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ABC VIERNES 9 9 2005 Opinión 7 popular por injusto e insolidario, le vienen ahora estos apretones y estas dificultades. Pero que no se engañe, no se van a solucionar con unos puntitos más de presión fiscal, porque recuerden ustedes que esto del equilibrio presupuestario era una obsesión ideológica, no una necesidad de la política fiscal en la Europa del euro. Y ahora, liberados de tanta represión, va siendo hora ya de gastar más. LA ESPUMA DE LOS DÍAS LA RETENTIVA DE IBARRETXE nal, sobre todo cuando existe un gobierno que está dispuesto a aceptar las responsabilidades de otros. La tercera confusión es probablemente más una regresión a épocas que creíamos superadas que una confusión estricta. Me refiero a la asociación inmediata entre un problema a resolver y una subida de impuestos, porque aparentemente todo se soluciona con más gasto público, y todo gasto es susceptible de financiarse con más impuestos. Aunque se insista en que bajar los impuestos es de izquierdas, lo cierto es que si el énfasis se pone en las demandas insatisfechas, se pone presión para que suban los impuestos. De aquellos barros le vienen estos lodos al Gobierno, de su crítica en las insuficiencias al modelo de crecimiento Pero quizás sea la cuarta confusión la más difícil de erradicar porque ha calado ya en todos los partidos políticos, incluido el único que ejerce la oposición. Se trata de pensar que el problema es del Gobierno central, aunque las competencias sanitarias estén transferidas plenamente porque se calcularon mal en su momento. Primero esto es falso, no se calcularon mal, sino que han cambiado muchas cosas desde entonces. Entre otras, además de la población, que al crecer la economía sostenidamente al cuatro por ciento, el gasto sanitario crece mucho más, porque tiene una alta elasticidad renta. Y tendrán que gestionar esos cambios los que reclamaron insistentemente que lo sabían hacer mejor porque estaban más cerca del ciudadano. Segundo, muchos cambios responden a decisiones tomadas discrecionalmente por las propias comunidades autónomas, como subir el sueldo al personal sanitario nada más ser transferida la sanidad, o aumentar las prestaciones gratuitas. Tercero, es electoralmente rentable aumentar el gasto, pero no tanto hacer uso de las competencias ya existentes para elevar la presión tributaria. Es más fácil, dada la ley electoral vigente, chantajear al Gobierno central cuando necesite nuestros votos. Y obligarle a pagar nuestras facturas. Así está planteado el debate sanitario, y así se planteará próximamente el debate sobre la reforma educativa. Desde la debilidad de éste y cualquier gobierno central previsible, y desde las confusiones fiscales deliberadas. Porque estamos ante un problema de moral hazzard, perdón por la pedantería, ante la falta de autoridad y credibilidad del Gobierno central para hacerse fuerte y obligar a que cada palo aguante su vela. Para que me entiendan, es lo mismo que le pasa al euro, que nadie se cree que el BCE sea capaz de imponer la disciplina fiscal a algunos países escogidos de Europa, porque nunca les va a dejar quebrar. ¿Se imaginan ustedes a este Gobierno dejando que quiebre una comunidad autónoma porque no puede pagar sus facturas sanitarias? Yo no, y para ser sincero tampoco al siguiente. Por eso, habría que preguntarse con Vargas Llosa, ¿en qué momento se jodió el Perú, Zavalita? S PALABRAS CRUZADAS ¿El escándalo de corrupción hundirá la imagen de la ONU? EL MÁS ALLÁ DIMISIÓN Y REFORMA RADICAL O se trata de una disyuntiva. Ambas son necesarias. Después del escándalo de corrupción, el Secretario General de la Organización de Naciones Unidas debe dimitir. No basta pedir disculpas. La responsabilidad política se ejerce abandonando el cargo. El episodio deteriora la imagen y el prestigio, moderados pero aún inmerecidos, de la Organización, pero sus males no se limitan a los casos de corrupción, sino que afectan a su estructura y funcionamiento, derivados de una situación mundial que ya no es la actual. Resulta muy debilitado el argumento de la ilegalidad (otra cosa es la legitimidad política o moral) de la interI. SÁNCHEZ vención aliada en Irak ante la falta de CÁMARA autorización del Consejo de Seguridad, cuando comprobamos que las principales empresas beneficiarias del escándalo pertenecían precisamente a los tres países, Francia, Rusia y China, que se opusieron a la intervención. Pero el problema es radical y no coyuntural, y cabría cifrarse en la falta de respeto a los principios democráticos. Y es que en Yalta se entendió bajo el término democracia cosas opuestas e incluso incompatibles. La ONU es necesaria pero no en su estado actual. El mal no está sólo en los abusos, sino en sus usos. N O lo creo. Tengamos en cuenta que una buena parte de los líderes de la opinión pública sitúan a Naciones Unidas en el más allá. Piensan que es una institución ungida por una legitimidad divina y por una autoridad por encima del bien y del mal. Es improbable que unos cuantos millones de dólares despistados por aquí y por allá puedan colocar esta institución en el más acá, es decir, en la discusión sobre las limitaciones de su legitimidad democrática. Este escándalo es gravísimo. Pero la ONU tiene tan sólo parte de la culpa. La principal se la llevan Sadam Husein y todos esos empresarios sin escrúpulos cuyas identidades conoceremos en un próximo informe. Probablemente, se EDURNE creyeron que en el más allá no contaban URIARTE mucho las vulgares leyes humanas sobre fraude y robo. Por eso me preocupa aún más que tantos y tantos demócratas como nuestro presidente consideren este organismo la referencia central de su política internacional; sin importarles que todas las dictaduras del mundo y los mayores enemigos de los derechos humanos participen en sus decisiones. La ONU es necesaria y no hay más remedio que contar con los dictadores. Pero es hora de hacerlos visibles. Porque la corrupción puede ser un problema puntual pero el peso de las dictaduras es estructural. N E dice de algunos vinos que viajan mal. Pierden bouquet fuerza y cuerpo en el trasiego del transporte. Se desarraigan, olvidan su personalidad, se niegan a sí mismos. No sorprende que también la memoria de una conversación política mantenida en La Moncloa pueda perder sabor, perfil y perfume cuando se la traslada a las tierras vascas. Lo sorprendente no es que los matices de la alta política viajen mal sino que tengan una versión diametralmente opuesta según la cuenta el ministro Jordi Sevilla en Madrid o la vicelendakari Idoia Zenarrutzabeitia en San Sebastián. La posibilidad de que alguien esté engañando a la opinión pública no es, en este caso, remota. SabeVALENTÍ mos que los portavoces de PUIG un ejecutivo pueden- -y a veces deben- -eludir preguntas, incluso callar, pero mentir no es norma correcta. Marlin Fitzwater, formidable jefe de prensa con Reagan y Bush padre, dice que la obligación de quien actúa como portavoz no es hacerlo público todo, incluso uno puede echar a correr y esconderse pero no tiene derecho a tergiversar la verdad. Con las discrepancias absolutas sobre la entrevista entre Ibarretxe y Zapatero el boquete se agranda en la escenografía de la credibilidad. Las posibilidades son múltiples: Jordi Sevilla interpretó inadecuadamente las explicaciones del presidente del Gobierno; Zapatero se explicó mal con su ministro o con el lendakari; Ibarretxe escuchó sólo lo que más le convenía; la vicelendakari captó mal al lendakari; todos se pusieron de acuerdo para dar versiones antitéticas o todos fueron víctima de una perturbación transitoria del sentido del oído. Lo cierto es que el episodio huele a recelo y fraude, a politiquería y cortina de humo. Según cada uno la cuenta, en esa conversación aparecen y desaparecen temas que son de importancia para la convivencia, la seguridad y el bienestar de los españoles como el terrorismo, el cupo vasco, los presupuestos generales o la financiación sanitaria. Tanta condensación de contradicciones lastra perspectivas elementales de un sistema político. Algo se ha estado haciendo muy mal. Quizás por las prisas, porque Ibarretxe quiere salirse de un callejón sin salida y porque Zapatero se ve apurado en la bocana de un puerto desconocido, pilotando una nave sin haber calculado suficientemente el oleaje. Estamos comprobando que los tifones aparecen cuando menos se les espera. El arte del buen gobernar se basa en las estrategias y no en la manipulación. Algún día quizás sepamos quién manipuló a quién anteayer en La Moncloa. La culpa, por supuesto, será de cualquiera que ni tan siquiera estaba allí. La distorsión no parece el mejor método para sustentar un modelo de Estado. Así es como las decepciones afloran algún día a la superficie, como la mancha de aceite de un submarino alcanzado por las cargas de profundidad, pero antes la decepción ha comenzado por la simple suma de uno más uno. vpuig abc. es ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate