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58 Los domingos DOMINGO 11 9 2005 ABC UNA COLECCION TESTIGO DE LA HISTORIA ONU, arte para la utopía La sede central de la ONU en Nueva York, que acoge a partir del miércoles una cumbre extraordinaria en vísperas de su 60 aniversario, atesora una colección de arte que simboliza el idealismo bajo el que se creó una institución que vive momentos críticos Texto: ALFONSO ARMADA Fotos: CORINA ARRANZ N unca calcules la envergadura de una montaña hasta que hayas llegado a su cima. Entonces podrás comprobar cuán pequeña era Dag Hammarskjöld, el más misterioso, solitario, espiritual, creativo y acaso mejor secretario general de la historia de las Naciones Unidas, que falleció en un accidente aéreo en 1961 cuando trataba de mediar en la guerra que desgarró el antiguo Congo Belga al inicio de su independencia, escribía aforismos y poemas. Uno de los ámbitos más secretos y luminosos de Nueva York es su cuarto de la meditación, apenas visitado. Situado a la izquierda de la espléndida antesala de la Asamblea General, junto al vitral que Marc Chagall creó en homenaje al propio Hammarskjöld, The Meditation Room fue diseñado por el diplomático sueco en 1957: rectangular, con once bancos de anea sin respaldo frente a un bloque de mineral de hierro, macizo, un potentísimo altar vacío, y una composición cubista obra del artista sueco Bo Beskow (Braque declinó la encomienda) donde predominan el azul y el amarillo que evocan un panorama náutico. Una línea de luz mima el perímetro del techo y ribetea el mural. Hammarskjöld explica en su libro Vagmärken que la habitación está consagrada al silencio en un lugar donde tantas palabras se pronuncian al servicio de la paz, un espacio de quietud donde sólo los pensamientos deberían hablar El altar está vacío no porque constate la ausencia de todo dios, sino porque está dedicado a todos los que bajo nombres diversos rinden culto los hombres, mientras que el bloque de hierro, un mineral que sirve tanto para tanques como arados, espadas como casas, plantea la necesidad de elegir entre la construcción y la destrucción Espiritualidad y silencio Basta sumergirse en su silencio durante unos minutos para que los ojos se habitúen y empiece a descubrirse la profunda luminosidad de uno de los lugares más cargados de espiritualidad de todo Nueva York y donde no suele verse nunca al actual secretario general, Kofi Annan, baqueteado por los estragos causados por la inva- sión de Irak (y el empeño de Bush, Blair y Aznar de ir a la guerra contra la opinión de la mayoría del Consejo de Seguridad) y por el escándalo del programa Petróleo por Alimentos, instituido por la ONU para paliar los penurias que las sanciones dictadas por el Consejo tras la primera guerra del Golfo contra el régimen de Bagdad causaban en la población civil, y que acabó beneficiando a manos llenas al dictador. Annan, pato cojo (como describen gráficamente en Estados Unidos a los políticos heridos por el rayo) está preso de sus propios errores de cálculo y del calculado desdén de la única hiperpotencia (que además es, con el 22 por ciento a las arcas y el 27 por ciento a las misiones de paz, el mayor contribuyent) por unas Naciones Unidas que los halcones de Washington dicen que lastra su calcañar imperial. Muy lejanos están los tiempos de Harry Truman, que mostró su fe en los beneficios que para la seguridad estadounidense y de todo el mundo habría de representar una organización que acogiera al mayor número de países de la Tierra: Todos tenemos que re- Figura reclinada de Henry Moore, en el Jardín Japonés. Hombre levantándose de Fritz Cremer. Y Dejadnos convertir las espadas en arados puro espíritu soviético, de Evgeny Vuchetich conocer- -no importa cómo de grande sea nuestro poder- -que debemos negarnos a nosotros mismos la licencia de hacer siempre lo que nos plazca Los objetivos de Annan Annan está empeñado en que los líderes del mundo hagan honor a lo prometido en el año 2000 de reducir a la mitad para el año 2015 la pobreza en la Tierra, y en la reforma más profunda de la historia de una organización que este otoño cumple sesenta años y cuyo Consejo de Seguridad sigue reflejando el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial, con los cinco miembros permanentes (Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido y Rusia) aferrados a su nada democrático derecho de veto. Más de 170 jefes de Estado y de Gobierno se verán las caras a partir del próximo miércoles a Nueva York en la mayor concentración