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ABC MIÉRCOLES 7 9 2005 Opinión 7 tudes de un Estado de Bienestar llevado con precisión alemana hasta los últimos rincones de la sociedad, ni de defender amplias intervenciones públicas en la economía, sin tomar nota de los innumerables estudios de analistas alemanes y organismos internacionales que demuestran la insostenibilidad en el tiempo de ese paradigma. La llamada ala izquierda de los socialdemócratas siguió a Schröder sólo a regañadientes cuando éste, en marzo de 2003, por fin puso en marcha la célebre Agenda 2010, abordando temas que hasta entonces habían sido tabú. Con un SPD mirando a la vez hacia atrás y hacia adelante, estaba armada la trampa de la credibilidad. La falta de credibilidad de la política económica causa tarde o temprano un estancamiento económico como el de Alemania. Ya lo habían explicado los profesores Finn Kydland y Edward Prescott, que por sus investigaciones macroeconométricas fueron galardonados con el Premio Nobel de Economía de 2004. Pero en Berlín se desconocía este importante mensaje lanzado desde las esferas académicas. LA ESPUMA DE LOS DÍAS LA CIUDAD VENCIDA E CARLOS KILLIAN a la hora de la verdad la ha torpedeado y ha exigido, con el apoyo de Francia, que el Parlamento Europeo enmiende esta directiva en defensa de las actividades nacionales. En la política económica en Alemania durante los últimos años ha primado la incoherencia. Una parte de la responsabilidad recae sobre la oposición parlamentaria de democristianos y liberales, que tienen la mayoría absoluta en la Cámara Alta y que han frenado más de un proyecto prometedor que presentó el Gobierno para la aprobación requerida. Pero también hay que decir que en el propio SPD hay muchos que nunca han dejado de ensalzar las vir- Quien salga victorioso de las urnas se encontrará con un legado nada envidiable. Pero no podrá mirar a otro lado, sino que tendrá que ponerse manos a la obra y reformar de pies a cabeza la economía alemana con el fin de recuperar la senda del crecimiento y del pleno empleo. La desregulación del mercado de trabajo, la moderación de las prestaciones sociales, la reducción del Impuesto sobre Sociedades, la abolición de las múltiples y distorsionadoras subvenciones, la eliminación de procesos burocráticos innecesarios, la mejora de la calidad del sistema educativo y la consolidación presupuestaria son tareas indispensables en la próxima legislatura. Hace falta un programa de choque, basado en reglas de actuación creíbles. La mayor probabilidad de que cambiasen las cosas fundamentalmente se daría si el nuevo ejecutivo fuera liderado por Angela Merkel- -la candidata a la cancillería del CDU- CSU- -en coalición con los liberales del FDP. Los sondeos actuales apuntan hacia esta variante. Si, por el contrario, los resultados electorales les dieran la mayoría absoluta a los conservadores o sólo permitieran la gran coalición entre éstos y los socialdemócratas, las perspectivas de reforma económica disminuirían bastante. Y si saliera confirmado en el cargo el actual Gobierno o la coalición incluyera al Partido de Izquierda, de reciente creación, el futuro económico de Alemania estaría en el aire por tiempo indefinido. PALABRAS CRUZADAS ¿Está el tripartito catalán tras la opa de Gas Natural a Endesa? LOS DE LA CAIXA SON MUY LARGOS UE Fornesa, Fainé y Gabarró (los de La Caixa) hacen lo que les manda el tripartito, y que al fondo está un cambio de cromos a cuenta del Estatuto, es llegar muy lejos. Con esos mimbres, más que análisis hay extravío. La Caixa no hacía mucho caso a Pujol, cuando éste tenía mayoría absoluta, el BOE a la mano y las claves en la cabeza; menos caso ahora en el caso del tripartito. La influencia del Gobierno catalán en esa macrocaja es limitada, por norma y porque sí. Que Gas Natural quería meterse en eléctricas, y que tiene recursos para ello, es un secreto a voces desde mucho antes de que el tripartito entrara en la sala de partos. La opa lanzada el lunes FERNANDO G. URBANEJA tiene lógica empresarial, tanta como que Endesa se resista con uñas y dientes. Son las reglas del juego. No lo es tanto esa acción de oro residual que hace al Gobierno árbitro de cualquier opa; ni lo es la discrecionalidad de las Cajas de Ahorros para irrumpir en las compañías cotizadas. Pero esa es otra historia. Demasiado ruido y polvo en esta operación (quizá sea inevitable en esta sociedad donde la política contamina más que ilumina) requieren análisis fundado, datos, inteligencia y menos vivas a Cartagena. SABOR INEVITABLEMENTE AMONTILLADO UE la operación es en algún grado política no lo niega nadie, lo que prueba que en estos tiempos supuestamente liberales no hay mercado libre, y mucho menos el energético, atravesado por la política desde cualquier ángulo. Si encima los actores financieros son Cajas de Ahorros, pues a más a más. Y lo que complica irremisiblemente el asunto es que la primera piedra no la puede tirar nadie, porque ningún gobierno ha dejado nunca de intervenir en estas empresas- -públicas, privadas y privatizadas- siempre con argumentos de apariencia impecable: defensa nacional, sectores básicos, protección del usuario, acción CARLOS R. de oro, etcétera. Inconcebible una soluBRAUN ción liberal, rechazada por todos, estamos instalados en la política. Las grandes fusiones tienen una historia compleja, y algunos finales catastróficos, pero aquí la política nubla la en todo caso debatible estrategia empresarial y nos deja oteando el futuro con desasosiego, y forzados al chantaje pragmático de aceptar la politización como fatal, y opinar a partir de allí. No está claro ni el final de la operación ni que su éxito o su fracaso favorezcan a los consumidores. Lo único claro es que cualquier desenlace tendrá el mismo sabor: inevitablemente político, amontillado, seco. Q Q ¿Y usted qué opina? Déjenos su voto o su mensaje en la página web www. abc. es eldebate N pleno siglo de la Ilustración, el terremoto de Lisboa en 1755 provocó un agrio debate acerca del bien y del mal. Resulta curioso releer al doctor Pangloss y al gentil Candide, con su apoteosis de los lugares comunes. J. P. Dupuy reflexiona en el último número de Esprit sobre la aplicación de la vieja querella al dramático tsunami de nuestros días. El mal absoluto hace diana ahora en Nueva Orleáns, la hermosa capital de ese viejo sur nunca conquistado del todo por los yanquis. Algunos radicales islámicos hablan de castigo divino. Allá ellos. Muchos comentaristas occidentales aportan dosis variables de mezquindad y resentimiento, por decir alBENIGNO go suave. Parecen encanPENDÁS tados al comprobar que los ricos también lloran, que el gigante tenía los pies de barro y que la gran potencia exhibe sus miserias en tiempo real. Han encontrado pruebas irrefutables de la crisis del sueño americano. Los argumentos se mueven entre el tópico y el ridículo: los gastos de defensa destruyen el Estado de Bienestar, el racismo campea en la tierra de las libertades, la culpa la tiene Irak, y otras lindezas semejantes. Es cierto que ninguna potencia hegemónica ha conseguido ganar la batalla de la imagen. Me temo, sin embargo, que la fobia antiamericana alcanza dimensiones desconocidas hasta la fecha. Dicen para disimular que la culpa no es del pueblo, sino de la maldad congénita de Bush. El presidente, como es notorio, ha reaccionado tarde y mal: es decir, igual que todos, aquí o allí, ya se trate de tornados, inundaciones, accidentes, incendios o naufragios. Los políticos prefieren inventar estrategias antes que trabajar con eficacia, salvo que ésta se mida por la presteza de la foto publicitaria. ¿Es una opinión unánime? En Europa, sí. En los Estados Unidos, en cambio, las encuestas hablan de empate virtual entre quienes aprueban y quienes reprueban la gestión ante la crisis. Esta vez no es el choque de Marte contra Venus, pero el abismo de la incomprensión se extiende por momentos. Katrina nos deja lecciones muy dolorosas. Hay que caer muy bajo en la escala de la dignidad humana para dedicarse al expolio de una ciudad vencida por la naturaleza. Casi en el mismo nivel, dan asco esas gentes capaces de especular con el precio de los alimentos o de la gasolina. Entre los reproches políticos, es interesante la duda acerca de la compatibilidad entre federalismo (o sus derivados) y la eficacia administrativa. No hay lugar para el optimismo antropológico. El mal existe y la razón supuestamente emancipada es incapaz de explicarlo. Sabiduría universal. Seamos prudentes. Busquemos solamente lo posible. Cuidemos los detalles de nuestra precaria vida civilizada. Porque Rousseau, otro optimista, se equivoca también en este caso: la civilización, por supuesto, no ha sido un error.