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22 VIERNES 9 9 2005 ABC Internacional Los equipos de socorro del Katrina se proveen de 25.000 bolsas para los muertos El temor al cólera doblega a los últimos ciudadanos que resistían en Nueva Orleáns b Las tropas desplegadas por Was- hington mantienen como prioridad la localización y evacuación forzosa de miles de personas que permanecen en la ciudad MERCEDES GALLEGO. ENVIADA ESPECIAL NUEVA ORLEANS. Una pareja con pendientes en la nariz y tres perros baja por Bourbon Street, con las mochilas en la espalda rodeados de soldados. El último intento negociador de las autoridades antes de tener que sacarlos por la fuerza pasa por permitir a los ciudadanos de Nueva Orleans que se lleven consigo a sus animales domésticos. Desde las sillas que han sacado a la acera para que le de la sombra y corra la brisa, Vaughn Couk les dice adiós con una mano y con una cerveza en la otra. Su bar es uno de los dos que han aguantado abiertos hasta ayer en la famosa calle del barrio francés. Pero a diferencia de Johnny White, el local que vigila junto a George Miller no cobra 3,23 euros por un cubata caliente. En el Blues Club sólo se sirven Budweisser frías, gratis y para los amigos. Uno de los que apura la lata es Mike Clouse, a quien en el barrio se le conoce como Mr. Ladder por los equilibrismos de mimo en lo alto de un escalera con los que se ganaba la vida. Ha pasado una semana vagando por la ciudad. Empezó en un albergue, pero no me gustaba lo de estar tirado en el suelo con los niños pasándome por encima y la gente pegándose por una botella de agua cuenta así que me fui a casa de un amigo Las últimas 6 horas las ha pasado caminando hasta llegar a una manzana de lo que era su casa. Definir el futuro Tengo que ir a ver qué es lo que me queda reflexiona con cierto aire de preocupación, antes de estallar en una sonrisa picarona. ¡Pero cuando me acabe esta cerveza! Mientras George, que a su 71 años lleva veinte totalmente sobrio, recoge la ristra de latas vacías, Mr. Ladder y su viejo amigo Vaughn, que es otra leyenda de Bourbon Street, intentan definir su futuro. Al que no le queda dónde mirar atrás, la vida le parece una bola de plastilina por modelar. ¿Nueva York? ¡Nooo! protesta Vaughn ante la sugerencia. Allí hace demasiado frío. Si es algo con lo que no puedo lidiar es el frío. ¿Qué tal es Las Vegas. Me han dicho que se parece mucho a esto? Hasta el miércoles, el tejano de pelo largo, sombrero de vaquero y botas de cocodrilo era uno de los que se negaba a abandonar Nueva Orleans. Son los 5 muertos de cólera los que le han convencido de que es hora de arrojar la toalla. Esa enfermedad acabó con los indios y casi acaba con la civilización francesa en 1680. ¡Yo no voy a jugar con eso! Desde sus sillas de madera curtidas con música de blues los tres hombres han visto a las ratas apoderarse de la ciudad abandonada. Las ratas y los pájaros son los que extienden el cólera. Si ya ha empezado, no habrá quién lo pare Tres manzanas más abajo, en la famosa Canal Street, por la que desfilan los carnavales en Mardi Glass, el agua ha bajado lo suficiente como para que se instalen los camiones satélites de las grandes televisiones. Por detrás, en Carondelet Street y Union, junto a dos bancos, ha quedado al descubierto el cadáver de un hombre de color al que el rictus mortuorio ha dejado con las rodillas dobladas y los brazos estirados, como si estuviese agarrándose a algo en el aire. El cadáver está hinchado por el agua y descompuesto por Militares de EE. UU. en tareas de evacuación de residentes en Nueva Orleáns EPA Iñigo Vila, jefe de operaciones de la misión de la Cruz Roja española en Misisipi: Están desbordados M. GALLEGO. CORRESPONSAL NUEVA ORLEÁNS. Han organizado campamentos de refugiados en lugares como Albania, Indonesia, Honduras y Angola, pero nunca pensaron que acabarían haciéndolo también en Estados Unidos. Los cinco miembros que la Cruz Roja española ha enviado a la costa de Mississippi a petición norteamericana, son especialistas en logística. Los estadounidenses están desbordados cuenta Íñigo Vila, jefe del equipo español. Les sobran voluntarios y les llega ayuda por muchos sitios diferentes, pero no saben cómo organizarla. Simplemente alojar a to- dos esos voluntarios requiere una logística impresionante afirma Iñigo Vila. Su primera misión ha sido la de encontrar una superficie que sirva de almacén. El primer intento resultó en un supermercado vacío, pero después de calcular el espacio que necesitan entre víveres y generadores han decidido que tienen que buscar uno más grande. Para quien ha visto tantas catástrofes en el Tercer Mundo, la Estados Unidos no es ni con mucho la peor. Aquí saben que aunque la ayuda tarden en venir, llegará. En otros países lo único que saben es que dependen totalmente de las ayudas externas cuenta la vitoriana Begoña Dean, que trabaja con la Cruz Roja Española desde 1977. Si de aquí logras salir 50 ó 100 kilómetros del área afectada, encuentras ciudades normales. En medio de África no hay a dónde llegar Begoña visita EE. UU. por primera vez. En estas circunstancias tan excepcionales, ha logrado dejar atrás los prejuicios contra la política de este país, pero paradójicamente no es ella la que más presente los tiene. Me ha sorprendido cuántas veces nos dan las gracias, creo que porque son conscientes de la mala imagen que tienen en el extranjero El mundo ha observado espeluznado la catástrofe de EE. UU. dispuesto a arrimar el hombro, pero no puedes entrar en casa de nadie sin que te abran la puerta. Necesitábamos que ellos nos pidieran ayuda explica Íñigo.