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72 Los domingos DOMINGO 4 9 2005 ABC EL PERFIL DE LA SEMANA SERGIO RAMOS Jugador del Real Madrid EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI El defensa recién comprado por el club de Florentino Pérez está considerado como el zaguero de más futuro del fútbol español, una especie de nuevo Puyol con la cabeza muy bien amueblada y un entorno familiar que le confiere una gran seguridad en sí mismo TERCERMUNDISMO El muro de Camas e ha dormido en Camas esta semana, ni en Sevilla, ni en Madrid. Muchas ramificaciones salidas de un mismo tronco, el de Sergio Ramos, flamante fichaje del Real Madrid después de una rocambolesca historia que ha llevado al joven defensa del Sevilla, de 19 años, a las filas del equipo de Florentino Pérez. Considerado como el defensa del futuro, el nuevo Puyol del fútbol español, la historia de Sergio Ramos (Camas, 30- 3- 1986) se aleja de los estereotipos de los futbolistas llegados a la cantera del Sevilla. Mientras perlas surgidas de las divisiones inferiores del club sevillista procedían de hogares humildes (José Mari, Reyes, Diego Capel o Jesús Navas) la familia de Sergio Ramos es de nivel económico acomodado. Su padre es un conocido empresario inmobiliario de éxito en la capital andaluza (relacionado con Juan Guerra) y su hermano René es ex futbolista y se ha convertido en su representante. Fue este entorno familiar de gran seguridad el que forjó el carácter del futbolista, un chico que siempre se adelantó a su época. Desde pequeño tuvo claro que su camino era el balón y su meta el el laurel. A los ocho años ya quiso meterse en el equipo de su pueblo pero era pequeño. Sería la única ocasión pues una vez que entró en los equipos que fueron forjando su trayectoria, destacó por su físico y, sobre todo, por su desparpajo para moverse entre chicos de mayor edad que él. Entraba en los equipos con dos años menos que el resto, pero siempre destacaba. La firmeza y la seguridad en sí mismo, el llegar a la meta con una tenacidad a prueba de bomba han sido siempre sus normas en esta vida. Para ejemplo, un botón: un día llegó el Barcelona a Sevilla y hasta allí se fue Sergio Ramos con un enjambre de niños buscando autógrafos de sus ídolos. El de Sergio no estaba en el Barcelona. Se llamaba Bebeto y estaba en el Deportivo, pero detrás del brasileño estaba Ronaldo y se alojaba en el hotel Colón. Claro, que en medio había un servicio de seguridad infranqueable. Infranqueable para todos menos para Sergio, que se acabó colando por una ventana de donde tuvieron que bajarle Bake- U Nos POR JOSÉ MANUEL CUÉLLAR ro y Nadal. Al final, consiguió el autógrafo de Ronaldo. Amigo de los donuts y de los pucheros de su madre, el niño creció con un gran desarrollo. De pequeño era el retrato de Ronaldo pues jugaba de delantero y arrancaba como el brasileño, como un bisonte que se llevaba todo por delante. A los once años, el boca a boca en la ciudad de Sevilla llegó a los oídos del ganadero Juan José Arenas, que era muy amigo de Pablo Blanco, el coordinador de las divisiones inferiores del Sevilla. El chico se paseaba por las calles de Camas con diversas camisetas, la del Madrid, Barcelona, Sevilla, Deportivo, Valencia... con todas menos con la del Betis. Así que era blanco como el papel. A sus once años se presentó en la Ciudad Deportiva del Sevilla y su tremenda seguridad en sí mismo dejó perplejos a los técnicos del club. No tardaron ni una décima de segundo en ficharle para descanso de los vecinos de su casa, que se habían cansado de regañar al chico porque no paraba de pegarle al ba- lón contra una puerta metálica de la plaza en hora de la siesta. Al llegar al alevín, los técnicos le fueron retrasando: Era tan fuerte que decidimos que jugara más atrás En el cadete le colocaron como medio volante y en el juvenil A ya jugaba como central. Pero los baremos que había roto como infantil los rompió también en las divisiones inferiores del Sevilla. Así, a los 13 años estaba en el equipo cadete con compañeros de 15 años. A los 15 llegaba a los juveniles mientras el resto rondaba los 18 años. A los 17 años debutaba en Primera y a los 19 ya era internacional. Joaquín Caparrós no creía lo que veía: Aunque su desarrollo físico era grande, con tres o cuatro años menos que el resto ya no destacaba tanto, pero lo que se salía de lo normal era su madurez personal, su desparpajo a la hora de asumir situaciones complicadas, La primera vez que le vio Caparrós lo tuvo claro: En cuanto le mostremos éste será un fijo en la selección Y tan fijo. na cosa es la miseria y otra muy distinta el tercermundismo, porque el tercermundismo tiene que ver con la gestión. Incluso con la gestión de la riqueza. Así, se podría ser pobre y no necesariamente tercermundista, a la vez que uno podría ser infinitamente rico y del todo tercermundista. Por lo tanto, de vez en cuando uno contempla cosas que ocurren en Europa y advierte incrédulo una gestión tercermundista. Y esa misma perplejidad me arrasa mientras observo cuanto sucede en Nueva Orleáns tras el paso del huracán Katrina La miseria es otra cosa. A menudo uno asocia miseria y tercermundismo y lo primero que se nos viene a la cabeza es una estampa andina, africana o malaya. Sin embargo, The New York Times ha publicado una foto en la que una serie de mujeres afroamericanas lloran desconsoladas, bajo el escalofriante título This is not Iraq, this is not Somalia. This is home Y es que la miseria también puede ser el dolor, la helada desolación tras la catástrofe. Tampoco hace falta ser pobre para caer en la miseria. Una gestión puede ser tercermundista, pero la miseria es siempre individual porque no hay personas tercermundistas. Otra cosa son los canallas. He descubierto que pertenezco a la minoría que no se alegra de que le ocurra una desgracia a los EE. UU. En realidad, nunca me alegra la desgracia ajena. Ni la del Primer Mundo ni la del Tercero, pero parece mentira que sí existan sujetos que ante la devastación de Nueva Orleáns manifiesten su alegría a través de la radio, de la prensa y de los foros de internet. Esa morralla se comporta exactamente igual que las turbas de saqueadores y violadores que rapiñan sobre los escombros. Serán unos pocos, pero nos avergüenzan a todos. Los diarios de todo el mundo informaron al mismo tiempo de la tragedia de Bagdad y los siniestros de Nueva Orleáns. En ambos escenarios el dolor era el mismo, la desolación idéntica y la impotencia común. Quizás en una de las dos ciudades había servicios y atenciones más eficaces y sofisticadas que en la otra, pero podría asegurar que tras el vértigo de morgues, rescates y hospitales- -tanto en Bagdad como en Nueva Orleáns- -sólo quedarán individuos arrasados en la infinita soledad de sus desgracias personales. ¿Eso es igualdad? No, sólo es simetría. Con vergüenza ajena he leído y escuchado abyecciones de todo tipo, recreándose en el dolor de los ciudadanos de Nueva Orleáns, tan sólo por ser ciudadanos de los Estados Unidos. No tenía ni idea de que el resentimiento y el antiamericanismo de esos canallas fuera tan grande. Por no hablar del racismo que hiede en algunos mensajes. Aquí censuramos el racismo en los estadios para que no se nos vea el plumero por televisión, pero si alguien se tomara la molestia de leer ciertos comentarios perpetrados en los foros digitales sobre Nueva Orleáns, podría leer las cosas más repugnantes sobre la desgracia ajena. Aunque haya un antiamericanismo de izquierdas y otro de derechas, los canallas sí que son siempre iguales. Ignoro lo que el gran público sepa sobre Nueva Orleáns, más allá de su contribución musical a la humanidad a través del jazz. Sin embargo, existe una gastronomía única- -la Creole Food o Cajun Cuisine -y sus viejos cementerios- Lafayette y St. Louis -son las joyas de la ciudad, pues las tumbas son como cabinas telefónicas, precisamente para evitar que las inundaciones desentierren a los muertos. Y cuando se retiren las aguas sólo quedarán sarcófagos verticales. www. fernandoiwasaki. com