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ABC MARTES 6 9 2005 Opinión 7 fía, condenada a la extraña y jibarizadora compañía de la Educación para la Ciudadanía La higiene espiritual, como la higiene física, no puede ser objeto de una asignatura impartida ¡entre los 16 y los 18 años! LA ESPUMA DE LOS DÍAS DE MANUAL CARLOS KILLIAN La nueva ley favorece más el control educativo por parte del Estado que la libertad de los padres. La cuestión es si los padres pueden, en igualdad de condiciones, incluidas, por supuesto, las económicas, elegir la educación que quieran para sus hijos (dentro del respeto a los principios fundamentales que establece la Constitución) Lo demás son polémicas ya superadas, propias del siglo XIX. Entre el Estado confesional y el Estado laicista media todo un mundo en el que habitan la libertad religiosa y el Estado aconfesional. En tercer lugar, la descentralización de la administración educativa y la dejación de competencias por el Estado a las autonomías dificultarán o harán imposible la vertebración nacional del sistema educativo. Es decir, la nueva legislación no parece destinada a garantizar una formación mínima común a todos los españoles, con independencia de su región de origen. Entre la polvareda del conocimiento del entorno y la primacía de la región, nacionalidad o nacioncita, perderemos a España (que, para algunos, es precisamente de lo que se trata: de la aldea a Europa, pasando por la autonomía) Y así se da la paradoja de que las administraciones públicas controlan la educación en lugar de limitarse a garantizar su disfrute, a la vez que renuncian a lo que sí constituye uno de sus deberes principales: garantizar unas enseñanzas mínimas comunes compartidas por todos los españoles. Y, hablando de Europa, no es fácil contribuir a su integración política, ignorando, a la vez, sus raíces y su esencia. Oyendo a algunos, se diría que Europa nació en la Bastilla. La dignidad del hombre está en la sabiduría, en la búsqueda de la verdad, en el disfrute de la belleza, en el conocimiento y la práctica de la bondad. No es posible la educación si se niegan o derriban las cumbres, a manos del relativismo moral, el multiculturalismo, el feminismo y la deconstrucción. Swift afirmó que la educación es la experiencia de la grandeza. Si se niega la grandeza o se finge que no existe, ¿qué quedará para la escuela? En el mejor de los casos, la experiencia de la mediocridad. En el peor, el camino hacia la barbarie. P de cuerpo y mente. La pedagogía deviene rama de la Medicina preventiva, obsesionada en preservar la autoestima de los alumnos peores. Aunque los profesores, dedicados a mantener el orden y a la autodefensa personal, tengan que acudir a la consulta del psiquiatra o al diván del psicoanalista. Todo parece orientado a remover exigencias (ese abyecto residuo del fascismo) allanar caminos y tejer mediocridades. Quien piense que todo esto es retórica, que piense de nuevo o que compruebe la demolición de las Humanidades, sobre todo la Cultura clásica y, especialmente, la Filoso- PALABRAS CRUZADAS Tras la cumbre entre ambos, ¿se queda con Zapatero o con Rajoy? RAJOY, AUNQUE... ZAPATERO, PERO... MBOS, ZP y MR, como todo ser humano, tienen virtudes y defectos. Son personas dialogantes y, ya se ha dicho, condenadas a entenderse en un buen número de temas; ojalá sea así, por nuestro bien. Zapatero es más dialogante y simpático que Aznar y ha abierto las puertas de La Moncloa a gentes para las que antes estaban vedadas, entre ellas- -sí- -el lendakari Ibarretxe, a quien ZP verá mañana. Las formas, en política y en la vida, son tan importantes como el fondo. Y en las formas, ZP acierta bastante, aunque a veces la sonrisilla afable se torne en un cierto rictus de furor. Ante la pregunta que nos encabeza respondo que me quedo con Zapatero porque es quien gobierna y quiero que acierte, que en ello nos va mucho. Nuestro presidente FERNANDO tiene aún un caudal apreciable de confianJÁUREGUI za de muchos españoles. Claro que algo de esaconfianza se va diluyendo, gracias a una política demasiado ambigua, excesivamente acuosa e indefinida que nos sume demasiadas veces en la perplejidad. ¿A qué carta juega ZP? Comprendo el desconcierto, muy respetable, de Rajoy; también los demás estamos desconcertados, y es ése el margen de juego, hábil, de un presidente que debería mostrarse más concreto en sus encuentros y propuestas. Aunque en este país la costumbre sea que el jefe del Gobierno y el de la oposición se encuentren cada ocho meses, se fumen un puro... y sólo humo. M E quedo con Rajoy. Por varias razones, pero sobre todo porque la actitud de Rodríguez Zapatero es impresentable, llamando- -ocho meses después- -al jefe de la oposición para hablar de pájaros y flores, del mar y de los peces. Ni un acuerdo salió de la reunión porque, sin duda, el presidente del Gobierno no estaba dispuesto a acordar nada, fiado en su célebre sonrisa y en el no menos famoso talante, talismán que parece creer nuestro ZP que todo lo arregla. Ya decíamos aquí mismo hace tres días que el encuentro, tan anunciado a bombo y platillo, no iba a servir de nada, cosa que Rajoy ha tenido que reconocer a la salida de La Moncloa. Quizá no debería haber ido a La Moncloa para esto... PILAR Claro que el hecho de que me decante CERNUDA por Rajoy no quiere decir que me gusten todas las actitudes del presidente del Partido Popular. Su oposición es algo blanda, como resignada a lo que Zapatero quiera hacer de él, y tiene que acometer ya los cambios imprescindibles en su partido, no esperar, como pretende, a la convención de febrero, nada menos que febrero, qué largo me lo fiáis. Es la hora de Rajoy, ahora y no dentro de cinco meses, ante la tremenda cantidad de desaciertos de un Zapatero que no sabe lo que es la autocrítica ni, según parece, la prudencia. Sí, me quedo con Mariano Rajoy, pese a todo. A ¿Y usted qué opina? Déjenos su voto o su mensaje en la página web www. abc. es eldebate ASADO el estremecimiento inicial, el estupor ante la tragedia inimaginable, los tópicos y la demagogia más chocarrera empiezan a imponerse sobre la pavorosa realidad de Nueva Orleáns. Lo cierto es que la catástrofe es de una magnitud apocalíptica, que Bush ha reaccionado tarde y mal, y que Estados Unidos, por primera vez en su historia, ha pedido ayuda al exterior. El gigante humillado tiene que recibir lecciones de eficacia hasta del ministro José Antonio Alonso, al que se le colapsan las carreteras españolas cada puente o cada nevada. Es una tragedia, pero ya estamos en la fase de lecturas políticas y el manual del buen progresista establece claramente que las catástrofes no son producto del azar o de la faCARMEN talidad, sino de la perMARTÍNEZ versa mano de los conCASTRO servadores de cualquier ralea. Vale lo mismo para incendios forestales, accidentes de avión, mareas negras o, como vemos ahora, huracanes fuerza 5. El mito de la poderosa América naufraga en los canales que hace unos días eran las calles de Nueva Orleáns como consecuencia de las miserables leyes del mercado, la especulación inmobiliaria, el efecto invernadero, la venta de armas y- ¡cómo no! -el desvío de recursos públicos a la campaña bélica de Irak. El culpable exclusivo del desastre, según la ley de responsabilidades hemipléjicas, no es otro que el presidente Bush; nadie se acuerda de las autoridades locales. Ni la gobernadora ni el alcalde, casualmente demócratas los dos, han ofrecido explicación alguna sobre el caos previo a la llegada del Katrina o sobre el fracaso absoluto de los planes de emergencia en caso de inundación de la ciudad. Y queda todavía otro cliché más, pegajoso y rancio, adosado a esta tragedia: el supuesto racismo clasista. Se habría actuado tarde y mal porque la mayoría de los afectados son negros y pobres. No son las víctimas del Katrina sino de todo un modelo social- -el capitalismo americano- -tan pútrido como las aguas que anegan la ciudad. A semejante catálogo de topicazos sólo le falta la guinda. Me pregunto cuánto tardará Michael Moore en dejar caer su generosa humanidad por la zona para trabajarse el próximo Oscar de Hollywood y el respeto eterno del progresismo globalizado. Ese mausoleo líquido que es hoy Nueva Orleáns supone para muchos la imagen de la crisis definitiva del sistema capitalista, el mito que aún alimenta los sueños de tanto nostálgico del socialismo real. A falta de un discurso político renovado y eficaz, la izquierda intenta defender su pretendida superioridad moral a base de clichés y triquiñuelas más o menos afortunadas, más o menos mezquinas. Se ríen y creen que Castro humilla a EE. UU. ofreciéndole la ayuda de miles de médicos, pero olvidan que desde hace demasiados años en Cuba se vive mucho peor que hoy en el Astrodome de Houston.