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ABC VIERNES 9 9 2005 Espectáculos 53 rodaje. Creo que es una disciplina muy difícil, con toda esa combinación de fuerza y baile... Tengo mucho respeto por los boxeadores. -Creo que hizo usted todo tipo de cosas antes de lograr el triunfo en Hollywood. -Vamos a ver: fui azafata, camarera, trabajé en guarderías, fui salvavidas, serví cocktails en convenciones, fui una de esas chicas que abría la puerta en los clubs y decía: Buenas noches, bienvenido al blablabla Sí, he hecho de todo. ¿Qué recuerda de aquellos tiempos? -Pues que fueron muy importantes. Cuando trabajaba en el bar, lo cual ocurrió durante un largo periodo, recuerdo que solía pensar muchísimo en lo que quería hacer con mi vida. Y cuando me dieron el papel en Jerry Maguire pensé que todo aquello había sido muy útil para mí... Aunque desde luego no me preparó para Hollywood. De todas formas no recuerdo aquello como si fuera una mala etapa sino todo lo contrario, hice grandes amigos y aún los conservo. ¿Nos puede contar algo de ese proyecto en el que interpreta a la cantante Janis Joplin? -Bueno, está en pre- pre- pre- producción (risas) De momento están preparando el guión y aún no está listo. Es algo que nunca se ha hecho y que se podrá hacer una sola vez, así que se tiene que hacer bien. No es sólo porque el personaje sea un ico Me encanta no, que lo es, sino el boxeo. Es por respeto a todas las personas involumuy difícil, con toda esa cradas en el proyecto. Janis Joplin tuvo combinación un gran impacto, no de fuerza y sólo en el mundo de la música, sino en la baile... sociedad en general y hay que tener mucho cuidado para no convertir al personaje en un cliché. Por eso nos estamos dando mucho tiempo para prepararlo, y después veremos qué pasa. -Parece que últimamente los paparazzi le están dando dolores de cabeza... ¿Cómo se maneja usted con eso de la fama? -Pues depende del día, hay veces en las que se te acerca alguien y te pone su móvil en la cara y te hace una foto, como si fueras la Torre Eiffel, sin ni siquiera decir hola o saludarte, y eso me incomoda muchísimo. Los paparazzi son un tema aparte porque tener a seis tipos con teleobjetivos que te persiguen por todas partes es algo realmente incómodo. Ese es uno de los motivos por los que me acabo de mudar. Porque ya estaba harta. -Pero en Estados Unidos es algo que parece cotidiano. -Forma parte de algo que es culpa de todos: no puede ser que alguien venda su diario, donde explica con todo detalle cómo su pareja la agredía, sólo porque con eso va a aparecer en una revista y se va a sentir especial. Y lo peor es que la sociedad refuerza esa sensación comprando esa revista. Es un horrible círculo vicioso que lo ensucia todo. ¿Dónde vive ahora? -Eso no lo voy a decir jamás... (risas) Cinderella man Con la dignidad en un puño y con las tripas en el otro EEUU. 2005 Director: Ron Howard Intérpretes: Russell Crowe, Renée Zellweger, Paul Giamatti JOSÉ MANUEL CUÉLLAR levaba Crowe años dando telefonazos por aquí y por allá en busca de este proyecto. Quería filmar una loa de la grandeza del ser humano, tanto mental y espiritual como físicamente. Así que se cogió a su amigo Ron Howard y, al igual que en Una mente prodigiosa se metieron en los vericuetos del cerebro humano para buscar los mecanismos que pongan en pie la voluntad y la firmeza del hombre cuando el cielo se estrella sobre su cabeza. En este aspecto, nada mejor que la vida de James J. Braddock, un boxeador de segunda fila de los años 30 que ve agrandada su figura en esta obra perfilada por los dos cineastas. En realidad, Braddock no era ningún talento, sino un púgil discreto que supo aprovechar una laguna de estrellas para buscar un hueco y meter su figura granítica entre los grandes. Es cierto que tuvo un mérito indudable en aguantar el chaparrón de la depresión para luego salir hacia la cumbre, pero aquí Howard ha ampliado sus habilidades boxísticas hasta el infinito. Empero, eso no quita valor a la película, una joya de artesanía que se apoya en el trabajo amplio, concienzudo y lleno de talento de Russell Crowe. Es cierto que el tipo suele caer como una daga envenenada en la yugular, pero su rigor interpretativo es brutal. El clásico actor al que si se le abre un mínimo la espita de una buena historia la llena con la robustez de un trabajo hecho con las tripas. Aquí lo acapara todo con esa mirada peligrosa, de animal herido pero a la vez fiero e irreductible, con mucha mala leche interior y tan firme como el propio Braddock. Entrañable en el entorno familiar, pero duro como un mazo en cuanto sale al ring para buscar con sórdida rabia las habichuelas de cada día. El filme tiene rigurosidad y la grandeza que le confiere ese aire enviciado de las sucias calles y la atmósfera corrompida por la pobreza y la desesperación. Aunque adolece de los clásicos problemas del boxeo llevado al celuloide (esos golpes nítidos que llegan al rostro no dejan a un púgil en pie, un error que sólo la muy infravalorada The boxer eludió con la facilidad de un Whitaker cualquiera) tiene otros muy altos valores, entre los que entra la interpretación, no sólo la ya habitual de Crowe, camino otra vez del Oscar, sino también la del talentoso Paul Giamatti, actor en alza, y del gran Bruce McGill, un secundario de lujo. El resto- -las sombras, la humillación, el dolor y la desesperanza- -te lo estampa Crowe en la cabeza con la potencia de un crochet devastador. L