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22 Internacional EL ZARPAZO DEL KATRINA VÍCTIMAS DE LA IMPREVISIÓN LUNES 5 9 2005 ABC Escuchamos disparos constantemente A. TORRES J. SÁINZ MADRID. Junto a los vecinos de la cuna del jazz, muchos visitantes también se vieron sorprendidos por el azote del Katrina en la gran ciudad del Estado de Luisiana. Entre ellos se encuentra el doctor norteamericano Gregory S. Henderson, que acudió a Nueva Orleáns para una convención médica. El doctor Henderson ha transmitido a ABC sus impresiones tras la catástrofe. Son las dos de la madrugada. Espero que este mensaje pueda llegarles bien. Muchas gracias por vuestras oraciones. Estamos atrapados en el Hotel Ritz Carlton, en el barrio francés. Necesitamos ayuda y la situación empeora con el tiempo, inexorablemente. El edificio es antiguo y probablemente su estructura esté profundamente dañada. Los primeros pisos de todos los edificios están anegados. Hemos oído que el hospital Charity y el Tulane no pueden funcionar. No hay agua potable. Todo está infectado. No funciona el alcantarillado, no hay electricidad, no existen las comunicaciones. Los cadáveres flotan en el agua. Tememos un brote de una epidemia de cólera La violencia se extiende. Son gente pobre y desesperada. Sin hogar, sin atención médica, sin comida, sin agua. Sólo quieren salvar a sus familias. No obstante muchos están armados y son peligrosos. Escuchamos disparos constantemente. Necesitamos una mayor presencia de la Guardia Nacional La situación sanitaria es lamentable. En el hotel hay muchos ancianos y niños pequeños. Hay casos de virus del sida. Contamos con siete doctores en el hotel y con algún farmacéutico. Pienso que éste es el mejor dispensario médico del que disponemos en el centro de la ciudad Nuestra aventura del día consistió en alcanzar una farmacia Wallgreens navegando a través del canal, escoltados por algunos agentes de Policía. La farmacia estaba oscura e inundada. Nos llevamos todas las medicinas que pudimos. Hemos establecido un hospital de campaña en el bar del hotel y hemos comenzado a recibir y atender a pacientes. Los problemas médicos son múltiples. Las infecciones y el temor a un incontrolado brote de cólera son nuestros mayores miedos. El fin de los suministros de agua y comida de los que disponemos es inminente Escuchamos el sonido de cazas y helicópteros, pero aquí no ha llegado nadie del Ejercito. No hay equipos de rescate ni de la Cruz Roja. No podemos volver a casa, no podemos salir Ángel Miranda, junto con tres jóvenes amigas españolas en su restaurante Lola s en una imagen anterior al ciclón ABC Entre los zarandeados por el ciclón, Ángel Miranda, restaurador español afincado en Nueva Orleáns desde hace 23 años, decidió afrontar en su casa la amenaza Podré resistir una semana más ANDRÉS TORRES MADRID. Ángel Miranda, sevillano de 52 años y residente enNueva Orleáns desde hace más de dos décadas, ya anticipó a este diario que se aprestaba a enfrentarse en su casa a los embates del Katrina Decidió permanecer allí cuando su ex mujer le dijo que se quedaba en la ciudad junto a sus tres hijos comunes. Luego, los chicos conseguirían huir milagrosamente a Houston minutos antes de que el huracán convirtiera Nueva Orleáns en una prisión flotante. Miranda habló con ABC desde la terraza de su hogar, convertido gracias a su ingenio en una fortaleza que ha podido resistir al Katrina A mí nadie me va a refugiar en Houston. Yo de momento me quedo en mi casa dice este restaurador andaluz, dueño del restaurante Lola s punto de encuentro para los amantes de la gastronomía española en la capital del jazz. Antes de la llegada del ciclón, vacié la despensa de Lola s Mis vecinos y yo no pasamos hambre, y gran parte de los alimentos los he donado a la parroquia relata. No tiene miedo de los saqueadores. El medio metro de aguas infectadas que acordona su casa al oeste de Nueva Orleáns es, al mismo tiempo, su maldición y su defensa frente a la desesperación que empuja a los bandidos. Calculo que podré resistir una semana más. La comida se pudre. No hay electricidad, pero tengo todo guardado en muchas neveras de playa cuenta. Los días se suceden en la ciudad sumergida en una exasperante rutina. Los helicópterosme despiertan a las siete de la mañana. No hay agua corriente, no hay luz, hace mucho calor, entre 35 y 38 grados, y la humedad ronda el cien por cien, pero lo peor es la plaga de mosquitos La astucia de este andaluz, no obstan- te, le permite superar por el momento todos los obstáculos. Puso su coche a salvo de la furia de las aguas desbordadas gracias a un elevador del que dispone en su garage. La batería del vehículo permite a Ángel utilizar el teléfono móvil- -la comunicación en Nueva Orleáns es casi imposible tras el paso del Katrina -y puede ver la televisión y escuchar la radio. Dedica gran parte del día a limpiar cuanto puede con lejía para derrotar a las hordas de gérmenes y bacterias procedentes de la ciénaga que se ha apoderado de la ciudad. Incluso, comenta ufano, combate el hastío junto a sus vecinos con comidas y meriendas en su terraza. Acompañadas de buen vino, español por supuesto puntualiza. Hace mucho calor, mucha humedad, pero lo peor es la plaga de mosquitos Otra española evacuada La joven valenciana Lorena Hernández calificó ayer su estancia durante más de una semana en Nueva Orleans como un campo de guerra Tras ser evacuada de la ciudad por la Guardia Nacional en una misión internacional con destino a Baton Rouge, aseguró que desde el sábado pasado, más de una semana, hemos estado en condiciones pésimas, sin luz, sin agua, casi sin comida, sin poder salir a la calle por toda la violencia y el peligro que había, como si esto fuera un campo de guerra Así, describió un escenario en el que, especialmente por la noche, se oían muchos gritos, peleas, ruidos, cristales rotos