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22 Nacional DOMINGO 11 9 2005 ABC David contra Goliat. El corresponsal de ABC comprueba cómo a pesar de los numerosos intentos para saltar la valla de Melilla, cada vez son menores las posibilidades de éxito. Sin embargo, los inmigrantes no cesarán en su empeño La valla de los sueños rotos TEXTO Y FOTO: LUIS DE VEGA NADOR (MARRUECOS) Son las ocho y cuarto de la tarde del viernes. Una luna rácana y las copas de los árboles besándose mantienen a oscuras el pinar de Rostrogordo, pegado a la verja que separa Marruecos de Melilla, donde son las diez y cuarto de la noche. Ya pueden subir la valla hasta los diez metros... Seguiremos intentándolo dice un subsahariano en referencia a los planes del Gobierno español de aumentar la seguridad. Una decena de jóvenes de Mali se prepara para un nuevo asalto a España. Pero detrás de ese discurso amenazador hay un grupo de chavales agotados, algunos heridos y con no demasiada experiencia en, como ellos dicen, atacar la valla El viaje desde el África negra, las redadas de las Fuerzas de Seguridad marroquíes, la supervivencia en el bosque y las tentativas anteriores para pasar a la Ciudad Autónoma hacen de ellos una panda de maquis desesperados. Pero han llegado hasta las puertas de Europa y casi ninguno está dispuesto a arrojar la toalla en el último asalto. Intentan olvidarse de que cuentan con escasas posibilidades de éxito, cogen cuatro escaleras hechas de ramas de eucaliptos y harapos y avanzan en la oscuridad. Sólo el pisar sobre las hojas secas rompe el silencio más absoluto. Tras cuarenta y cinco minutos de vereda las pupilas empiezan a encenderse con las luces que iluminan el perímetro fronterizo. Cuerpo a tierra. Susurros. De fondo, la banda sonora del viernes noche en Melilla. Equipos de música a reventar de decibelios y tubos de escape de coches tuneados Pero a los oídos de los malienses llega también la música de las motos y los todoterreno de la Guardia Civil, que van y vienen cada pocos minutos. Son auténticos latigazos para el tímpano que hacen que algunos piensen en dar marcha atrás. Dos de ellos avanzan hacia la valla a cuatro patas. Otean la posición de la Benemérita y, tras deliberar en grupo, deciden esperar. Mientras tanto, reparan el primer peldaño de una de las escaleras y los primeros que van a subir se ajustan a las muñecas los guantes de obrero con los que intentarán herirse lo menos posible con las alambradas. Son las 22.30- -ya madrugada en España- -cuando se lanzan hacia adelante. Nadie habla en esos últimos metros. Los nervios y la tensión del momento les impiden correr. Es un asalto silencioso. Apoyan las escaleras sobre la primera de las vallas. Apenas habían coronado los primeros escalones cuando el ruido de una de las motos de la Guardia Civil les manda para abajo. No hay reproches entre los malienses, pero la avanzadilla no estuvo acertada al pensar que no había vigilancia. Los pinares de Rostrogordo son la par- Un grupo de malienses se prepara, con escaleras artesanales, para atacar la valla de Melilla te del perímetro fronterizo más alejada del casco urbano de Melilla y por allí la valla todavía no ha sido elevada de tres a seis metros. Pero los subsaharianos comprueban que las patrullas de la Benemérita, con muchos más medios, andan bastante más espabiladas que las marroquíes, que no se enteran de nada hasta que no son avisados desde el lado español. Tras la moto llegan dos vehículos que no deben estar a Los emigrantes subsaharianos mantienen a diario, pese a los constantes fracasos, la presión sobre la frontera de Melilla, la puerta de Europa más de trescientos metros de donde se produce el asalto, que es abortado sin que los guardias se despeinen. El grupo de nueve malienses se retira al interior del bosque y decide esperar otras tres o cuatro horas para volver a atacar la valla por un punto no muy lejano al anterior. En la intentona sólo hay un herido leve por un corte en uno de los brazos y las ganas de llegar al paraíso español siguen todavía intactas. Deportación sistemática a Argelia L. V. NADOR. El precio que han de pagar los malienses detenidos en la madrugada del sábado tras errar en su intento de saltar la valla de Melilla es el de la expulsión del Reino alauí. A estas horas, si todos los trámites han transcurrido de manera normal, ya habrán sido depositados al otro lado de la frontera marroquí, en territorio argelino, a unos 150 kilómetros de la Final de la aventura Todos se mantienen agazapados cuando dos de ellos dan entre susurros la voz de alarma. Han sido descubiertos por los mehanis (Fuerzas Auxiliares) marroquíes, que llegan linterna en mano y apuntando con escopetas de aspecto prehistórico. Paralizados por el miedo casi todos los emigrantes clandestinos son capturados entre gritos. Sólo tres logran escapar a pesar del tiro de advertencia que realizan los guardias con munición de fogueo. Los agentes marroquíes atan unos a otros por las manos para evitar que huyan durante su traslado al cuartelillo que tienen las Fuerzas Auxiliares en la valla, a unos seiscientos metros de distancia de allí. Es el último paso antes de ser deportados a Argelia por la frontera de Uxda, pero, como ellos mismos reconocen, ya piensan en volver. Ciudad Autónoma. Así lo reconoció a ABC el capitán Jamal, de las Fuerzas Auxiliares, un hombre que ha aprendido español en el Cervantes y que reconoce mejorar cada día escuchando a Manu Chao. La gran mayoría de los subsaharianos que entran de manera clandestina en Marruecos lo hace por la ciudad de Uxda, junto a la frontera argelina, por eso las autoridades de Rabat los de- vuelven allí sin preguntarles casi nunca por dónde llegaron. Algunos de los jóvenes malienses que acaban de ser deportados ya han probado en carne propia ese traslado y saben que será cuestión de días y de pateo a través de las montañas el regresar a los bosques que rodean la valla de Melilla. Se calcula que en lo que va de 2005 ha habido unos 11.000 intentos de saltar esa verja.