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6 Opinión DOMINGO 11 9 2005 ABC AD LIBITUM PROVERBIOS MORALES LAS COSTOSAS TRANSFERENCIAS RECEDIDA de un enmendado error de papelería que suprimió la bandera de España del frontis del Senado, se celebró ayer en tan solemne lugar la segunda Conferencia de Presidentes, uno de esos inventos de José Luis Rodríguez Zapatero que, al modo de los del profesor Franz de Copenhague en el TBO, resultan tan entretenidos como inútiles. Aún siendo mejor hablar y verse que permanecer distantes y en silencio, conviene que las palabras tengan sustancia y contenido. Es difícil que así sea si a una reunión entre el presidente del Gobierno, los diecisiete de las comunidades y los dos de las ciudades autónomas no se acude con programa, documenM. MARTÍN tación previa y proyecFERRAND tos ya estudiados por todos. Más todavía cuando de lo que se trata es de tapar los agujeros originados, precisamente, por los asistentes a la reunión. Si partimos de la base de que, por ejemplo, el nuevo Estatut, el asunto que polariza la actividad política catalana, sólo es importante para el 12 por ciento de los encuestados para La Vanguardia- -únicamente el 0,4 se mostraba interesado por él- cabe preguntarse qué sentido tienen estos juegos malabares que, de estatutos a transferencias, organizan un constante baile de millones- -nuestros millones- -ante el que los ciudadanos no muestran interés y que, por contra, centra la obsesión operativa de una política que, especialmente cuando es nacionalista, se despega de la realidad cívica y social de España. No nos engañemos con sus aspectos de grandeza. La Conferencia de Presidentes, tan rimbombante, no tiene más enjundia que ponerle medias suelas a los agujeros que le han salido a los zapatos del gasto sanitario. Los presidentes reunidos, unos más y otros menos, han gastado más de lo que les autorizaba el capítulo presupuestario. Mientras por obrar así no se incurra en responsabilidad alguna, incluso con afección a sus patrimonios personales, todas las cuentas públicas, no sólo las de la Sanidad, serán deficitarias y estarán hechas sobre el agua con un lápiz de humo. El Título VIII de la Constitución, al que tantas disfunciones debemos ya, no debió servir para descentralizar lo que, desde el sentido común, conviene que esté centralizado, y la Sanidad es el mejor ejemplo de ello. El paciente, de Tarrasa o de Betanzos, de Alcoy o de Motril, lo que demanda es una correcta atención médica- -que ya tenía- -y le importa poco que los gastos que ésta genere se administren en Madrid o en Cataluña, Galicia, Valencia o Andalucía. Los demás, el conjunto de la sociedad, aspiran a que esas prestaciones se hagan con criterios de igualdad y ajustadas al Presupuesto. Sin más. Lo peor es que, de tanto jugar con el sistema- -el mejor sistema sanitario de Europa- -éste salga deteriorado porque, ¿podemos aspirar a tener los diecisiete mejores sistemas sanitarios del continente? DESDICHA P E S curiosa- -aunque no casual ni espontánea- -la acumulación, a lo largo de los últimos meses, de tentativas de recuperar figuras y símbolos de la cultura juvenil de los años setenta y ochenta. En cierto sentido, este revival denota la esterilidad de una izquierda envejecida, que sólo sabe alimentarse de nostalgia. El caso de Mick Jagger constituye un síntoma muy revelador, pero no el único. Su equivalente en España, el rescate de Eduardo Haro Ibars, me tiene bastante perplejo, porque Haro Ibars nunca representó otra cosa que la empecinada voluntad de negarlo todo. No fue un revolucionario ni un pasota. Fue un tipo bastante desdichado que se pasó la vida esparciendo desdicha a su alrededor. Escribió mucho y, como sucede con todos los grafómanos, hay en sus escritos algunos destellos ocasionales, pero ninguno de ellos alcanzó la condición de poesía, que es, como bien la definió Auden, memorable speech: discurso memorable. Jagger es un mal poeta, por supuesto, pero algunas de sus canciones se recuerdan y serán recordadas por muJON cho tiempo y que nadie vea en esto un eloJUARISTI gio. Haro Ibars escribía para el olvido, con absoluta deliberación. Odiaba la forma, porque odiaba la vida y odiaba el mundo, que es un modo algo retorcido de decir que se odiaba a sí mismo. Tuvo, sin embargo, amigos, y algunos han sido extraordinariamente fieles a su memoria. Jaime Urrutia, por ejemplo, cuyo último disco- -El muchacho eléctrico- -rinde homenaje en su título a la improbable literatura de Haro Ibars. La única vez que conversé con éste me habló de la teoría de otro Eduardo- -el italiano Sanguinetti- -sobre la imposibilidad de las vanguardias. En todo acto creativo coexiste el momento heroico (el desafío a las convenciones impuestas) con el momento cínico (la sumisión al mercado) Es fácil adivinar lo que habría opinado Haro Ibars de su incorporación póstuma a la cultura, que, por lo menos entonces, identificaba estrictamente con la sociedad. Hay que reconocer que hizo todo lo que pudo, y más, para no ser devorado por aquélla; es decir, por el orden. Pero mué- rete y verás. Incluso los más insobornables buscadores de la disolución terminan siendo capturados por el museo. En Eduardo Haro Ibars: los pasos del caído (Anagrama) J. Benito Fernández ha construido una asombrosa biografía, pero que no por asombrosa deja de ser biografía y, por tanto, interpretación discutible de vidas ajenas. Lo más flojo del libro es su pretensión de explicar al personaje como producto de una sociedad y de una historia y como exponente de una cierta forma de compromiso. Tal planteamiento conduce a una conclusión ya cantada: Haro Ibars habría sido una víctima. De una determinada sociedad (capitalista, lógicamente) y de una determinada historia (el franquismo) Su patética persecución de la nada, su autodestrucción, el terrible fracaso de su vida entera aparece entonces como inevitable consecuencia del choque del Rebelde con el Poder. Lo malo no es que sea falso. Lo peor es que es injusto con Haro Ibars. Y no porque puedan aducirse otras claves para explicar su destino (algunas, más o menos psicoanalíticas, también se apuntan en el ensayo de J. Benito Fernández) sino porque escamotea lo fundamental: la responsabilidad del propio Eduardo Haro Ibars en su proyecto existencial o, mejor dicho, en su falta de proyecto. Pero esto es, precisamente, lo que el progresismo como forma crepuscular de la cultura de izquierdas impide plantear, porque atribuye a toda desdicha una causa social definible. El desdichado siempre debe ser víctima de un orden perverso, ésta es la norma. En los setenta, la izquierda sostenía que el orden burgués era también orden del discurso. Hoy, el progresismo se identifica con otro orden discursivo que excluye la desdicha sin causa. Por eso creo que este libro amargo y asombroso es necesario. Porque la insoportable gratuidad de la desdicha de Haro Ibars se impone a los designios de su biógrafo y acaba reduciendo al ridículo el orden edificante del discurso progresista. Con todo su horror, hay en la tragedia de aquellos pobres muchachos eléctricos que confundieron el heroísmo con la heroína una desmesura irreducible a esquemas consoladores, pues deriva del misterio de la iniquidad: algo que la izquierda optimista nunca podrá entender. PALABRAS CRUZADAS ¿Tiene Angela Merkel estatura de canciller? LES SEPARABAN 16 PUNTOS, HOY 8 UÉ papel tendrá el Estado? ¿Hasta dónde avanzar en la construcción de Europa? ¿Cómo combatir al terror? ¿Volver a una relación estrecha con Estados Unidos sin ser estado satélite? El voto indeciso supera el 35 por ciento, lo que lastra a Merkel. Si la democracia cristiana no logra una victoria holgada, aparecerá en el horizonte la gran coalición. SPD y CDU se anularán uno a otro y habrá que ir a nuevas elecciones. El Estado y la guerra siguen siendo cuestiones claves. Nosotros, dice Schröder, defendemos un Estado que respalde a cada ciudadano cogido por la adversidad: ustedes defienden un estado mínimo, incapaz. El Katrina ha reforDARÍO zado a Schröder, como le reforzó Irak. TeVALCÁRCEL nemos cinco millones de parados, responde Merkel: reduciré el seguro de desempleo del 6.5 al 4.5 por cien de los salarios y subiré el IVA dos puntos. Las medidas de promoción de empleo habían arrancado, sin embargo, con Schröder. Paul Kirchhof, gurú económico de Merkel, no ha sido bien recibido. Schröder, contra las cuerdas, ha conservado la tranquilidad. En los últimos años la República Federal ha conseguido integrar a la Alemania del Este, ha encajado las deslocalizaciones y la competencia de China. Aun así, seguimos siendo primer exportador mundial, recuerda Schröder. Les separaban 16 puntos, hoy 8. BASTANTE MÁS QUE SCHRÖDER ¿Q E STA vez ni las inundaciones han sido una ayuda suficiente. Hace cuatro años, un Schröder noqueado consiguió revivir gracias al golpe de suerte que para él fueron unas aguas que devastaron medio país. Y gracias a un antiamericanismo circunstancial que le llevó a hacer campaña de la no cooperación del Ejército alemán en unas misiones fuera de sus fronteras para las que nadie contaba con ellos. Los alemanes votaron bajo la influencia de dos hechos que no eran las cuestiones de fondo tras cuatro años de gobierno socialista. Y, a los pocos meses de devolver a Schröder a la cancillería, su impopularidad batía todas las marcas RAMÓN conocidas. Y así seguimos. La campaña PÉREZ- MAURA de los socialdemócratas está siendo buena: consiguen que no se debata su desastrosa gestión sino que se descalifique al gurú económico de Merkel, Paul Kirchhof por lo que pueda hacer. Es una obra maestra: Como no podemos defendernos, ataquemos. Nosotros seremos malos, pero vosotros seréis peores La ventaja de Angela Merkel todavía parece amplia, pero la tendencia es a la baja. Con una semana por delante es una situación arriesgada: Merkel tiene estatura de canciller y actúa como un estadista. Schröder tiene talla de chamarilero, de los que intentan robarte la cartera. Podría conseguirlo. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate