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ABC DOMINGO 11 9 2005 27 Más de un centenar de insurgentes muertos en una operación en Irak contra un bastión rebelde El primer ministro japonés, Koizumi, claro favorito en las elecciones de hoy La ley y el orden están llegando a Nueva Orleáns con casi dos semanas de retraso. Las autoridades han improvisado una prisión en la que fuera la estación de autobuses La pequeña Guantánamo TEXTO: MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL AFP Protesta contra Bush ante la Casa Blanca REUTERS NUEVA ORLEÁNS. Se llama la Nueva Angola, en recuerdo de la prisión de Nueva Orleáns anegada por las aguas hace casi dos semanas, pero se parece más a las primeras imágenes de Guantánamo que indignaron al mundo. Jaulas de alambre y prisioneros sucios tirados en el suelo, en un triste catre o una letrina. Las celdas están instaladas en lo que fueron los andenes de la estación de autobuses de Nueva Orleáns, y aunque el jefe de esta improvisada prisión está muy orgullosa de ella, no pasará a la historia como una cárcel modelo. Eso sí, en el interior de la estación que la Policía rescató de los saqueos, un tren de Antrak provee de electricidad a los generadores que hacen funcionar el aire acondicionado y las terminales de ordenador, todo impecablemente limpio y desinfectado. En la tienda de recuerdos, dos colchones en el suelo para los encargados del departamento de Seguridad Doméstica. La oficina del sherif está instalada en lo que fuese el módulo de información. Estamos recuperando Nueva Orleáns se puede leer escrito a mano en un pedazo de cartón colgado en la puerta principal. Un día detuvimos a una mujer que no quería volver al (estadio) Superdome porque a su hija de trece años la habían violado por segunda noche consecutiva explica Burl Cain, jefe de la nueva prisión. Entendimos que la primera piedra para reconstruir la sociedad tenía que ser una cárcel. Es lo primero que hicieron los colonos. Estados Unidos no se empezó a formar de verdad hasta que se fundó la primera prisión de Auburen en Fila- delfia. Teníamos que restablecer la ley y el orden Para los prisioneros, la Nueva Angola es una escala más en su peregrinaje por las más infames prisiones que haya visto el país en mucho tiempo. Se supone que no permanecerían más de veinticuatro horas hasta que les trasladaran a una prisión de verdad, pero las ocho mujeres que se encontraban allí ayer ya habían pasado cinco días en una celda del correccional de Jefferson, uno de los barrios inundados. Nos dieron comida en mal estado, todo el mundo se puso enfermo cuenta Darlene Jacob desde el otro lado de la alambrada. En el saqueo de una farmacia La detuvieron cuando salía de una farmacia saqueada. El material incautado, revela después el expediente policial, era metadona, oxycontín y medicinas para el asma. El guardián de la prisión lo muestra triunfante. ¡Ves! Esto no te lo había contado, ¿verdad? La verdad te hará libre dice parafraseando la Biblia. ¡Amén! le contesta Lynette, una detective. La prisionera seguramente era drogadicta en busca de algo con lo que paliar el mono. Otra de las mujeres detenidas en esta farmacia supermercado asegura haber ido a por pañales para su hijo. Su ficha policial no especifica cuál es la mercancía que se le confiscó, tan sólo la valora en 1.000 dólares. Muchos de estos pobres diablos serán los chivos expiatorios de una situación que se fue de las manos hasta generar imágenes que han dejado en ridículo a EE. UU. en el mundo. La ley y el orden llegan con casi dos semanas de retraso.