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ABC JUEVES 8 9 2005 Cultura 51 DANZA Ballet de La Scala de Milán Coreografías: Tema y variaciones (Balanchine Chaikovski) The cage (Robbins Stravinski) y La consagración de la primavera (Béjart Stravinski) Ballet del Teatro de La Scala de Milán. Director: Frédéric Olivieri. Orquesta Titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid) Director: David Garforth. Lugar: Teatro Real, Madrid, 6- IX GALLOS EN EL PARAÍSO JULIO BRAVO D Antonio Moral (izquierda) Stéphane Lissner y Miguel Muñiz, ayer frente al Teatro Real ERNESTO AGUDO Stéphane Lissner regresa al Teatro Real coronado por La Scala de Milán Ambos coliseos comienzan una política de coproducciones con Idomeneo b Lissner, sobreintendente y direc- tor artístico desde hace cuatro meses de La Scala, dimitió como director artístico del Real en 1997 ante las críticas por su proyecto SUSANA GAVIÑA MADRID. Stéphane Lissner ha vuelto a pisar el Teatro Real por primera vez desde su dimisión hace algo más de ocho años como director artístico. El director francés abandonó el teatro madrileño, unos meses antes de su reapertura, con un ambicioso proyecto bajo el brazo que no pudo ver la luz ante las críticas de algunos sectores. El Teatro Real es un sitio al que estoy profundamente ligado. Cuando vine la primera vez con Salgado- -su gerente entonces, hoy ministra de Sanidad- -no había nada recordó el director francés. Ayer por el martes me encontré por primera vez en la sala sentado como un espectador y sentí una sensación extraña confesó al mismo tiempo que reconocía su safisfacción por volver, convertido ahora en máximo responsable de La Scala de Milán, al coliseo madrileño. No siento ninguna frustración por aquello- -subrayó- Hubo momentos difíciles, pero lo pasado, pasado está La recuperación de Lissner para el Real, como quiso definirla su actual director gerente, Miguel Muñiz, viene avalada por el comienzo de una política de colaboraciones entre ambos teatros y se traducirá en varios proyectos. El primero de ellos, la coproduc- ción de Idomeneo La colaboración es algo natural entre La Scala y el Real afirmó Lissner. El título mozartiano- -en el que también colabora la Ópera de París- y que contará con la dirección artística de Luc Bondy y musical del joven director Da- Un mismo lenguaje Las colaboraciones del Real con Lissner no se limitan únicamente a La Scala, como demuestra la programación esta temporada en Madrid de El rapto en el Serrallo Con escenografía de Miquel Barceló, es una producción del Festival de Aix- en- Provence, que dirige desde hace años el nuevo sobreintendente y director artístico del teatro italiano (responsable además de un festival en Viena- -hasta octubre o noviembre no hará público si deja alguno de sus cargos- Además está prevista la programación, para la temporda 2006- 07, de una coproducción entre el festival francés y el teatro madrileño, El amor de las tres naranjas Por su parte, Moral, que afirmó hablar el mismo lenguaje que Lissner y Mortier, director de la Ópera de París nos interesan cosas novedosas adelantó que existen conversaciones para realizar en un futuro otras dos coproducciones con Aix- en- Provence. niel Harding, será el encargado de inaugurar la temporada del teatro italiano el 7 de diciembre. En Madrid podrá verse- -con diferente director de orquesta y reparto- -en la temporada 2007- 08, posiblemente como clausura adelantó el nuevo director artístico del Teatro Real, Antonio Moral. Ésta será la primera de las colaboraciones pero no la única, aunque ni Lissner ni Moral quisieron precisar otros títulos. El director francés aprovechó su visita a Madrid para explicar su proyecto para La Scala de Milán, cuya dirección asumió hace cuatro meses tras la polémica salida de Riccardo Muti. Para Lissner, el coliseo italiano, que tiene un presupuesto de 120 millones de euros- -frente a los 46 del Real, aprobados para 2006- es de base un gran teatro público donde las puertas están abierta para todos, incluido Muti matizó. Su intención es reunir, sin partidismos a todos aquellos que quieran defenderlo y apoyarlo Asimismo, subrayó que su prioridad como gestor es la parte musical. Los directores de orquesta son el pulmón de la ópera, el latido del teatro Ya ha invitado a pasar por su foso a grandes batutas, algunas de ellas presentes en la primera temporada como Chailly, Gardiner, Maazel o Tate. Sin embargo, la decisión de elegir un director musical que sustituya a Muti la ha postergado. Todos los grandes directores están comprometidos durante 4 ó 5 años. Como sobreintendente necesito reflexionar durante 2 ó 3 años para saber quién es el director titular adecuado ecir que La Scala de Milán es el más legendario templo operístico del mundo es prácticamente una obviedad. No hay más que repasar su fecunda historia lírica- -y la exigencia de su Paraíso, que no perdonaba un gallo a un cantante- -para comprobarlo. El ballet y la danza han sido siempre actores secundarios en ella, aunque se hayan escrito páginas brillantísimas (algunas firmadas por bailarines españoles como Antonio Ruiz Soler, Mariemma o Antonio Gades) El Teatro Real, que tampoco se caracteriza por su cuidado de la danza, y mucho menos del ballet, ha abierto una vez más con esta disciplina su temporada (aunque la inauguración oficial, la de campanillas, se reserve para dentro de unas semanas, naturalmente con un título operístico) Y ha sido el Ballet de La Scala de Milán el encargado de hacerlo. El Ballet de La Scala se encuentra, a la vista del programa presentado en Madrid, muy lejos del nivel que se le supone a una compañía de un teatro como el coliseo milanista- -algo que seguro que ha tenido mucho que ver en la buena venta de las entradas- Mucho camino tiene que recorrer todavía el actual director, Frédéric Olivieri (que tomó el mando del conjunto hace tan sólo tres años) para darle la consistencia y la calidad exigible a una compañía así- -que, sin embargo, ha mejorado notablemente con respecto a su situación hace una década- Y es una lástima, porque el programa presentado es una auténtica belleza. Tema y variaciones es una de las obras maestras de Balanchine. Su final es vibrante y espumoso, pero precisa de bailarines capaces de otorgarle brío y brillantez, algo que no lograron los voluntariosos y aseados milanistas, entre los que sobresalió Marta Romagna, más entonada que sus compañeros. La misma grisura se pudo ver en The cage una coreografía de Jerome Robbins apenas conocida en Europa, y en La consagración de la Primavera de Béjart, con una atenta pero poco delicada dirección de David Garforth. A pesar de la discreta interpretación (sólo brilló Massimo Murru) volvió a deslumbrar la coreografía, una auténtica obra de arte por la que no pasan los años.