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ABC SÁBADO 10 9 2005 Internacional 29 ELECCIONES EN JAPÓN El famoso templo sintoísta donde se rinde tributo a los caídos por la patria se convierte en objeto de polémica con cada visita del primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, ya que alberga los restos de catorce criminales de la segunda guerra mundial Yasukuni, un santuario con muy poca paz PABLO M. DÍEZ. ENVIADO ESPECIAL TOKIO. Hayami Masanori, un japonés que luchó en la segunda guerra mundial contra China, ha nacido dos veces. La primera fue el 6 de septiembre de 1922 en Fukuoka, al sur del imperio del archipiélago nipón, mientras que la segunda tuvo lugar apenas una fecha después, pero 22 años más tarde. Ocurrió el 7 de septiembre de 1944 en Yunnan, una provincia sureña de China en la que su regimiento libró una encarnizada batalla contra las tropas comunistas. Aquel día murieron todos sus compañeros- -1.600 hombres en total- pero Hayami Masanori sobrevivió, a pesar de recibir doce balazos en su cuerpo. Para honrar la memoria de estos caídos en acto de servicio, en el 61 aniversario de su fallecimiento, el anciano acudió el pasado miércoles al santuario de Yasukuni, situado en las cercanías del Palacio Imperial de Tokio. Repercusión electoral Este templo sintoísta, donde se veneran las almas de los soldados que sacrificaron su vida por la patria, también está presente en la campaña de las elecciones niponas, que se celebran mañana. Desde 2001, la polémica ha salpicado a dicho recinto religioso cada vez que el primer ministro de la isla, Junichiro Koizumi, se ha personado en el mismo para ofrecer sus respetos a las víctimas que han perecido durante las guerras en que se ha visto implicado Japón. El motivo de tal controversia se debe a que, entre los dos millones y medio de militares fallecidos entre la restauración de la dinastía imperial Meiji (1866- 69) y el fin de la segunda guerra mundial en 1945, figuran más de un millar de criminales de guerra- -catorce de ellos de primera clase- -ejecutados por los aliados al término del conflicto. En 1978, todos ellos fueron incluidos de forma secreta en el Registro de Al- Hayami Masanori, un veterano japonés de 83 años, en Yasukuni mas del santuario de Yasukuni, por lo que cada peregrinaje de Koizumi supone una grave ofensa para los países que más sufrieron durante la ocupación nipona de Asia, como Corea o China, donde se calcula que murieron entre veinte y treinta millones de personas desde 1931 hasta la conclusión de la contienda. dos veces antes de juntar las palmas de sus manos para rezar una oración por sus almas. Algunos de ellos, como Hayami, pagan dos mil yenes (14,65 euros) para entrar al honden (sala principal) del santuario, purificar su alma y su cuerpo con los ritos del temizu y misogi y entregar allí una rama de tamagushi (árbol sagrado) por la memoria de los difuntos. Es nuestra manera de homenajear a los caídos en acto de servicio se jus- tifica el anciano. A pesar de que no ve objeciones en honrar a los criminales de guerra, Hayami, que tiene ya 83 años, asegura sentirse arrepentido de su lucha en la guerra porque con mi ametralladora maté a más de cincuenta chinos confiesa mientras contempla un vídeo sobre la contienda que se proyecta en la sala de espera del santuario. Se trata del mismo documental que se emite durante el recorrido por el vecino museo de Yushukan, el más antiguo de Japón y en el que se explica la historia militar del Imperio del Sol Naciente. La versión que el museo ofrece de dicha historia es, además de patriótica, poco o nada fidedigna en lo que respecta a la realidad. Junto a la exhibición de cañones, tanques, torpedos y un avión Zero japonés, los paneles informativos justifican la participación de Tokio en la segunda guerra mundial por la amenaza del expansionismo de la Unión Soviética y por el boicot de materias primas impuesto por Estados Unidos Matanza de Nanjing Más tergiversadas aún están las salas dedicadas a la ocupación de China, denominada aquí como incidente porque ninguna de las partes declaró la guerra a la otra Así, el museo resume la famosa matanza de Nanjing, en la que murieron entre 140.000 y 300.000 chinos a manos de las tropas niponas, de la siguiente manera: El general Matsue Iwane advirtió al comandante Tang Shegzhi que se rindiera, pero éste ignoró su orden. En su lugar, mandó a sus hombres a luchar hasta la muerte y huyó. Los chinos fueron derrotados con contundencia y sufrieron graves bajas. Dentro de la ciudad, los residentes siguieron viviendo en paz Se trata de una paz que no parece haber llegado todavía al santuario de Yasukuni. Turno para el ritual No me parece mal que venga a rendir tributo se encoge de hombros el veterano Hayami Masanori en la sala de espera del templo, donde aguarda su turno para cumplir con este ritual. En un goteo incesante, miles de personas de todas las edades y condiciones se plantan cada día ante el templo y, tras arrojar unas monedas como donativo, veneran a los fallecidos aplaudiendo En el museo del templo se ofrece una visión de la guerra que oculta las atrocidades cometidas por los japoneses