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66 Los domingos DOMINGO 4 9 2005 ABC ESPAÑA, PUERTA DE INMIGRACIÓN Melilla Asalto nocturno a Europa Saltar la valla que separa Marruecos de Europa en Melilla es el objetivo de un aluvión de subsaharianos que lo intenta hasta la saciedad, hasta dejarse la propia vida TEXTO: JOSÉ M ARENZANA FOTOS: EDUARDO MANZANAS Las escaleras para saltar la valla hechas por los inmigrantes se amontonan en la frontera o último de lo que un europeo desearía desprenderse al entrar en un país africano sería de su pasaporte. A la inversa, la cosa cambia. En los alrededores de la frontera melillense- marroquí, el primer mandamiento para un subsahariano que aspira a cruzar la verja (con riesgo de la propia vida si es preciso) le exige deshacerse de toda documentación que permita acreditar su procedencia. Paradójicamente, la ausencia de papeles es el salvoconducto inmediato y más seguro para garantizarse la no expulsión, si bien, antes es preciso lograr otro objetivo bastante más difícil que quemar un pasaporte, como es poner los pies de este lado de la verja para luego... dejarse atrapar. Parece un sinsentido: primero se emboscan para no ser vistos, luego saltan la verja despavoridos y tratan de evitar la captura y, acto seguido, una vez alcanzado suelo español, se dejan coger dócilmente por la Guardia Civil para ser trasladados con comodidad en un vehículo hasta la Comisaría de la Policía Nacional, en el centro de la ciudad, donde los guardias civiles les ayudarán a rellenar un expediente de expulsión ininteligible para los detenidos pero que no podrá demostrar su nacionalidad, lo que les impedirá ser repatriados. Esa es la ley. Y los subsaharianos se la saben de memoria. Ouma, un bambara de la región de Mopti (Malí) lo consiguió la noche del domingo pasado, día 28 de agosto. Era su sexta tentativa de asalto en el último mes. Tuvo suerte, pues sólo llevaba mes y medio (algunos llevan años y aún no lo han logrado) deambulando por los L alrededores del monte Gurugú y por los pinares de Farhana y Marihouari, colindantes con la verja de Melilla. Ouma atravesó el desierto maliano y argelino en coche. El resto del viaje, a través de Marruecos, lo hizo a pie. Durante el mes largo que pasó en Marruecos vivió de la caridad, narra. Cuando le pregunto si es musulmán, responde sonriente y lleno de ironía: Quand même! algo así como: ¡Por supuesto! O bien: ¡Faltaría más! expresando de ese modo que tal vez sería budista si las circunstancias se lo hubiesen exigido. Ambos nos reímos a carcajadas. Lo cierto es que aquella noche, a eso de las 22.20 horas, al igual que otras muchas del verano de 2005, se convirtió en una estampida de personas, como si la Feria, que en estos días se celebra en el bonito Parque Hernández de la ciudad autónoma española, se hubiese trasladado a los alrededores. Dos nutridos grupos de inmigrantes de distintas nacionalidades (Nigeria, Ghana, Malí, Camerún... emprendieron el asalto coordinado por sendos puntos de la valla de defensa de 12 kilómetros de largo que rodea a la ciudad. El primer grupo, el más pequeño, por la zona sur, la del barrio chino, quizá se tratase de una maniobra de distracción; el segundo, el más numeroso, de unos 300 inmigrantes, por el norte, por el pinar que del lado marroquí se nomina de Marihouari, y de este otro de Rostrogordo. En esta última parte, la dos vallas paralelas tienen aún la misma altura, poco más de dos metros, mientras que en la mayor parte del trazado la segunda alambrada se alza ya por encima de los seis metros de altura, lo que dificulta las posibilidades