Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 Opinión MARTES 6 9 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DEL DERECHO. UNIVERSIDAD DE LA CORUÑA LA PRÁCTICA DEL VISITEO N UESTROS abuelos, incluso nuestros padres- -los abuelos de nuestros hijos- utilizaban el visiteo como esmerada forma de cortesía. Los parientes bien avenidos y los amigos próximos, como suele hacerse en la Liga de fútbol, jugaban en encuentros de ida y vuelta al té con pastas o a la copa de vino generoso- -de Jerez, naturalmente- -con aceitunas y almendras, según fueran su nivel económico o su estado de salud. José Luis Rodríguez Zapatero, que parece joven y lo es cronológicamente, lleva un anciano en la barriga y por eso, sospecho, vive todavía en la Revolución de Asturias y tiene cuentas pendientes contraídas en la Guerra Civil. Zapatero es un M. MARTÍN socialista anacrónico FERRAND que, a diferencia de sus mayores en edad- -la generación de Felipe González- -piensa que la Transición se hizo sin que los perdedores les pasaran factura a los vencedores y que, por ello mismo, se hizo mal. Ahora juega a enmendarlo con piruetas estatutarias y no será difícil que le salga el tiro por la culata. En ese ejercicio del tradicional visiteo, Mariano Rajoy, que es muy cuidadoso con las formas y que no oculta su buena educación, se fue ayer a La Moncloa a echar la mañana con el presidente del Gobierno. Confesó después, a la salida, no conocer el motivo de la convocatoria, pero ésa es ya otra cuestión que se aleja del temperamento y las ideas gerontológicas de Zapatero. El presidente, pobrecito, es, para entendernos, como la reencarnación de sus camaradas de los años treinta- ¡hasta los busca, con pico y pala, abriendo las tumbas del pasado! -y eso obliga a mucho. Incluso, si el modelo se cumple con precisión, a la desintegración del Estado. Encontrarse con el jefe de la oposición es algo que impone el talante, y, como él mismo reconoce, acudir, desde la oposición, a una llamada del jefe del Gobierno entra en la práctica de los buenos modales. En consecuencia, ayer no pasó nada en las dos horas del vis a vis que sostuvieron, prisioneros de sus propias posiciones, Zapatero y Rajoy; pero tampoco podría decirse, con precisión, que fue una entrevista inútil. En contra de la praxis contemporánea, tan lejana de la pretensión de la excelencia, la cortesía es un valor imprescindible para la convivencia y, por ello, es bueno que de tiempo en tiempo- -y con mayor frecuencia si la necesidad lo requiere- -el presidente del Gobierno y el, por el momento, monopolista de la oposición se estrechen la mano y compartan, además de un café con galletas, tres o cuatro ideas básicas entre las seis o siete que realmente nos inquietan a los ciudadanos. No para acercar posturas, sino para adquirir la autoridad moral, si las cosas no marchan bien, del muy español ya te lo decía yo Cuando llegue el momento, que será pronto si fracasa la estrategia socialista frente al Estatut, Rajoy podrá parecer una letanía. LA EXPERIENCIA DE LA MEDIOCRIDAD Tras las reformas educativas, el autor se cuestiona si ahora los padres pueden, en igualdad de condiciones, incluidas, por supuesto, las económicas, elegir la educación que quieran para sus hijos (dentro del respeto a los principios fundamentales que establece la Constitución) AS leyes suelen reflejar, más que producir por sí mismas, los bienes y los males sociales. Acaso los problemas que padecemos en el ámbito de la educación, como tantos otros, procedan de causas poco visibles porque no son superficiales. Educar es una tarea que no tiene sentido si quien la emprende, sociedad, padre o profesor, carece de una idea última acerca de la persona. Nos ponemos a caminar sin saber ni con quién ni adónde vamos. Aquí reside la raíz del problema. Luego, las leyes pueden paliar el mal o agravarlo. El actual proyecto de Ley Orgánica de la Educación parece más orientado a lo segundo que a lo primero. Descontemos las concesiones, más bien sometimiento, a esa insoportable mezcla de jerga pedagógica y pseudolenguaje burocrático. Descontemos incluso esa tendencia a sustituir la religión o el patriotismo por la beatería constitucional, o la grandeza humana por la igualdad de los sexos. Olvidemos esa alcanfórica Educación para la Ciudadanía especie de Formación del Espíritu Constitucional emparejada a la Filosofía y trufada de aromas adoctrinadores. Dejemos de lado, incluso, la polémica entre la escuela estatal y la privada o la enseñanza de la Religión católica. Omitamos la falta de acuerdo, y casi de diálogo, entre los dos principales partidos políticos, aunque se trate de la más profunda y decisiva cuestión de Estado. Y centrémonos en tres aspectos: la calidad, la libertad de los padres y la vertebración nacional. No estamos L ante un debate político o ideológico, sino ante la supervivencia de la educación en su noble sentido originario. La calidad nace del rigor y de la exigencia, de la búsqueda de la excelencia. Antes que formar ciudadanos devotos de la Constitución, la escuela debe forjar en los alumnos hábitos de estudio, amor por la lectura silenciosa de los libros sabios, por las ciencias y las artes. Y, acaso, enseñarles a aborrecer el ruido y la mala música (al fin y al cabo, la misma cosa) Ni la ciencia ni las humanidades vacunan contra la barbarie, pero mucho menos lo hacen la incultura y la zafiedad. Hasta el final de la Secundaria Obligatoria (16 años) la promoción automática es un freno a la calidad. Luego, en el Bachillerato, ya es tarde para recuperar el tiempo perdido. Además, se facilita la promoción y se eliminan las nonatas Reválidas. La barrera final: una prueba única de Selectividad, que seguirán aprobando alrededor del 95 por ciento de los alumnos. ¿Qué fracaso escolar, entonces? El ideal igualitario sería que todos los alumnos recibieran la misma nota. Otra cosa entrañaría discriminación, agravio y autoestimas lesionadas. El elitismo se convierte en el supremo estigma y en el mayor pecado antidemocrático. Si todos somos iguales, ¿cómo será posible que unos sean mejores que otros en algún aspecto? Suprimidos el alma y su cuidado cultura animi sólo queda la salud