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ABC DOMINGO 11 9 2005 Los domingos 59 La Esfera de Fritz Koenig. Se convirtió en homenaje a las víctimas del 11- S al coincidir su colocación con la tragedia. Flor de hierro de Yolanda D Augsburg y Llegada de John Beham llos que han servido a los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y por los cuales Dag Hammarskjöld dio su vida Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Washington y Nueva York se reforzaron las medidas de seguridad en torno al Parlamento del Hombre, el palacio de vidrio levantado a orillas del East River, porque aparecía como posible objetivo terrorista. El jardín que atesora parte de la colección de arte contribuye a hacer de la sede central de la ONU una suerte de museo de la utopía, uno de los más bellos y desconocidos parques de Manhattan, permanece cerrado al público. El último indicio de que no corren buenos tiempos para la esperanza es la verja que se ha levantado en la fachada que mira hacia la Primera Avenida ante los 191 mástiles de las banderas de prácticamente yodos los países de la Tierra, y a falta de que la ONU y España cumplan sus compromisos y el Sáhara Occidental pueda decidir- -a pesar de todas las pataletas de Marruecos- -si quiere ver su bandera izada en Nueva York, ante el edificio diseñado por un comité internacional de diez arquitectos encabezado por el estadounidense Wallace Harrison y donde el brasileño Oscar Niemeyer fue capaz de traducir eficazmente las ideas del francés Le Corbusier bajo la caución expresada por el chino Ssu- ch eng Liang: Este conjunto de edificios debería ser internacional en su carácter, no servir a las características de un solo país, sino de todo el mundo Aunque seriamente necesitado de reparaciones, sigue siendo uno de los edificios más hermo- de altos mandatarios que ha conocido nunca la organización y la ciudad, aunque las posibilidades de que la reforma cuaje y los objetivo del milenio se cumplan se hacen cada día más dudosas. El 19 de agosto de 2003, cuando las tropas de la minicoalición encabezada por Washington habían aparentemente completado todos su objetivos militares en Irak, algo se quebró para siempre cuando una bomba hizo saltar por los aires el cuartel general de las Naciones Unidas en Bagdad, y con ella al representante especial del secretario general, Sergio Vieira de Mello, su mejor baza y a 21 empleados de la mayor organización multilateral del planeta, creada sobre la cenizas de la II Guerra Mundial y su corona de espantos para evitar que el flagelo de la guerra volviera a abatirse sobre la humanidad. La bandera de la ONU que ondeaba en la capital iraquí se exhibe ahora frente al cuarto de meditación y a orillas del vitral que Chagall concibió como homenaje al secretario muerto en África. De su puño y letra, el artista rusofrancés escribió: A todos aque- sos de la ciudad que si se ha convertido en la capital del mundo es en buena medida gracias a que acoge a las Naciones Unidas, y a pesar de que a los más recalcitrantes miembros del Congreso de Estados Unidos les gustaría ver a la torre de cristal y todo lo que contiene en el fondo del mar. La obra que más a menudo y acaso mejor ha servido para escenificar los horrores de la guerra sea el Guernica de Pablo Picasso. El tapiz tejido con permiso del artista que colgaba en la mansión del gobernador Nelson Rockefeller fue cedido a la ONU y hace años que cuelga de forma destacada a la entrada del Consejo de Seguridad. En las enconadas discusiones que precedieron a la invasión de Irak, a alguien se le ocurrió que resultaba demasiado hiriente su gráfica evocación cuando las cámaras recogían las declaraciones de embajadores y ministros, por lo que se tomó la profiláctica medida de taparlo. La prensa puso el grito en el cielo y el tapiz volvió a la luz. Regalos y donaciones En el prólogo a A world of art. The United Nations collection el catálogo escrito por Edward B. Marks que analiza y explica la colección de arte de la ONU, Brian Urquhart, vicesecretario general en tiempos de Hammarskjöld, dice que la cuestión del simbolismo puede resultar problemática y que las obras cuyo mensaje resulta demasiado obvio tienden a envejecer antes. Urquhart hace hincapié en que las Naciones Unidas no son un museo. La mayor parte de las piezas han sido donadas por los Estados y sólo en ocasiones especiales encargadas o adquiridas, como es el caso del vitral de Chagall, el tapiz de Picasso, la figura reclinada de Henry Moore y su campana de la paz, obra de Chiyogi Nakagawa, con cuyo tañido abre cada septiembre el secretario general las sesiones de la Asamblea General, o una de las obras que mejor ha resistido el paso del tiempo y que Hammarskjöld encargó antes de morir a una de sus escultoras preferidas: Forma singular de la británica Barbara Hepworth, instalada en el centro de la gran plaza que se abre ante el edificio del secretariado, cariñosamente llamada por veteranos diplomáticos y funcionarios como Moby Dick Piezas como Déjanos convertir las espadas en arados de Evgeny Vuchetich, contra la corriente del East River y el cielo de Queens, donada por la extinta Unión Soviética, es un ejemplo máximo de arte político, de la estrategia del realismo socialista para transmitir mensajes a las masas, ideal como banderola de los congresos de escritores y artistas a favor de la paz patrocinados por la internacional de turno mientras bajo los palacios del pueblo el gulag seguía su curso. Pero acaso la pieza más paradójica de todas, la que domina el maravilloso jardín norte del campus de la ONU, es una figura ecuestre en lo alto de un altísimo plinto de piedra. Titulada simplemente Paz es obra del yugoslavo M. Anton Augustincic, regalo de Yugoslavia en 1954. Lástima que Yugoslavia estallara en mil pedazos y en una de sus partes, Bosnia, se cometiera el penúltimo genocidio del siglo XX ante la parálisis de la organización creada para evitar que el flagelo de la guerra... etcétera. La melancolía del parque cerrado a los neoyorquinos y visitantes de medio mundo que siguen desfilando por los pasillos de la ONU, de esa figura ecuestre que cabalga sola en medio de la tarde, acaso simbolice el estado en que se encuentran las Naciones Unidas, Esta ONUtopía que trata de adecuarse a un siglo nuevo que ha empezado viejo, que ha empezado mal.