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26 Internacional JUEVES 8 9 2005 ABC Un grupo radical asesina a Musa Arafat para combatir la corrupción en Gaza Abbas decreta el estado de emergencia y se plantea no viajar a EE. UU. b Sólo unos días antes de la retira- da completa de Israel, el caos, la anarquía y la inseguridad política y ciudadana ahogan la Franja mediterránea JUAN CIERCO. CORRESPONSAL GAZA. Apenas se derramaron ayer unas lágrimas de cocodrilo en Gaza por el asesinato de Musa Arafat, asesor militar de Mahmud Abbas y primo de Yaser Arafat. Pese a su brutal asesinato y al secuestro de su hijo, Manhal, también alto mando policial, los hombres y mujeres de la Franja no se inmutaron. No por nada, Musa Arafat era uno de los responsables políticos y militares más odiados de Gaza, por su implicación en notorios casos de corrupción, sus abusos sexuales a mujeres, las torturas a los presos. Tampoco causó su asesinato enorme sorpresa entre la población. No sólo por el currículum de este antiguo jefe de la seguridad palestina en Gaza, cesado en abril, sino por la situación de caos y anarquía que prima en la Franja desde hace meses. Caos y anar- quía que crecen y se multiplican, cuan panes y peces, a medida que se acerca el momento clave de la retirada definitiva de Israel después de 38 años de ocupación. Premeditación, nocturnidad y alevosía. De todo hubo en el asesinato de Musa Arafat. Hacia las tres y media de la madrugada, cien hombres armados y enmascarados rodearon su casa en la calle Rabat, en el barrio de Tal alHawa, y dispararon contra los ocho guardas de seguridad personal que la vigilaban. Los ocho resultaron heridos, ninguno muerto. Al mismo tiempo que un puñado de milicianos entraba a saco en la vivienda, otro lanzaba una granada contra el edificio que hacía volar en mil pedazos ventanas y ventanillas de los coches aparcados en el exterior. Lo mataron tres veces Dentro no encontraron resistencia alguna. Musa Arafat fue asesinado de un tiro en la sien allí mismo, para ser después arrastrado 400 metros hasta un cruce de carreteras donde fue acribillado a balazos antes de ser atropellado varias veces por un vehículo todo te- rreno. Lo mataron tres veces Junto a él se encontraba su hijo Manhal, secuestrado por los milicianos y llevado a uno de sus feudos en el centro de Gaza, el campo de refugiados de Nuseirat. Horas después de su asesinato, la sangre todavía fresca de Musa Arafat indicaba el lugar exacto en que su cadáver fue profanado. El silencio, roto por algunos niños despistados, dominaba un ambiente tenso y cargado. La familia Arafat se negaba a recibir a amigos y vecinos para las condolencias. No quería hacerlo hasta conocer la suerte de Manhal. El crimen, perpetrado en un barrio lindante con la residencia oficial de Mahmud Abbas en Gaza, por lo tanto uno de los más seguros de la Franja, demuestra hasta qué punto campa a sus anchas la inseguridad por esta devastada tierra. La única ley que se respeta hoy, la de la selva. Los crímenes, los secuestros de extranjeros, también de periodistas, los chantajes, los enfrentamientos entre familias armadas, la rebelión de la Policía por su escaso salario están a la orden del día, menos de una semana antes de que los soldados israe-