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ABC DOMINGO 11 9 2005 Opinión 5 CARTA DEL DIRECTOR IGNACIO CAMACHO LA DIAGONAL La ofensiva sobre Endesa, pilotada por la gran caja catalana, ha sido entendida de manera casi unánime como una segunda oleada de esta estrategia destinada a volcar sobre Barcelona la primacía estructural de los grandes parámetros de la economía española A más perniciosa consecuencia de la irresponsable deriva emprendida por el Gobierno en la cuestión territorial ha sido el palmario rebrote de la desconfianza ciudadana en el equilibrio del Estado. Hasta que Zapatero comenzó a permitir a Maragall la reapertura del debate de los privilegios zanjado en la Constitución y los Estatutos de ella derivados, los españoles venían aceptando con relativa tranquilidad que la habitual voracidad de los nacionalismos periféricos estaba razonablemente contenida en los moldes de un mecanismo de solidaridad nacional. Pero en cuanto el fantasma federal ha asomado el pico de la sábana bajo la reclamación estatutaria catalana- -por no hablar del tirón secesionista de Ibarretxe- los demonios de la insolidaridad han empezado a golpear la tapa de la caja en que durante un cuarto de siglo los había encerrado el pacto constitucional. Suele darse en estos casos un mecanismo de acción- reacción que, si se deja al albur de los acontecimientos, acaba inoculando en la médula de la conciencia cívica un virus de enfrentamiento y desconfianza. Conviene decir, a tal respecto, que ese inquietante clima de suspicacia y zozobra lo han resucitado quienes sin recato aprovechan el plan Antoni Brufau y Manuel Pizarro, en una imagen de archivo rupturista de Zapatero para proclamar sin vocación de liderazgo que la burguesía catalana ha ambages su voluntad de exclusión y alejamiento del construido en torno a La Caixa, lanzada en los últiproyecto común en que nos hemos embarcado en los mos tiempos a un acelerón hegemónico sin tapujos en últimos veinticinco años. A partir de esa manifiesta el mapa industrial y financiero. Pero menos aún es tensión centrífuga, resulta difícil pensar que el resto disimulable la comodidad con que esta vocación está del país pueda contemplar de manera sosegada la catomando cuerpo desde que el lobby catalán logró da vez más evidente trayectoria de quiebra del equilisituar al inteligente y eficaz José Montilla al frente brio establecido en el mapa autonómico de España. del Ministerio de Industria, en paralelo a la influencia que el proyecto de revisión estatutaria de Maragall En condiciones normales, digamos como las que gobercobraba en el debate angular de la política española. naban la escena pública antes de que el presidente del El relevo de Alfonso Cortina por Antoni Brufau al Gobierno emprendiese su plan neoconstituyente, un frente de Repsol representó en este sentido un primer episodio como el de la opa hostil de Gas Natural sobre gambito de apertura en el que la partida de ajedrez Endesa no habría pasado de la condición de terremopor el control de la influencia económica comenzó a to económico con serios problemas para encajar en el decantarse del lado del nuevo statu quo propiciado marco de la libre competencia, o de una de esas batacon el visto bueno del Gobierno socialista. La Caixa llas por el control de las grandes corporaciones que de tomaba posiciones directas en un movimiento de vez en cuando sacuden la atmósfera de los despachos avance sobre la nomenclatura diseñada por Rodrigo de la City madrileña, trasladados en los últimos tiemRato- -que, por cierto, está que brama en privado despos a refulgentes edificios de las afueras de la capital. de su lujoso despacho del FMI en Washington DC- -en En las actuales circunstancias, sin embargo, es práctilas grandes empresas privatizadas por el Gobierno de camente imposible aislar el análisis de esta ofensiva Aznar. La ofensiva sobre Endesa, pilotada por la gran financiera de las condiciones políticas en que se viecaja catalana a través de Gas Natural, ha sido entendine planteando la estructura del poder en España. da de manera casi unánime como una segunda oleada Y ello no sólo porque, desde los tiempos de Duran de esta estrategia destinada a volcar sobre Barcelona Farrell, y desde luego desde los de Jordi Pujol, el esla primacía estructural de los grandes parámetros de tablishment catalán haya pujado con fuerza por el la economía española. control del sector energético nacional como soporte de su primacía industrial y económica. Sino, sobre Tan peligroso o más que este desplazamiento de ejes todo, porque por primera vez en mucho tiempo, con es el fenómeno que subyace a movimientos como el de mucha más fuerza que cuando González y Aznar se la opa sobre la eléctrica líder, y que no es otro que la vieron obligados a pactar con el pujolismo para apunutilización subterfugial de entes de finalidad bien pretalar sus mayorías relativas en los años noventa, la cisa, como las cajas de ahorros, para reconstruir un opinión pública tiene perfecta conciencia de que los sector público desmantelado por Aznar con indudapoderes catalanes se saben ante una oportunidad hisble éxito para la liberalización de nuestra economía. tórica. Se trata de una trampa de sumo peligro, pues no sólo A nadie se le escapa el enorme conglomerado con L viene a renacionalizar los sectores privatizados, sino que encima lo hace bajo la influencia de unas autonomías caracterizadas por su voracidad en el gasto y, en casos muy señalados como Cataluña o el País Vasco, por su declarado desapego al proyecto colectivo de España. De ahí que la maniobra sobre Endesa no haya podido pasar ante la opinión pública como la simple dentellada de una pujante corporación industrial que- -contra la doctrina del Libro Blanco de la Energía auspiciado por José Montilla- -abre sus fauces por las bravas sobre una eléctrica gigantesca, lastrada en los últimos años por una palpable falta de dinamismo. Y los primeros en verlo de otro modo han sido ciertos medios de comunicación barceloneses próximos al tripartito de Maragall y Carod, que no han dudado en tildar el envite de jaque catalán contra la caverna mesetaria Aunque a partir de este primer asalto es probable que los avatares de la célebre opa se encaucen por una lógica más directamente financiera, y aunque el Gobierno haya procurado con delicadeza no aparecer como muñidor de una maniobra que evidentemente le complace sobremanera, la sensación de estar ante una opeEFE ración de estrategia política ha calado ya en la sociedad española. Y los demonios de la desconfianza han saltado a sus anchas por la piel de la nación, estimulados por la lluvia de reclamaciones, bravatas, presiones y zarandeos que últimamente proviene del noreste con la reiteración de una tormenta. El peligro de esta clase de climas es que deriven en episodios de visceralidad colectiva, como ocurrió con la campaña contra el cava que golpeó al sector vinícola catalán en las pasadas navidades. De ahí la cautela con que los directivos de La Caixa han empezado a dirigir sus pasos en la última semana, preocupados ante la posibilidad de que la ira mesetaria acabe perjudicando a su ejemplar trayectoria financiera en todo el territorio español. Pero las cosas son como son, y no como uno pretende que sean. Cuando los empresarios catalanes, y hasta la directiva del FC Barcelona, se manifiestan a favor de un nuevo Estatuto que España percibe como claramente lesivo para el equilibrio nacional; cuando Carod y sus camisas grises levantan día sí y día también amenazas chulescas sobre la cohesión del Estado; y cuando el Gobierno mismo decanta de manera inequívoca sus prioridades hacia ese conflicto claramente artificial, es casi imposible pedir a la opinión pública que no caiga en reduccionismos ciertamente primarios. Porque lo que esa opinión pública constata es que Zapatero y sus aliados quieren dibujar en el mapa político de España una diagonal de privilegios que baja desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo siguiendo el curso del Ebro, y por debajo de la cual puede quedar un amplio territorio claramente condenado a una segunda velocidad política y económica. Una sensación que los brillantes ejecutivos que plantan sus reales en otra Diagonal, la señorial avenida barcelonesa, deberían calibrar para medir el verdadero impacto de sus decisiones estratégicas. director abc. es