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ABC MARTES 6 9 2005 Cultura 53 Vila- Matas: Una cosa es la soledad y otra estar solo, que nadie piense en ti El escritor cierra con Doctor Pasavento su ciclo sobre el arte de la fuga Pasavento Enrique Vila- Matas culmina su literatura de la renuncia y la ausencia que anticipó en Bartleby y compañía y El mal de Montano SERGI DORIA BARCELONA. Os habla el doctor Pasavento, emboscado en el mundo feliz de los eclipsados... Quiere sentirse lejos de todo. Vivir una maravillosa existencia de cero a la izquierda, de escritor sin obra, de soldado de Napoleón olvidado Con Doctor Pasavento Vila- Matas cierra su ciclo literario sobre el arte de la fuga, después de Bartleby y compañía y El mal de Montano Confiesa que siempre concibió la literatura como una forma de retirarse y que le dejen en paz: ¿Los temas? No me interesan sino como pretextos para escribir La génesis de Doctor Pasavento se remonta a 2003; en uno de los cursos de El Escorial, alguien del público espetó al escritor: Y usted... ¿cuándo piensa desaparecer? La pregunta había surgido en el momento justo, cuando VilaMatas iba a abordar la idea de la desaparición en Occidente. Un viaje al castillo donde Montaigne escribió sus Essais cimentó lo que el editor Herralde b Con Doctor califica de catedral de la metaliteratura Dispuestos a comprobar, como advierte el autor, que Pasavento pasa lento los seguidores del último VilaMatas se van a encontrar con la morosa peripecia de un hombre que sigue el rastro de desaparecidos literarios como el francés Bove y, sobre todo, el suizo Robert Walser, quien pasó los veintitrés últimos años de su vida recluido en el manicomio de Herisau. La literatura convertida en caso clínico y Pasavento como psiquiatrizador Al centro psiquiátrico se trasladó VilaMatas y propuso a su director ser recluido. La contestación fue tres veces que no recuerda. Mientras relata el episodio, uno de los personajes de la novela, Yvette Sánchez, confirma con su presencia en la rueda de prensa la realidad de aquella situación. El escritor Enrique Vila- Matas en una imagen de archivo -la novela había de titularse Dr. Pynchon el escritor barcelonés considera Doctor Pasavento como un fragmento más del mosaico que es su obra. Una narrativa que marida lo ensayístico con las irradiaciones del surrealismo bretoniano. Cuenta Vila- Matas que cuando viaja a París se hospeda en un hotel de la rue Vaneau, calle de ochenta números donde se ubican los jardines de Matignon, la embajada siria y las casas que habitaron Marx o ELENA CARRERAS Desaparecido... o ignorado El Doctor Pasavento quiere desaparecer, pero lo trágico es que en ese periplo que le lleva por Nápoles o París nadie le va a echar en falta... Más que desaparición- -apunta Vila- Matas- -el libro aborda la soledad humana, porque una cosa es hablar de soledad y otra, estar solo, que nadie piense en ti Cotejando nombres de quienes buscaron la soledad a través de la literatura como Salinger o Thomas Pynchon Gide. En habitaciones de hotel se desarrolla la fuga sin fin de Pasavento hacia otras identidades. Como en Bartleby y compañía y El mal de Montano el lema es el mismo. Dejar de escribir o escribir para desaparecer. Igual que empezó, dejemos hablar al Doctor Pasavento. Desaparecer y ausentarse al escribir y escribir para ausentarse. Tal vez ahora, con la desaparición radical, llegue la verdadera hora de mi escritura Gustavo Pérez Puig reivindica a Miguel Mihura en su centenario y repone su genial Tres sombreros de copa JULIO BRAVO MADRID. En 1932, cuando contaba veintisiete años, Miguel Mihura escribió Tres sombreros de copa Veinte años después, la obra no se había estrenado todavía. Fue el empeño de un joven director, responsable entonces del legendario Teatro Español Universitario, el que hizo que el autor consintiera en que la obra viera la luz y se convirtiera en uno de los títulos más sobresalientes de la historia del teatro español del siglo XX. Aquel director era Gustavo Pérez Puig, que regresa al texto que estrenara en 1952 y que acomete su primer montaje desde su salida del Teatro Español. Se confiesa Pérez Puig muy contento ante esta nueva puesta en escena de Tres sombreros de copa Es el cuarto montaje que hago. Después del estreno en 1952 monté la obra en Bélgica, en francés- fue el propio Mihura quien me recomendó y en 1992 la llevé al teatro Español Le molesta tener que defender esta apuesta. ¿Por qué hay que justificarse por montar hoy en día Tres sombreros de copa Cipriano Losada y Ángeles Martín, en una escena de la obra Es una de las grandes comedias de la historia del teatro español, y no lo digo sólo yo. Además, parece que Miguel Mihura la hubiera escrito anteayer, JESÚS ALCÁNTARA tal es su frescura Mihura y Jardiel han sido, añade, los autores que mejor han dominado la arquitectura teatral. Poner en pie a Mihura es casi una provocación. Se le acusa de ser un autor de derechas, y por eso se le tiene tan arrinconado. Pero parafraseando una obra suya, Mihura no era ni de derechas ni de izquierdas, sino todo lo contrario. Él tenía sus ideas, y en Tres sombreros de copa hay una crítica social feroz contra la burguesía Si algo le duele, es no haber podido contar con la ayuda del Ayuntamiento de Madrid. Miguel Mihura nació, vivió y murió en Madrid, y el Ayuntamiento se ha desentendido de su centenario; hemos tenido ayudas del Ministerio de Cultura, de la Comunidad de Madrid... Pero no del Ayuntamiento, y eso me entristece, la verdad Tres sombreros de copa cuenta con un reparto que encabezan Ángeles Martín, Cipriano Lodosa, Miguel de Grandy y José Luis Coll; Gil Parrondo ha adaptado al difícil escenario del teatro Príncipe, donde el jueves se levanta el telón, los decorados que realizara para el montaje de 1992. Ahora sólo queda esperar que el público venga, porque para una empresa privada no resulta nada sencillo mantener una compañía de veinte personas. Pero estoy muy contento, porque tengo el reparto que he querido y he podido ensayar durante cuarenta días con todo el decorado y las luces puestos