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ABC JUEVES 8 9 2005 23 Milicianos palestinos asesinan a Musa Arafat en Gaza para luchar contra la corrupción Kofi Annan asume la responsabilidad en el escándalo de la ONU petróleo por alimentos pero no dimitirá La Marina de Guerra estadounidense traslada 21 buques al Golfo de México con sofisticados modelos anfibios que ni siquiera tocan el agua Desembarco en Biloxi MERCEDES GALLEGO. CORRESPONSAL AFP con los estimados 300.000 millones de dólares gastados hasta la fecha en Irak. Para colmo, el Wall Street Journal publicaba ayer incómodas e increíbles comparaciones por parte de oficiales militares entre lo sucedido en Luisiana después del Katrina y lo ocurrido en Irak tras el forzado derrocamiento de Sadam Husein. Descoordinación burocrática La conclusión de estos primeros análisis es que las dos crisis no hacen más que resaltar la casi congénita incapacidad de burocracias dispares dentro del Gobierno de Estados Unidos para trabajar de forma coordinada y responder a situaciones límite. En el caso particular de Irak, se recuerda cómo el Pentágono y el Departamento de Estado se dedicaron a redactar planes paralelos para la reconstrucción del país, evitando incluso mantenerse informados y sin aprovecharse de experiencias como las acumuladas en Haití o los Balcanes. En lo que respecta a la situación dentro de Nueva Orleáns, ante el creciente peligro sanitario de las aguas estancadas que ya habrían provocado al menos cinco muertes y la amenaza de filtraciones de gas, el alcalde, Ray Nagin, ha reiterado la orden de evacuación obligatoria, autorizando el uso de la fuerza para sacar a los recalcitrantes vecinos que se niegan a abandonar sus casas. Como nota positiva, las últimas estimaciones indican que ahora sólo un 60 por ciento de la ciudad se encuentra inundado, frente al 80 por ciento inicial. BILOXI. Si el desembarco de Normandía se produjese hoy, los alemanes no tendrían más de diez o quince minutos para dar la voz de alerta. La prueba la tuvieron el lunes los supervivientes de Biloxi, en cuyas playas desembarcó el lunes la marina estadounidense para instalar su cabeza de puente en la zona de desastre que afecta a tres Estados del Golfo de México. En lugar de las tanquetas flotantes de la II Guerra Mundial, la marina estadounidense dispone ahora de unos sofisticados anfibios que no flotan, vuelan. Literalmente. El LCAC (pronunciado elcak abreviatura de Landing Craft Air Cushion, o vehículos de desembarco con colchón de aire posee cuatro gigantescos motores semejantes a los de los aviones militares de combate, dos de ellos situados debajo de la nave para producir ese colchón de aire sobre el que se desplaza la plataforma de transporte marina. La fuerza es tal que nunca toca el agua y, de hecho, puede viajar hasta seis pies por encima de ella, lo que permite alcanzar velocidades de 50 millas por hora. En playas en las que acaban de quedar enterrados barcos y casas, son los únicos vehículos que no se arriesgan a quedarse encallados. ¡Me encanta! exclama entusiasmado Roberto Paz cuando se le pregunta por el vehículo que tripula desde hace tres años. Es el pequeño gran secreto de la marina asegura. A medida que la velocidad aumenta y el aparato se desliza por encima del mar como Jesús sobre las aguas, el viaje hacia el Golfo de México, donde se encuentra anclada su nave nodriza, pierde la serenidad celestial y se transforma en una montaña rusa. Algo así como un continuo cambio de rasante de los que le hacen a uno sujetarse el estómago. Hombres de la Guardia Nacional buscan supervivientes en Nueva Orleáns en sus veinte años de historia ha anclado en ciudades españolas como Las Palmas de Gran Canaria o Rota. Presume de ser el primero construido específicamente para desplegar estos sofisticados anfibios, que empezaron a contruirse en 1987, y que se modernizan con cada entrega. El vientre de la nave alberga un enorme aparcamiento para los LCAC, que baja de nivel para recibir la plataforma flotante, conducida desde una de las dos cabinas laterales por una tripulación de tres hombres (un ingeniero, un navegador y un piloto) al frente de seis pantallas. Les acompaña en este regreso a la ballena de Jonás el comandante del Whidbey Island que acaba de bajar a la playa para pasar revista a las posiciones de sus hombres. Aquí hay mucho trabajo por hacer concluye tras ver la destrucción de la costa. No esperamos dejarlo como estaba hace diez días, pero no nos iremos hasta que todo esté encarrilado promete el comandante Cedrid Pringle. A bordo ha traído desde Carolina del Norte a 350 marineros por tripulación, su tripulación así como 250 marines, toneladas de provisiones y prácticamente todas las medicinas AP que se te ocurran El poderoso barco de guerra, equipado con dos helipuertos en su cubierta, se precia de tener modernas instalaciones médicas y un envidiable equipo de ingenieros que promete ser de utilidad para empujar la costa del Misisipi de vuelta a la civilización. Todavía ayer, millones de personas seguían sin agua ni luz. Para trabajar en esta situación tenemos que ponernos nuestra mejor sonrisa se da cuenta, al comprobar el estado de frustración y desesperación que se vive en tierra firme. Una sonrisa marca la diferencia, especialmente cuando nos ven de uniforme Regresar de Irak En las calles donde se apilan escombros y basura, el clamor de muchos ha sido que el presidente traiga de vuelta a las tropas de Irak para que ayuden a resolver el problema de casa. Unos 1.800 hombres destacados en el Golfo y originarios de la zona catastrófica lo harán, pero entre tanto los veintiún barcos de la marina anclados en el Golfo darán sentido a la fortuna que el país invierte en mantener al ejército más poderoso del mundo. En la marina se nos prepara para todo, pero nunca pensé que me pudiese tocar llevar a cabo una misión como ésta en mi propio país reflexiona el comandante. Su barco ha participado en el rescate de Haití y la seguridad del Golfo Pérsico, apenas el año pasado, pero el reto es cada vez mayor. Supongo que la madre naturaleza no discrimina suspira. Acampados en la playa La misión no es la de transportar tropas en esos vehículos militares. Ésa se llevó a cabo el lunes. Sus hombres ya están acampados en la playa, que hace sólo nueve días era arena de los casinos flotantes. Desde que el USS Whidbey Island atracase a 15 millas de Biloxi, el domingo por la noche, los LCAC han transportado hasta la costa destruida por el huracán Katrina toneladas de medicinas, agua y raciones militares, con una frecuencia de entre cinco y diez veces al día. Algunos días hasta veinte señala un miembro de la tripulación. El primero de su clase, siempre el primero reza el orgulloso eslogan del gigantesco barco de guerra, que Los militares depositan ayuda en las costas hasta veinte veces por día