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60 VIERNES 9 9 2005 ABC FIRMAS EN ABC PABLO BARRIOS ALMAZOR SECRETARIO GENERAL DE LA COMISIÓN ESPAÑOLA DE COOPERACIÓN CON LA UNESCO MILAGRO DEL DETALLE Releo en Milosz que el gran cometido del imaginario contemporáneo es la recuperación del detalle... pulsos a esa vuelta al si- mismo y al establecimiento de ese nuevo paradigma cultural de que habla Alain Touraine, que ha sustituido en nuestra época a la política, a la economía y a la sociedad, como intrumento para captar la realidad. La identidad y la diversidad culturales se han convertido en los nuevos ídolos. Bien cerca de la realidad humana, lejos de las pasadas abstracciones totalizadoras, en cuyo nombre se sacrificaron tantas vidas humanas. Pero ¿estamos tan lejos de esta situación? La cultura se está absolutizando también y unida al rebrote generalizado del nacionalismo, está sirviendo tanto para encadenar o limitar a los creadores, -encerrándoles en una tradición cultural- y a las personas en general, como para reforzar la afirmación de unas comunidades frente a otras. La versión más radical de este enfrentamiento es la del choque de civilizaciones Milosz lanza el detalle como tabla de salvación. Es claro que, en su caso, es E L secreto está en el detalle. En esos movimientos tan familiares en la trama de los thrillers ampliación de la fotografía, una y otra vez, hasta dar con la figura o el objeto revelador, repaso a la escena vivida, tratando de recordar la palabra, el gesto que nos da la clave... Releo en Milosz que el gran cometido del imaginario contemporáneo es la recuperación del detalle. ¿Y si fuera el talismán, el camino a la solución de este enfrentamiento de identidades, a la absolutización de la diversidad, con que trata de definirse nuestra época? ¿Y si pasáramos de aquí al hombre, a los olvidados ideales de igualdad y de solidaridad? Para Milosz, los artistas e intelectuales centroeuropeos están a la vanguardia del conocimiento de los orígenes de las grandes catástrofes del siglo XX. Han sufrido en carne viva y de modo ininterumpido los horrores del totalitarismo (nazismo y stalinismo) y saben, mejor que nadie que es el olvido del hombre, del hombre real de carne y hueso, el que ha provocado todos esos sufrimientos. El ser humano ha desaparecido aplastado por los grandes conceptos abstractos: La Historia (aquel culpable del genocidio en una película de Szabo que decía que no era él quien había torturado y matado sino la Historia) la Razón, el Pueblo, la Nación... unidos de un modo infernal, a los avances tecnológicos y burocráticos, que ya se hicieron sentir a finales del Imperio austro- húngaro. En el pensamiento centroeuropeo anida sin duda, uno de los grandes im- JULIO JOSÉ ORDOVÁS ESCRITOR ESCRITORES DE CAFÉ N Fragmentos de un diario en los Alpes, César Aira desvela una idea que durante tiempo le ha rondado en la cabeza, la de reunir autores que tuvieran algo en común y no se los pudiera reunir por ningún otro motivo, pero que ese motivo arbitrario sí los reuniera, y que esa reunión permitiera encontrar rasgos comunes que no habrían aparecido de otro modo Como ejemplo, propone reunir a escritores muertos a consecuencia de un accidente de tránsito No, no voy a escribir sobre Camus o sobre Luis Martín Santos. Pero sí le voy a tomar prestada la idea a Aira para escribir sobre Claudio Magris, y sobre César González- Ruano, y sobre Georges Perec, y sobre el propio Aira. Escritores a los que a priori sólo parece unirles un motivo, que no es otro que la costumbre de todos ellos de escribir en los cafés. El café es un lugar de la escritura. Se está a solas, con papel y pluma y todo lo más dos o tres libros aferrados a la mesa, como un náufrago batido por las olas ha escrito Claudio Magris, un habitual del triestino Café San Marcos. A Magris, la mesa del café le permite escribir oyendo de fondo el murmullo de la vida que no sólo no le entorpece ni le distrae, sino que, extrañamente, le permite sentirse a solas, como un náufrago. E Dudo que Ruano se sintiera un náufrago en la mesa del Teide, el café en el que se recluyó cuando abandonó el Gijón. Allí, de mañana, escribía sus artículos, transidos de vida y de literatura, y con la pitillera de oro firmada por Alfonso XIII y las cerillas de la cocinera al lado del recado de escribir, como lo vio Umbral. A un escritor eminentemente visual como Georges Perec no le interesaba tanto escuchar el murmullo de la vida como verla transcurrir lenta y milagrosamente, trastocando el espacio urbano y a sus habitantes, recomponiéndose, rehaciéndose a cada momento. Por eso se instaló del 18 al 20 de octubre, a diferentes horas, en la terraza del Café de la Mairie, con el propósito de registrar todo lo que ocurriera en la plaza. Producto de ese registro exhaustivo fue su Tentative d epuisement d un lieu parisien, un tronche de vie servido en bandeja de papel y tinta. En Cumpleaños, Aira viaja a Pringles, y en el café del Avenida, vacío, se sienta a escribir. La mesera no es capaz de morderse la lengua y limitarse a fregar los vasos, pero a Aira no parece importarle, al contrario, así aprovecha para introducir en el libro la común historia de una muchacha que escribe para desahogarse, y que no entiende al escritor cuando, por ejemplo, éste le cuenta que necesita anotar todas las ideas que se le ocurren, sobre todo al despertar, porque las ideas provenientes de los sueños son las más volátiles. En Fragmentos de un diario en los Alpes el argentino está alojado en casa de unos amigos, en un valle alpino. No es la primera vez que está allí. Un incidente con un chalado, sin embargo, le ha obligado a cambiar de lugar de trabajo, a abandonar el Bar de la Roize, un lugar con una atmósfera propicia para la escritura, por otro menos idóneo, el Café de l Univers. Su amiga y anfitriona, se interesa en saber cuál es la mesa que suele ocupar, y así Aira cae en la cuenta de que siempre me siento en el mismo lugar, si no está ocupado, en éste y en todos los establecimientos equivalentes que frecuento en Buenos Aires o en cualquier parte. Es el Feng Shui de los cafés. No tuvimos que esperar a los chinos para inventarlo Por un lado pienso que es una pura casualidad, un hecho absolutamente azaroso el que me ha permitido reunir a cuatro escritores tan distintos entre sí, pero por otro lado pienso que nada es fortuito, y aunque uno y otro acudieran o acudan a los cafés a escribir por muy distintas razones, algo habrá en los cafés que a los cuatro les resulte o les resultara atractivo, gratificante, provechoso. Levanto la vista del papel y miro a mi alrededor. El café se ha quedado vacío. No me extraña: si el reloj de detrás de la barra no está estropeado, son casi las doce. El camarero me mira por el rabillo del ojo. Tiene cara de fastidio. ¿Cuánto rato llevará esperando que me vaya? No le haré esperar más. Mañana volveré al café, a reanudar mis pesquisas. un instrumento especialmente indicado para combatir una polonización que nunca aprobó, como Witold Gombrowicz, en su versión extrema. El poeta de Wilno proviene de una parte de la geografía europea, en constante movimiento y en la que se produce un extraordinario entrecruzamiento de grupos y comunidades (polacos, lituanos, alemanes, judíos, bielorusos... La insistencia en los detalles, en todos los datos familiares y biográficos que rodean la peripecia personal es similar al camino seguido por Kundera que denigra en su último ensayo El Telón la reducción del escritor a la pequeña historia nacional y vuelve a reclamar una dimensión universal de diálogo con todos los grandes autores de Cervantes a Kafka. La levedad, el humor, la ironía, la ambigüedad; la gran literatura, la mejor novela, la más próxima a la naturaleza humana, se apoya, según Kundera, en ellos. A todos esos elementos, debe añadirse, la brújula del detalle. Es él el que nos va dando las verdaderas dimensiones de las personas, de los objetos, de la Naturaleza... Si se extrae un rasgo dominante (salvo como recurso estilístico) se cae en la caricatura, en la generalización, en la abstracción. Delante de mí, está ese individuo, único en sus innumerables detalles. No puede reducirse a su condición de español, de polaco, de catalán, de escocés; de católico o musulmán, de europeo o africano... Culturas y comunidades le envuelven, en grados distintos de intensidad, al hilo de las experiencias vividas, de las influencias recibidas: ahí radica la diversidad esencial. Un microcosmos de detalles le caracterizan y el observador perspicaz sabe reconocer más allá de sus rasgos básicos (nacionalidad, lengua, etc. en las entonaciones, en los gestos, en las miradas, -por no hablar de sus palabras, del vestir o de sus pertenencias- la huella de su paisaje natal, de su entorno familiar, de su educación, de sus lecturas, de sus viajes, de sus revelaciones, de sus decepciones... El portentoso entrecruzamiento de culturas y grupos que lo han ido configurando. Esa persona múltiple optará, en mil ocasiones, por una cultura predominante, por una comunidad en la que quiera integrarse. La libertad cultural es una de las conquistas de nuestro tiempo y así está siendo reafirmada y vigorizada en diversas instancias internacionales (Convención Diversidad Cultural que la Conferencia General de UNESCO, espera aprobar este próximo octubre, Informe Desarrollo Humano PNUD 2004 sobre la libertad cultural... Para huir de las grandes abstracciones totalizadoras que asolaron nuestro continente y para recuperar plenamente al hombre, sin embargo, hay que seguir el camino de Milosz y de tantos creadores centroeuropeos que han sabido comprender la importancia de tener siempre en cuenta la miríada de detalles en que se expresa el ser humano. Ese hombre específico, aleatorio, de infinitas partículas vitales, en que se resume, ¡quien sabe! -el Universo.