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34 Madrid LUNES 5 9 2005 ABC Llevan una década dándoles demasiados dolores de cabeza a la Policía y la Guardia Civil. Aunque sus palos no son ya tan numerosos, estas bandas van nutriendo sus filas con nuevos menores que se suman al robo con fuerza por excelencia: empotrar coches en escaparates Aluniceros delincuentes a más de 200 por hora TEXTO: CARLOS HIDALGO MADRID. Todo empezó como algo anecdótico, hace unos ocho años. Los delincuentes que viven en la zona de Las Torres, de lo peor de Villaverde, se dieron cuenta de la facilidad que suponía robar un coche y empotrarlo contra el escaparate de una tienda. No se les resistían ni las joyerías, con sus lunas blindadas. Ahora se cuentan por decenas en la región, se han multiplicado en otras zonas de España y traen de cabeza tanto a comerciantes como a las Fuerzas del Orden. Son los aluniceros expertos en utilizar la mayor de las fuerzas en sus robos a establecimientos de artículos de lujo. Como lujosos son también los vehículos que utilizan para dar sus palos. Fuentes policiales explicaron a ABC que los primeros coches que utilizaron estos delincuentes eran los Ford Mondeo. Su modus operandi era el robo del vehículo, que después empotraban contra la luna de la tienda, para poder desvalijarla- -incluso con gente dentro- si la Policía hacía acto de presencia, se echaban a la carrera, sin miramiento alguno, a más de 200 por hora. Darles caza era de lo más difícil. Cuando lograban zafarse de la presión policial, quemaban el coche en el polígono de Villaverde. Y vuelta a empezar. El modus operandi ha cambiado: ahora roban dos coches en vez de uno, y cada vez más potentes Muchos de los jóvenes delincuentes han pasado hasta seis veces por centros para menores Pronto, estos delincuentes, a menudo, de extrema peligrosidad, se dieron cuenta de que la impunidad de las leyes corría a su favor. Y cogieron nivel afirman las mismas fuentes. Y tanto. Del Mondeo pasaron a los Audi y BMW: rápidos, caros y de resistente carrocería. Conforme crecía el poder de estos grupos, los aluniceros se fueron extendiendo por otros distritos del sur como una mancha de aceite: aparecieron en Carabanchel, en Usera, en las dos Vallecas... Eso sí, salen de esos barrios, pero sus palos los dan en otros, como Salamanca o Chamartín, donde el poder adquisitivo y el nivel de los comercios es infinitamente mayor. Las joyerías ya eran su objetivo predilecto. Juventud, maldito tesoro Una característica les acompaña siempre: suelen ser personas muy jóvenes, incluso menores. ¿La razón? La legis-