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58 Espectáculos VIERNES 9 9 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO La tierra de los muertos vivientes zombis se mueven despacio y su única fuerza está en su número; su película no juega la baza de la alta tecnología y los bichos infográficos lo que, dicho sea de paso, hace que dé más grima; la actuación, los diálogos, las peleas y las demás situaciones se mantienen dentro de los límites de la genuina serie B, es decir, a un paso del tópico, a dos de la pretenciosidad y a tres del sobrecargado exceso del terror actual (ésta es de hecho una obra modesta y poco espectacular para los cánones actuales del género) Y, lo mejor, los zombis mismos: Romero lleva con ellos mucho tiempo y sabe lo que quiere que representen. Sus monstruos son un grupo expulsado de la sociedad que llama a sus puertas cada vez con más fuerza: la película tiene una transparente lectura sobre el miedo al otro que rezuma nuestro bienestar occidental. Y lo que da miedo no es que se nos coman vivos (que se coman a los vivos) sino lo bien que han empezado a organizarse y lo mal que responde la llamada civilización. Esa lectura política, que no empaña el placer genérico de la película, es lo que la distingue del limbo fantasioso del terror actual. Cuentos de grim (a) EE. UU, 93 min. Director: George Romero Intérpretes: Simon Baker, Dennis Hopper, Asia Argento, John Leguizamo ANTONIO WEINRICHTER ace cuatro décadas George Romero rodó La noche de los muertos vivientes inaugurando (con permiso del Hitchcock de Psicosis el cine de terror moderno, que acuñó estupendas metáforas del malestar de la cultura americana y, también, abrió las puertas a los excesos del gore Hoy que el género sigue bien vivo pero ha dilapidado un poco aquella promesa de reflejar miedos reales de la sociedad de la que surge, Romero sale de su relativo retiro con la cuarta entrega de su saga de los zombis que ya forma parte del imaginario popular y ha sido objeto de varias secuelas mercenarias. Pero Romero es quien mejor explota el mito creado por él mismo: sus H Una pandilla de pelotas Tierra negra Deslenguados perdedores EE. UU 111 min, Director: Richard Linklater Intérpretes: Billy Boy Thornton, Greg Kinnear J. M. CUÉLLAR Billy Boy le queremos todos. No se sabe muy bien la causa, quizás por su pinta de ogrillo revoltoso, pero es así. Un tipo entrañable, casi familiar, que tiende a meterse en berenjenales dudosos. Es el caso. Esta Pandilla de pelotas es un remake (ya no se hacen más que remakes) de Los picarones película que en 1976 interpretó el gran Walter Matthau y Tatum O Neal. Esta vez el camino elegido por el director Richard Linklater es el trillado de ligereza y mantequilla en la línea general de la película con todas sus contras: incredulidad del argumento (se pasa de la inutilidad total a jugar como los ángeles en pocas semanas) o la redención de la noche a la mañana del borrachín mujeriego que interpreta Billy Boy con su habitual habilidad y oficio. Por ahí la película se estrella pues está llena de topicazos americanos, a cual más blandengue y bobo. Si por algo sale a flote es por el lenguaje, directo y mordaz de los chavales, y por el desenlace final, que se aleja del clásico y vomitivo triunfalismo yanqui. Algo que agradecer a los responsables de un trabajo que peca de vulgar en casi toda su línea, pero que tiene algunos momentos, a mordiscos de lenguas viperinas, que le salvan del definitivo infierno. Crónicas del subsuelo España 91 min. Director: Ricardo Íscar Álvarez A. W. A Querida Wendy Bang, estás muerto (o no) EE. UU. Dinamarca, 105 minutos Director: Thomas Vinterberg Intérpretes: Jamie Bell, Bill Pullman JAVIER CORTIJO arece que fue ayer por la tarde pero ya han pasado diez añitos desde que el dúo dinámico Von Trier Vinterberg pusiera patas arriba (o pantorrillas al viento) a la corrala cinéfila con su divertido Dogma 95 (nada de rimas fáciles) Ahora, con la cámara más domada, vuelven a la carga con este tiroteo, sin ápice de fogueo y con alma de fábula moral, respecto al peligroso fetichismo de la armas que encandila e hipnotiza a medio Estados Unidos. La historia, escrita por el autor de Dogville y que comparte su mismo corazón de tiza, croquis américo- profundo P y vuelo pardo poético, describe la peripecia de un grupo de chavales encabezado por Jamie Billy Elliot Bell que crean una sociedad secreta llamada Los Dandies para emular a pistoleros famosos con una única regla: no sacar nunca un arma. Pero las normas están para romperlas ¿velada referencia al voto de castidad de la escuela danesa? así que el tiroteo final con las fuerzas vivas del pueblo está asegurado. Dirigida por el responsable de la enorme Celebración con ráfagas de deliberada pólvora mojada adolescente- -esos cándidos entusiasmos, esos titubeos epistolares, esa insensata responsabilidad- -y con cierto look moderno pseudovideoclipero, el filme contiene una altamente inflamable reflexión- -más sutil y original que las caseras Elephant y Bowling for Columbine -sobre una sociedad con el gatillo demasiado fácil y que juega a la ruleta rusa sin saberlo. Por algo suenan The Zombies, tan fantasmales y oleaginosos ellos. Moraleja: quien juega con armas de fuego acaba por quemarse. Que por algo las carga el diablo. O el diablillo Lars. tra película surgida del Master de documental de la Pompeu Fabra, que se está convirtiendo en una flamante Factory del nuevo cine de no ficción español. Tierra negra retrata el mundo de la minería en el valle leonés de Lanciana. El director Ricardo Íscar quería hacer, dice, una película subterránea (sin horizontes) sobre la gente y la montaña y así contrapone la oscuridad de los túneles y la luz del mundo exterior al que no se asoma, empero, hasta pasada media hora de metraje. La mirada que lanza es seca, sin concesiones: su cámara se pega a los mineros del grupo Lumajo en lo que para ellos es otro día de faena más pero para nosotros es un viaje a un mundo oscuro. Sin música ni comentario que falseen lo que es estar dentro sólo rompen el silencio turbadores ruidos que indican que la tierra se mueve (mala cosa) y los diálogos de los hombres que hablan de su trabajo, con humor, y de los compañeros muertos, con dolor. Los mineros parece que consiguen olvidar la presencia de su cámara discreta excepto en un potente plano al final en el que uno de ellos nos mira mientras oímos el ruido de las entrañas de la tierra negra. Una película dura como el carbón cuyo único respiradero son algunos bloques de bellas imágenes vacías del paisaje interior y exterior. O