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ABC VIERNES 9 9 2005 Espectáculos 57 cosas peligrosas. De todo se habla metafóricamente en los cuentos de hadas... ¿Los niños pueden ir a ver El secreto de los hermanos Grimm -Sí, pero yo creo que a partir de los 9 o 10 años. Por debajo de esa edad puede ser un poco duro, aunque depende de cada niño. En los pases de prueba, los hermanos Weinstein insistían siempre en presentar la película como algo hecho para una audiencia más madura, pero yo insistía en que eso no es incompatible con que la película funcione para niños. Y en algunos de esos pases los mayores salían más asustados que los niños (más risas) ¿Que opina del documental que se hizo sobre su fallido proyecto de rodar Don Quijote -El documental es magnífico, aunque no me guste mirarlo porque me deprime. Captaron el momento en que todo se colapsó, lo más interesante es que nunca nadie había grabado cómo una película se iba al carajo, así que ahora todos pueden saber lo que se siente. Y es algo terrible. ¿Alguna vez sintió que le fallaba la confianza en sí mismo? -Sí, por supuesto que sí. Por eso cuando pasó lo de Don Quijote intenté volver al trabajo lo antes posible, y cuando me propusieron hacer El secreto de los hermanos Grimm aunque no fuera mi guión, acepté enseguida porque no quería quedarme en casa pensando en lo que había sucedido. ¿Por qué le interesó la historia de los hermanos Grimm? -En primer lugar porque amo los cuentos de hadas, aunque mi escritor favorito sea Hans Christian Andersen, pero especialmente porque los Grimm no escribían historias, sólo las recopilaban. En la película hemos respetado el contexto histórico con la invasión de Francia, que creo que fue un factor muy importante para entender a los Grimm. Les aterraba la posibilidad que los franceses aniquilaran la cultura, especialmente la que se transmitía oralmente y por eso decidieron hablar con cada viejo y vieja de cada pueblo, para escuchar esos cuentos. Me hace gracia cuando la gente critica a Disney por apropiarse de algunos cuentos, cuando los Grimm fueron los primeros en andar ese camino y nunca han sido criticados por ello. ¿Sigue viendo a sus antiguos compañeros de los Monthy Phyton? -Bueno, seguimos siendo una familia disfuncional (risas) Mike Palin y Terry Jones viven en Londres y nos vemos muchísimo, John (Cleese) y Eric (Idle) viven en los Estados Unidos, así que es bastante más difícil. Hace unos meses estuve cenando con John Cleese en Nueva York. Es difícil mantener el contacto, pero Eric se empeña, así que no dejamos de intentarlo. El secreto de los hermanos Grimm Vivir del cuento Rep. Checa- EE. UU. 2005 Director: Terry Gilliam Intérpretes: Matt Damon, Heath Ledger, Lena Headey, Monica Bellucci, Peter Stormare, Jonathan Pryce FEDERICO MARÍN BELLÓN EL SECRETO DE MÓNICA Con un escotadísimo vestido color beige, Mónica Bellucci, la actriz italiana más internacional, recibe a ABC en el hotel Des Baines del Lido para hablar de El secreto de los hermanos Grimm Mi personaje no debía ser sólo una reina malvada. Intentamos hacer algo más inteligente, con más matices y giros La protagonista de Malena Irreversible que ha participado en producciones como Matrix Revolutions o Las lágrimas del sol tiene muy claro que Terry Gilliam es un genio y quería trabajar con él a toda costa. Me encanta Las aventuras del Baron Munchausen o El rey pescador así que fue un privilegio; además es un hombre que te da mucha libertad y con el que puedes hablar sobre tu papel y hacerle sugerencias Sobre los problemas en la producción, Bellucci lo tiene claro: Gilliam es un problema para los productores, no para los actores. Nosotros nunca notamos ninguna tensión en el set Y realiza una defensa numantina del director: Todos los actores aman a Terry, es uno de los pocos directores que sabe trabajar con sus actores y actrices. Es un espíritu libre, un niño La actriz se ha destacado en su país natal en las últimas semanas por su firme postura contra la ley que vetará la inseminación artificial en Italia: Creo que es una ley hecha contra las mujeres sin recursos, ya que las mujeres con dinero pueden irse a Londres, o a París, o a cualquier ciudad europea a hacerse el tratamiento Bellucci aclara que no se considera una actriz política o militante. Simplemente, y en este caso concreto, no podía quedarme callada. No me arrepiento de haber hablado Incluso con un hogaza de pan llena de migas es fácil perderse en este bosque de árboles andantes, frondosos molinos de viento que han hecho del rodaje de este baobab un acontecimiento, más aún después del derrotado Quijote que guarda su director en el sótano de sus peores miedos. En cualquier caso, no pueden sorprender las rencillas entre los hermanos Weinstein, los hermanos Grimm y hasta los hermanos Gilliam, cuando ya nadie desconoce que Terry esconde un gemelo secreto, o imaginario, que le susurra disparates al oído, aunque también le ayuda a aguzar un genio que esparce con generosidad cada vez que alguien comete la locura de contratarlo. Es más sencillo, en efecto, agarrarse a los números, lo único tangible de una función que ha costado más que Robinho y Messi juntos, o revueltos, porque Gilliam mete en la batidora que tiene por cerebro los cuentos más populaCon tanta res de los hermanos, espesura y a quienes presenta cotanto follaje, mo unos farsantes hasta su fina que viven del cuento, en el sentido más férironía apetil de la expresión. No nas se filtra faltará quien piense que el propio ex Monla luz thy Python ¿se puede ser ex del anárquico grupo o se pertenece a la categoría toda la vida, como a la de sabio? es otro indio especializado en arrancar cabelleras, por muy refinado que sea su método. Pero Gilliam, en contra de lo que parece, no sólo prepara un cóctel de leyendas aderezadas de tecnología. Como estrategia de agitación, presenta a los franceses como invasores que fueron y viste a los alemanes con la piel del cordero, sin miedo a que lo llamen pastor mentiroso. Como oportuno recordatorio, arroja a la basura el filtro de la corrección y las tijeras censoras de los códigos reguladores, que nunca sufrieron los clásicos. El tipo es tan sibilino que disimula sus provocaciones anticomerciales con un aperitivo de engaños y un festín final de besos y desencantamientos (que no desencantos) que la cinta vaya de hermanos no presupone la menor vocación familiar. Y no es que su humor sea oscuro, sino que con tanta espesura y tanto follaje hasta su fina ironía apenas se filtra la luz, ni siquiera cuando en una escena carísima quema un bosque entero con un entusiasmo municipal. Ya puede fijarse el público en los saltarines Damon y Ledger, más les vale distraerse con la belleza rebelde de Lena Headey y la hermosura inmarcesible de Mónica Bellucci, intenten reír con el italianizado Stormare y el afrancesado Jonathan Pryce, porque si se beben de un trago la catarata de imágenes preparada por Gilliam pueden pillar un empacho de cuento milenario.