no es tu marío, ni tu novio, ni tu amante, sino el más t ha querío... ¡Con eso tengo bastante! UNO, DOS Y TRES Manuel Benítez Carrasco (1922- 99) ¿Por qué tienes ojeras esta tarde? ¿Dónde estabas, amor, de madrugada, cuando busqué tu palidez cobarde en la nieve sin sol de la almohada? Tienes la línea de los labios fría, fría por algún beso mal pagado; beso que yo no sé quién te daría, pero que estoy seguro que te han dado. ¿Qué terciopelo negro te amorena el perfil de tus ojos de buen trigo? ¿Qué azul de vena o mapa te condena al látigo de miel de mi castigo? ¿Y por qué me causaste esta pena si sabes, ¡ay amor! que soy tu amigo? PROFECÍA Rafael de León y Antonio Quintero (1985- 1977) Me lo contaron ayé las lenguas de doble filo, que te casaste hase un mé... y me quedé tan tranquilo. Otro cuarquiera, en mi caso, se hubiera echao a llorá... Yo, crusándome de braso, dije que me daba iguá. nada de pegarme un tiro Uno, dos y tres; tres banderilleros en el redondel. Sin las banderillas tres banderilleros; sólo tres monteras tras los burladeros. Uno, dos y tres... luego tres capotes en el redondel. Puntos cardinales de una geografía de sol y de sangre.