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ABC MARTES 6 9 2005 Internacional 25 EL ZARPAZO DEL KATRINA LA TRAGEDIA HUMANA Mi mamá está muerta... la tiraron al agua ABC NUEVA ORLEÁNS. Una pequeña y frágil niña refugiada en el tejado de una casa inundada hasta la primera planta es rescatada por los policías, que con mucho cuidado la meten en un bote. Mi mamá está muerta... la tiraron al agua dice en tono serio. Pero no parece demasiado afectada. Este pequeño episodio registrado el domingo en medio de la zona devastada de Nueva Orleáns tras el paso del huracán Katrina parece confirmar las teorías de los psicólogos, que creen que las secuelas psíquicas de la mayor catástrofe natural en la historia de Estados Unidos no se pueden calcular aún. Los primeros que soportan la carga de las siniestras imágenes de muerte y padecimiento son los policías. Paul Accardo, portavoz de la Policía de Nueva Orleans, se suicidó el domingo. Al igual que otro agente se pegó un tiro en la cabeza. Vemos a bebés muertos tirados en el suelo, ¡bebés! explicaba horrorizada Yolanda Jenkins en el diario local. Lo peor es cuando la gente pide ayuda y nosotros no podemos ayudar... En el octavo día tras el paso del Katrina los policías, militares y equipos de rescate- -que suman ya varios miles- -seguían ayudando a las numerosas personas encerradas que aún corren peligro de muerte. Soldados de la 82 División Aerotransportada patrullaban ayer las calles de Nueva Orleáns REUTERS El paso del Katrina ha dejado un reguero de destrucción y drama. Pero también de anécdotas que rozan el milagro. Como el del equipo de emergencias de la costa dado por muerto. O el del colegio católico de St Stanislaus, donde se salvaron sus 300 alumnos La segunda oportunidad MERCEDES GALLEGO. CORRESPONSAL SAINT LOUIS BAY (MISISIPI) El día que el huracán Katrina entró en Missisipi arrastrando consigo el mar, Joel Ellzie vio la muerte mucho más cerca de lo que hubiera podido imaginar a sus 31 años de edad. El supervisor local de American Medical Release (AMR) estaba de guardia a cargo del Centro de Emergencia, junto con otras 35 personas. Sabíamos que los vientos huracanados serían terribles, pero nunca esperamos que el mar inundara nuestras instalaciones reflexiona. Una presunción razonable a 15 kilómetros al interior. La última comunicación que mantuvo con su superior en Gulsport (Misisipi) fue escalofriante. ¿Cuál es vuestra situación? le preguntó éste. No tenemos techo y el agua nos llega hasta la cintura, señor Un silencio se apoderó de la línea. Joel, ¿quieres dictarme un último mensaje para tu familia? Si lo prefieres, puedo llamar de nuevo y grabarlo A Ellzie se le erizó la piel. Por primera vez entendió que podía estar viviendo sus últimas horas. Le dicté un mensaje para mi ex mujer en el que le pedí que le contase a mi hijo cuando creciera que morí haciendo lo que me gustaba, ayudar a la gente dice con una risa nerviosa. Que no le dejase que se olvidara de mí y de lo mucho que le quise Después de colgar el teléfono organizó a sus hombres, les asignó a cada uno un número que les tatuó en el cuerpo con un rotulador resistente al agua, y escribió una lista con sus nombres y los números correspondientes. Luego la metió en una bolsa hermética para bocadillos y la clavó en el palo más alto que quedaba en los juzgados, donde se había establecido el centro de emergencia. Así podrían identificar nuestros cadáveres cuando nos encontrasen explica con frialdad. La interrupción del servicio telefónico sirvió para que dejasen de mortificarse. ¡Por favor, vengan a sacarnos! ¡Nos estamos ahogando! recuerda que le gritaba la gente por el aparato en pleno huracán. No había nada que pudieran hacer. Cuando el incansable repicar de los teléfonos murió, se limitaron a aguardar su propia muerte en silencio, como la reflexión final de los condenados. queña y tranquila localidad de Misisipi el supervisor de emergencias de AMR trabaja sin descanso. Fuimos los primeros en salir de allí. Cuando llegamos a Goulstort (Cuartel general de la organización) se quedaron blancos. Nos daban por muertos. Teníamos que decirles que allí quedaba gente viva y que nosotros sabíamos cómo entrar y salir Por el noroeste, la Bahía de San Luis mira hacia Nueva Orleans. Por el sur, al traicionero Golfo de México, donde el agua alcanza en esta época del año las altas temperaturas que alimenta de humedad a los huracanes. La referente local con la que todos crecieron aquí eran Camila, que hasta el lunes pasado se consideraba el peor huracán de la zona, con 250 muertos en 1969. Quienes le sobrevivieron y vieron a sus casas ganar la batalla, se creyeron inmunes desde entonces. Un paseo por la zona deja en eviden- cia la magnitud de su error. Todo está plano, no ha quedado ni una casa en pie resume Joel ante el paisaje de destrucción absoluta. Tardamos días en poder llegar hasta aquí. Los trozos de carretera habían volado hasta la autopista junto con los coches, los barcos y las casas Un portento en toda regla Todo eso sigue acumulado en la cuneta de la carretera 603. Las palas excavadoras y los buldogs han empujado árboles y escombros hacia los lados para abrir paso a los servicios de rescate. Cuando llegaron hasta la carretera hacia la playa se encontraron con los supervivientes del Colegio católico de St. Stanislaus, fundado en 1854 por los hermanos del Sagrado Corazón. En el tejado de los que fueron dormitorios, 300 chicos de diferentes países católicos habían sobrevivido a la monstruosa catástrofe en condiciones extremas. Le salvó que la planta baja sólo era columnas explica Joel. El mar pasó por debajo sin necesidad de llevarselo por delante A unas cuantas manzanas hacía el interior se encuentra Old Spanish Trail o El Viejo Camino Español donde varios siglos después de que españoles y franceses se repartiesen esta colonias del sur, los anglosajónes han instalado su refugios para empezar desde el principio. Otra oportunidad A Joel la vida le ha dado una segunda oportunidad para demostrarle a su hijo de 4 años cuánto le quiere, pero todavía ni le ha visto. Ni siquiera sabe si sigue teniendo casa en la localidad de Ocean Spring, a unos 50 kilómetros. Cree que le debe a la gente la oportunidad de rescatarlos para que también puedan comunicarse con los suyos. Desde hace 9 días, dos antes de que el huracán tocase tierra cerca de su pe- Un silencio se apoderó de la línea. Joel, ¿quieres dictarme un último mensaje para tu familia? Si lo prefieres, puedo llamar de nuevo y grabarlo