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ABC DOMINGO 11 9 2005 Nacional II CONFERENCIA DE PRESIDENTES 15 La mañana languideció en el Senado mientras los 600 periodistas acreditados mataban el tiempo alternando en el bar, sesteando en los sofás o charlando en corrillos. El protocolo de Moncloa falló de nuevo: los Reyes tuvieron que esperar dos horas a los presidentes para almorzar Muchas alforjas para tan poco viaje TEXTO: M. A. BARROSO CH. BARROSO A. DE ANTONIO MADRID. ¡Enhorabuena, la has encontrado! le gritan los fotógrafos a un ujier que porta una enseña nacional escaleras arriba, pasillo adelante, pasillo atrás, escaleras abajo... El caso de la bandera desaparecida -el Gobierno olvidó ponerla en los paneles de la conferencia, aunque lo arregló después- -es muy comentado en los corrillos de la prensa. Algún periodista muestra como trofeo una acreditación obtenida el viernes, tras el Consejo de Ministros, donde la rojigualda brilla por su ausencia. Corrillos por un tubo, porque hay efectivos de sobra: 600 periodistas acreditados, más jefes de prensa y miembros de los diecinueve séquitos autonómicos, personal del Senado... Y, sobre todo, porque sobra tiempo, mucho tiempo, lo que hace pensar a más de uno en mil formas de invertirlo mejor en esta mañana luminosa de sábado en Madrid. La esperanza está impresa en el programa: a las 14: 30, almuerzo con los Reyes en el Palacio Real. La reunión tiene un límite. No pueden hacer esperar a los Reyes... Sí que pueden. Pero aún es media mañana y los chicos de la prensa se dedican a saludarse y resaludarse, a alternar en el bar, a correr por los pasillos cada vez que un portavoz sale con un papel con las cuentas de la lechera... Algunos ya han tomado posiciones frente a las salas donde hablarán los presidentes. En la planta primera, más tranquila, uno se tumba en un sofá a sestear. Los vigilantes no le regañan, pero sí persiguen a quien enciende un pitillo en zonas prohibidas. En esa planta está la espaciosa y bien acondicionada Sala Europa, donde ofrecerá su rueda de prensa Pasqual Maragall, presidente de la Generalitat de Cataluña, y una minúscula solución habitacional donde intervendrá Juan José Imbroda, presidente de Melilla. El bar sufre un asalto hacia las tres porque, más que hambre, hay necesidad. A las 15: 45 tocan zafarrancho: Zapatero va a contar su versión. Mucho más tarde de lo previsto teniendo en cuenta lo pronto que empezó todo. Nueve de la mañana, casi ni han puesto las calles. El presidente del Gobierno llega el primero. Después, los ministros Sevilla y Solbes. Ibarra es el primer presidente autonómico en aparecer. Esperanza, la que da más cancha a los reporteros gráficos. Camps, el que menos; llega el penúltimo y tiene prisa. El farolillo rojo es Maragall. En la foto de familia no se permiten disparos hasta que todos estén perfectamente colocados. Cuatro de la tarde. Un satisfecho Zapatero acaba su monólogo. No hay preguntas, sale a toda mecha en medio del pasmo general. Los presidentes del PP, bastante cabreados, dan una rueda de prensa conjunta (después lo harán por separado) Los del PSOE ya están en ello. El Senado se convierte en un correcalles. En el frenético ir y venir hay quien descubre la bandera desaparecida en la puerta de unos lavabos. Pero la recta final es como un castillo de fuegos artificiales que uno espera durante horas y se quema en minutos. El almuerzo con los Reyes empieza con dos horas de retraso.