Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
58 SÁBADO 10 9 2005 ABC FIRMAS EN ABC WIFREDO ESPINA PERIODISTA. EX DIRECTOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LA COMUNICACIÓN DE LA GENERALITAT EL ESTATUT, CONTRA LA PRENSA Sorprende que no se haya levantado ninguna voz fuerte y solvente contra esta pretensión intervencionista. Ni siquiera de los organismos profesionales representativos ni de los creados expresamente para velar por los derechos... OR QUÉ ninguna voz se ha levantado, de forma clara y potente, contra el intento del proyecto de nuevo Estatuto catalán, de mediatizar o limitar la libertad de prensa? No quiero pensar que es por ignorancia, desidia o temor, y menos aún por silencio forzoso o complicidad. Pero, ¡vayan ustedes a saber! Mientras la Constitución consagra la libertad de información y de expresión en toda su amplitud y a través de todos los medios, el proyecto de nuevo Estatuto la pone en manos de los poderes públicos, es decir, del Govern. Porque a ellos atribuye el derecho a intervenir en los medios de comunicación, tanto públicos como privados. Parecería un retroceso hacia tiempos, felizmente superados ¿P hace años. Se podría caer en la tentación de instaurar mecanismos de intervención tanto en las condiciones en las que los medios se mueven, como en sus mismos contenidos alegando, eso sí, proteger los derechos de los ciudadanos. En la Constitución (artículo 20) se reconocen y protegen los derechos: a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión En el proyecto de Estatuto (artículo 50) se dispone que corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para garantizar el derecho a la información y a recibir de los medios de comunicación información veraz y neutral, así como unos contenidos que respeten la dignidad OCTAVIO AGUILERA DOCTOR EN CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN A VUELTAS CON SARTRE EAN- Paul Sartre, tan discutido y tan discutible, nos legó una consigna vital que siempre me ha parecido excelente: Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace Ya sé que es mucho más conocido este aforismo: No es necesaria la parrilla, el infierno son los Otros (Pas besoin de gril, l enfer c est les Autres) O este otro: El hombre es una pasión inútil O el que acaso define más férreamente la filosofía existencial: La existencia precede a la esencia Si saco todo esto a colación es porque este 2005 es el año del centenario del nacimiento de Sartre, acaecido en París el 21 de junio. La efemérides ha rescatado un tanto la filosofía y la figura de este autor, que en realidad ha caído en el pozo del olvido, lo mismo que otros grandes pensadores del siglo XX. Ya en vida fue el intelectual más odiado de su época, como acaba de recordarnos en Madrid su biógrafa Annie Cohen- Solal, cuya obra ha sido publicada en España (Sartre 1905- 1980, Edhasa, 1999) El repudio a Sartre se debió a la lucha que mantuvo contra pilares intocables de la so- J ciedad francesa y a su desconfianza hacia las instituciones, actitud que como es sabido le llevó a rechazar la Legión de Honor y el Premio Nobel. Y es que el autor de obras clave del existencialismo como El existencialismo es un humanismo, La náusea, El ser y la nada y La crítica de la razón dialéctica siempre quiso mantener una absoluta y feroz independencia para criticar a todo y a todos. Mostró su adhesión a las revueltas estudiantiles y obreras del famoso Mayo del 68, cuyo protagonismo sin embargo sólo compartió a la baja, opina Mercè Rius; criticó duramente al capitalismo, pero también al comunismo. Su pensamiento filosófico conjuga la fenomenología de Husserl, la metafísica de Hegel (con cuya Fenomenología del espíritu ha podido compararse El ser y la nada) y de Heidegger (a cuyo Dasein debe mucho el concepto sartriano de existencia) y la teoría social de Marx. De ahí que en su evolución filosófica suelan distinguirse dos etapas, que son la propiamente existencialista y la de su reflexión sobre el marxismo para asumirlo críticamente y vivifi- carlo en el campo teórico. El reconoció, en Carnets de la drôle guerre (es sabido que fue combatiente en la Guerra Mundial y fue prisionero de los alemanes) Soy ciertamente el producto monstruoso del capitalismo, del parlamentarismo, de la centralización y del funcionariado Sartre quiso ser siempre un escritor de obras de ficción, aunque siempre bajo la etiqueta de escritor comprometido En esta faceta alcanzó acaso su mayor popularidad entre el público amplio y no especialmente interesado por la filosofía. Causó gran escándalo, por ejemplo, su obra teatral La puta respetuosa (que en España se citaba entonces como La p. respetuosa) También conocieron gran éxito otras piezas dramáticas como Las moscas, A puerta cerrada, Las manos sucias y El diablo y el buen Dios. Sean aceptadas o no las ideas de Jean- Paul Sartre, su vida y sus escándalos (compartidos por Simone de Beauvoir, su discípula y compañera) no cabe duda de que marcó un hito y su muerte dio a muchos la sensación de que se terminaba una época irrepetible. Su centenario puede y debe ser una ocasión, un motivo, para leer, repasar y analizar su obra. Ha dado ya pie, cuando menos, para que la profesora Mercè Rius haya publicado un excelente estudio (De vuelta a Sartre, Crítica, 2005) Justo es reconocerlo. A vueltas con Sartre, en fin. de las personas y el pluralismo político, social, cultural y religioso En consecuencia, los poderes públicos- -el Govern- -serían quienes marcarían las reglas de juego de los medios de comunicación y serían también los intérpretes de lo que es veraz y neutral y de lo que respeta o no, la dignidad de las personas y el pluralismo ¡Nada menos! Sorprende que no se haya levantado ninguna voz fuerte y solvente contra esta pretensión intervencionista. Ni siquiera de los organismos profesionales representativos ni de los creados expresamente para velar por los derechos de los lectores, radioyentes, televidentes o, en general, de los ciudadanos: defensores del pueblo, síndicos, etc. ¿Qué pasa? Reconforta, sin embargo, que el Consejo Consultivo catalán que ha dictaminado sobre dicho proyecto de Estatuto haya denunciado ahora claramente como inconstitucional esta pretensión intervencionista, cuando se refiere a los medios de comunicación privados. El Consejo Consultivo, integrado por juristas catalanes prestigiosos, entre los cuales hay mentes jurídicamente tan finas como Marc Carrillo y Joaquim Torno, puntualiza bien al distinguir entre medios públicos y medios privados en cuanto a las facultades de participación y tutela- -nunca para limitar el derecho a la libertad de información y de expresión, sino para promoverla en su veracidad y pluralidad- -por parte de los poderes públicos. Afirma el dictamen que en el caso de los medios de titularidad o gestión públicas, la única tendencia y la única línea editorial que ha de defender el medio de comunicación público, ciertamente, ha de ser la neutralidad Por el contrario, la neutralidad como criterio definidor de la información es la equidistancia, que, como tal, hace abstracción del pluralismo al tiempo que lo niega y en la medida que impide la libertad de tendencia en los medios de comunicación privados, la información entendida como neutral reduce el campo de la opinión pública libre. Por tanto, una intervención (de los poderes públicos) en la medida que podría mediatizar su contenido (de la información) infringe el derecho fundamental a comunicar información de los medios de comunicación de carácter privado, porque limita el derecho a definir la línea editorial o tendencia Por esta razón, el apartado 1 del artículo 50 de la Propuesta de Reforma (del Estatuto) es inconstitucional en lo que se refiere a la actividad informativa de los medios de comunicación de naturaleza privada Reconforta, en verdad, este aviso, o reprimenda, del Consejo Consultivo, al gobierno tripartito que aprobó el proyecto de nuevo Estatuto, pero sorprende el silencio de otras voces autorizadas. Especialmente en Cataluña, cuya prensa fue precisamente pionera en la defensa de la libertad de prensa. No se pretenda crear así un nuevo ilusorio oasis catalán.