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14 Nacional LUNES 5 9 2005 ABC LITURGIA EN LA MONCLOA s paradójica esta liturgia de las entrevistas entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición porque su sentido parece estar al margen de los posibles acuerdos. Le sirven a Zapatero como epígono de su talante y a Rajoy para desquitarse al menos de las acusaciones de visceralidad. Luego todo vuelve a ser como antes. El presidente, por el momento, no ha querido salir de la escenografía particular con la que ganó las elecciones: una suerte de demonización del PP que movilizó a su favor a votantes más radicales o más alejados de la discusión política en el terreno de lo posible Al fin y al cabo, no fueron tantos los votos GERMÁN perdidos por los conserYANKE vadores, pero sí llamativos los que se sumaron a última hora al PSOE. Zapatero, adelantando o subrayando algunas de sus promesas y añadiendo otras nuevas, ha querido mantener vivo ese especial ambiente político, que se quebraría si opta de pronto por el consenso con el PP. Lo esbozó en su anterior entrevista con Rajoy, tras el fracaso de su encuentro con Ibarretxe, pero tuvo que volver inmediatamente sobre sus pasos para mantener ese liderazgo por agregación al que se ha abonado. El presidente del PP tiene en esta liturgia el mejor papel. Acude, escucha, propone acuerdos sin dejar de ser cada día más escéptico. Ya no dará, imagino, muestras de entusiasmo como tras la entrevista del 14 de enero. Si no logra acuerdos, se afianza como el gran negador; si alguno llega, abrirá una brecha en el voto prestado a los socialistas por los más radicalmente anti PP sobre todo los que han hecho de esta oposición su único contenido ideológico. Pero le vendría bien, entre la confrontación y las ofertas de entendimiento, recordar siempre que la labor de la oposición es incompleta sin la pedagogía de una alternativa. No debe ser el objetivo final del PP restar al PSOE los votos que nunca serán suyos, sino la conquista de los posibles, en una zona templada entre ambos, mediante la adecuada reflexión intelectual y la acertada explicación política. El presidente del Gobierno no puede, por su parte, convertir al PP- -o lo que llama la intransigencia del PP- -en una suerte de disculpa cosmética para el lío en el que se ha metido pactando con quienes ni entienden lo que puede significar una socialdemocracia moderna ni quieren formalizar, sometidos a los atavismos del nacionalismo, una nación democrática. Tampoco le debería bastar con la táctica de mantenerlos junto a él y podría, razonablemente, batallar por votos convencidos y no prestados ocasionalmente. Para añadir sentido a la liturgia de La Moncloa bastaría con reparar en que el único consenso necesario es el del Estado de Derecho y el sistema democrático. En ese escenario, PP y PSOE deberían discutir, con tanta serenidad como contundencia, sus distintas opciones. Las suyas, no las de las circunstancias, que siempre son adversas. Rajoy va a Moncloa con confianza renovada en su partido. ¿Cómo es posible alimentar con más dinero un sistema que según dicen no ha funcionado? -La magia política lleva a que la ya inventada definición de España reconcilie a los socialistas E Desayuno sin diamantes TEXTO: CHARO ZARZALEJOS MADRID. Cuando hoy Mariano Rajoy llegue a Moncloa, lo hará con más seguridad en sí mismo y en su partido que hace un año. Lo peor para los populares- -creen ellos- -ya ha pasado. El cónclave de Segovia, en donde Jaime Mayor y Piqué, Acebes y Ruiz- Gallardón, se han puesto de acuerdo para el futuro más inmediato, no es cuestión menor para un partido que ha sorteado todos los elementos necesarios para entrar en abierta crisis interna. No ha sido así. Y por ello, y porque Rajoy sabe que en política todas las alianzas tienen algo de oportunistas, el jefe de la oposición acude hoy a desayunar con el presidente del Gobierno. No habrá diamantes, y es probable que ni bisutería fina. En realidad, los acuerdos que pretende el jefe de la oposición requieren más que voluntad y disposición en el jefe del Gobierno. Requerirían, probablemente, un cambio estratégico en asuntos como el debate territorial o la política antiterrorista. Ni en uno ni en otro, según se afirma en Ferraz y se corrobora en Moncloa: Está previsto cambiar el rumbo de la legislatura. Nuestros socios son los que son y, como ha recordado el presidente, las reformas en marcha son nuestras reformas Rajoy se va encontrar con un presidente que ayer en León superó con creces el famoso España va bien de Aznar y que el sábado vio cómo, en apariencia y como si de salir del paso se tratara, logró reconciliar según explicó Rodríguez Ibarra, a todos los socialistas en torno al debate territorial, poniendo sobre el papel que España es una realidad formada por nacionalidades y regiones. Rajoy, con Ana Pastor, ayer en una fiesta en Pontevedra EFE Algunos muy próximos a Zapatero creen necesario que de la reunión de hoy salga algo Una mera conversación desgasta a ambos argumentan En la reunión de hoy, creen, se abordará la financiación sanitaria. En este punto, socialistas y populares son esclavos de sus palabras y de sus contradicciones. En la etapa del PP, recaudar más a través del denominado céntimo sanitario desvertebraba España, como dijo entonces Zapatero; ahora, formulas similares son tachadas de injustas por el PP. En todo caso, llama la atención que los socialistas no sólo no hayan modificado un sistema que, afirma el ministro Sevilla, es el responsable de la actual situación, sino que lo alimenten a base de meter más dinero sin más modificaciones. El PP introdujo el céntimo sanitario y retiró medicamentos de la Seguridad Social, siguiendo el criterio de dinero, sí, y de ahorro también. Ahora, sólo dinero, y mirando siempre al Estado. Alfonso Guerra, ayer en León, dijo que menos pedir y más ahorrar. Un paseo por las administraciones autonómicas se está convirtiendo en un ejercicio necesario para evaluar el ahorro posible: publicaciones innecesarias y carísimas, parques móviles desmesurados, protocolos que ni en Moncloa, televisiones que sirven para inventar productoras que a su vez generan clientelismo... Algunos muy próximos a Zapate- ro creen necesario que de la reunión de hoy salga algo Una mera conversación desgasta a ambos dicen estos mismos; pero en el PP creen que no, que un no acuerdo a Rajoy no le hace daño, cualquier cosa menos que nos tomen el pelo Todo apunta a que lo razonable es, visto lo visto, no generar expectativa alguna. El no acuerdo va a servir, en cualquier caso, para que el presidente del Gobierno, y con él el PSOE, que son los importantes porque son los que mandan, no pueda decir que no pudieron hacer las cosas de otra manera. El Plan vigente El desayuno de hoy está en las vísperas del encuentro con Ibarretxe. Balza, consejero de Interior y considerado hombre de Imaz en el Gobierno, ya ha declarado que el Plan sigue vigente, y los nacionalistas se afanan en presionar al Gobierno para un acercamiento de presos. Mientras, Otegi advierte que la paciencia de la izquierda abertzale tiene un límite. Y para los nacionalistas en el Congreso, primero ampliación de la Ertzaintza, gastos del Prestige y Cupo, para luego empezar a hablar de Presupuestos. En el Parlamento Vasco este año no va a celebrarse el debate de política general, y no habrá otro debate hasta que se resuelva el Estatuto catalán. Y en Cataluña habrá Estatuto. Es la carta necesaria para abordar la partida vasca, y es en esta partida en la que Zapatero puede jugarse, no ya la legislatura, sino las elecciones. Muchos socialistas se preguntan un día después quién fue el que tuvo la brillante idea de escribir eso de que disuadir de fumar y de beber es de izquierdas. No puede ser que el presidente se lo crea. Los socios y la reconciliación No inventaron nada los socialistas, pero creen los más hartos del debate catalán que Pasquall lo deberá tener en cuenta Pero, ¿y ERC? Después de tanto dar vueltas a la noria, ¿asumen los socios del PSOE los términos de la reconciliación socialista? ¿Para llegar a lo sabido y consagrado son necesarias tantas expectativas? La experiencia nos dice que el papel lo aguanta todo. Los más sinceros de la comisión federal auguran que el debate interno no ha acabado, y en el PP- -donde comparten el criterio de reformar para ir más de la mano, para hacer más España -opinan que a estas alturas Zapatero no puede desandar el camino andado. Él relativizó el término nación y los nacionalistas se lo van a recordar