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24 Internacional EL ZARPAZO DEL KATRINA EL DRAMA HUMANO SÁBADO 10 9 2005 ABC En lo que un día fuese la orgullosa cuna del jazz, y ahora no es más que una ciudad fantasmagórica dominada por las cloacas, ese lugar donde hacer piña para resistir se llama Best Western Hotel Más apoyo de EE. UU. para los no localizados ABC MADRID. El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, anunció ayer el incremento de la colaboración con las autoridades norteamericanas para conocer el paradero de los ciudadanos españoles que permanecen no localizados en Nueva Orleáns. Asimismo, el jefe de la diplomacia española indicó que no hay nuevas noticias sobre los españoles que permanecen en la región afectada. Por su parte, fuentes del consulado de Nueva Orleáns indicaron que en las últimas horas han sido localizados algunos españoles, aunque no se precisó la cifra, todos ellos en buen estado de salud. La cifra de españoles no localizados tiende a bajar indicó el cónsul en Nueva Orleáns, Ramón Sáenz de Heredia. El nuevo Hotel Palestina MERCEDES GALLEGO. CORRESPONSAL NUEVA ORLEÁNS. Los periodistas son ésos que entran en los sitios de donde todo el mundo sale corriendo, y se quedan a vivir entre los muertos y los desarrapados. Nueva Orleáns no es una excepción. La necesidad de supervivencia acaba difuminando las aristas de la competitividad en algún fortín que sirve de madriguera para quienes tienen la misión de aguantar allí mientras el mundo siga interesado en la tragedia En lo que un día fuese la orgullosa cuna del jazz, y ahora no es más que una ciudad fantasmagórica dominada por las cloacas, ese lugar donde hacer piña para resistir se llama Best Western Hotel En realidad es el antiguo Parc St. Charles convertido en franquicia de la cadena hotelera, que sin embargo es una propiedad independiente del empresario Patrick Quinn, al que ayer por fin se le veía en las instalaciones corriendo de arriba a abajo, con un blackberry en la mano. Con él han llegado támbién seis hondureños afincados en Dallas que trabajan para una empresa especializada en desastres: su misión es la de desinfectar este hotel en el que se ha instalado la prensa extranjera para resistir hasta que les eche el Ejército o la sociedad haya perdido la sensibilidad por esta tragedia. Sin agua corriente, electricidad ni personal de limpieza, el hotel se ha vuelto tan insalubre que ya se han cerrado dos plantas, y el dueño ha dado órdenes de no realquilar ninguna de las habitaciones que se vayan quedando vacías. Un miembro del Ejército de EE. UU. auxilia a una mujer en Nueva Orleáns con el carrito de transportar maletas y bultos de un hotel que la lista de espera, escrita a mano, se volvió imposible. Todo el mundo sabe ahora que el único lugar de la ciudad en el que se puede aspirar a encontrar una habitación es es en el Best Western. Otros dos hoteles, el Marriot y el Sheraton, están abiertos pero ocupados en exclusiva por los militares y las autoridades federales. AP Aguantar mientras quede comida Primero sirvió de refugio para los que habían perdido sus casas pero conservaban el poder adquisitivo para instalarse en un hotel. Cuando los diques se rompieron y empezaron las inundaciones, los periodistas empezaron a ocupar las habitaciones que estos usaban. Con nueve ventanas rotas por el huracán, la segunda planta inundada por el agua que se estancó en la balconada, y cubos en el lobby para recoger las goteras, todo el mundo saltó del barco. Quedaron sólo dos jóvenes matrimonios a cargo del hotel y otro empleado más. Bueno, y dos periodistas. Me suplicaron que les dejara quedarse relata Melisa Kennedy, gerente del establecimiento. Les dije que tenemos tres hijos. Que aguantaríamos mientras nos quedase comida y agua para alimentarnos. Desde entonces no nos ha faltado. Ellos cuidaron de mí, y ahora yo cuido de vosotros. Es mi forma de devolver el favor a la prensa comentó. Los dos pacientes cero de esta epidemia periodística eran dos estadounidenses que trabajan para la Agencia France Press. A través de ellos empezaron a llegar otros extranjeros, luego se corrió la voz, y llegó un momento en Son 99 dólares la noche No es que el panorama sea nada tentador: Son 99 dólares la noche advierte Sylvia en la recepción a los recién llegados. Aceptamos tarjeta pero no pasaremos el cargo hasta dentro de un par de meses, o cuando se pueda. No hay luz, agua teléfono, ni aire acondicionado Las habitaciones están sucias, a lo mejor no tienen ni sábanas, y las puertas están abiertas porque no funcionan las llaves electrónicas La Por las noches hay quien se tira a dormir en el lobby el único espacio del hotel con aire acondicionado, pero también el más correteado por las cucarachas respuesta es siempre afirmativa e incluso viene acompañada de una amplia sonrisa de agradecimiento. Así de mal están las cosas en la ciudad y sus alrededores. No queda una habitación libre ni plaza de camping en 150 kilómetros a la redonda. Entrar y salir de aquí es cada día más difícil. Resistir no está siendo fácil. Cada mañana acompañan a policias y militares en sus incursions a las aguas negras en busca de supervivientes y cadaveres, pero a diferencias de éstos, al regreso no les espera ningún sistema de desinfección, duchas, comida caliente o asitencia médica. Los periodistas parecen ahora los vagabundos de Nueva Orleans, sucios y bañados en sudor, barba de una semana y ojos cansados. En sus cuerpos muestran las cicatrices de esta mortal aventura: Conjuntivitis, herpes, eczemas en la piel... El Best Western casi llega a tener su propio Couso, para hacer sombra al famoso Palestina que marcase la invasión de Irak. Esta vez pudo ser el cámara de Antena 3 Íñigo Horcajuelo, al que una bala pérdida que se cree salía del arma de una de las empresas de seguridad privada, le pasó rozando por la cintura mientras grababa un directo Si bien las miserias del Hotel Palestina se parecen mucho a las del Best Western, hay algo que marca la diferencia, además de los bombardeos. Se trata de la amabilidad y la buena voluntad de los cinco empleados que se han quedado hasta el final por agradecimiento a la ayuda que recibieron de la prensa en los primeros días, y porque su presencia les sirve como escudo humano ante las autoridades. Melissa y sus compañeros van más allá de cobrar la habitación. Por las mañanas disponen una bandeja de pan de molde con mantequilla de cacahuete y por las nohes sacan a la calle la barbacoa para asar hamburguesas y salchichas. El generador ha servido para mantener el ascensor y refrescar el lobby donde se multiplican los ordenadores portátiles. Por las noches hay quien se tira a dormir sobre este suelo, el único espacio con aire acondicionado, pero también el más correteado por las cucarachas. La situación mejora El mayor inconveniente de este centro de prensa internacional- -la prensa local se ha instalado en rulots o en las sedes de sus afiliados- -que acoge a 80 periodistas es la ausencia de ventanas. Las cristaleras son fijas, y ante la falta de corriente las habitaciones altas se han convertido en verdaderas saunas. Pero poco a poco la situación va mejorando. Los hondureños vinieron con agua para volcar en los retretes atascados de varias generaciones de excrementos. El generador logró devolver la luz a algunas de las plantas y los especialistas en desinfección envolvieron la cocina en plástico para sacar de las cámaras refrigeradoras la carne y los alimentos putrefanctos que despiden un olor aún más nauseabundo que el de las calles. La habitabilidad retorna lentamente, e incluso Gabriel, el marido de la recepcionista, que se ha encargado de la seguridad, puede volver a dormir en una cama. He pasado cinco días seguidos durmiendo en el lobby con las pistolas cargadas, partiéndome la cara con los saqueadores cuenta el joven. He visto escenas que no se me olvidarán en la vida