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64 Los domingos DOMINGO 4 9 2005 ABC EL AZOTE KATRINA Lo único importante es que estamos vivos Entre las víctimas del Katrina hay un puñado de españoles que se han visto forzados al exilio impuesto por el huracán. Esta es la historia de Sonia, barcelonesa, casada con un americano, y su hijo POR ANDRÉS TORRES uando Atila, rey de los hunos, cabalgaba, la hierba no volvía a crecer bajo los cascos de su caballo. Así es el reguero de destrucción, terror y muerte que ha dejado el Katrina en el sureste del gigante americano. La tragedia no sólo se ha cebado con sus víctimas en Nueva Orleáns, sino un poco aquí y allá. Son muchos los ciudadanos forzados a huir de sus hogares sin poder siquiera mirar atrás, obligados a enterrar allí sus memorias. En esta situación se encuentra Sonia Salas, esteticista barcelonesa de 41 años de edad. En la Ciudad Condal conoció a Tim Allen, un programador informático de Texas que sería su futuro marido. Con el hijo de ambos, el pequeño Daniel, de sólo 4 años, se mudaron a Nueva Orleáns atraídos por los vínculos familiares de su esposo. El pasado sábado abandonaron su casa de Algiers Point, obedeciendo a la preocupación creciente de sus parientes en Estados Unidos, que pusieron mayor énfasis en que escaparan de la ciudad que las propias autoridades competentes. Apenas cogimos cuatro cosas recuerda Sonia, todavía afectada por lo que en psiquiatría se denomina síndrome de estrés postraumático. Sobre todo fotos explica. Atrás quedaron sus recuerdos sepultados bajo las aguas. Desde entonces, los tres viven en la habitación 600 del hotel Marriot de Filadelfia. El futuro es una incógnita. No sabemos qué vamos a hacer, pensábamos mudarnos de Nueva Orleáns porque es una ciudad insegura, pero no de este modo. No podemos volver, pero si pudiéramos regresar a casa, si siguiera en pie, nos recibirían a tiro limpio afirma Sonia. Así justifica esta barcelonesa la ola de violencia y saqueos que sacude la ciudad sumergida: Allí hay muchísima miseria. Siempre la ha habido. Muchas veces me preguntaba cómo podía pasar esto en una ciudad de Estados Unidos. Mucha gente no ha podido escapar porque no tienen medios ni lugar a dónde ir C No podemos volver a casa, no sabemos si sigue en pie, pero si lo hiciéramos nos recibirían a tiro limpio ABC adelantaba el jueves que muchos residentes de las zonas afectadas por la catástrofe no tomaron en serio las advertencias gubernamentales- -la evacuación completa e inmediata de la ciudad se decretó apenas 24 horas antes del impacto del Katrina acostumbrados como están al paso de huracanes por el sureste de los Estados Unidos. El año pasado ocurrió lo mismo con el Iván aquí están habituados a los ciclones, pero esta vez todos nos hemos visto sorprendidos. Normalmente se conoce el recorrido de los huracanes pero nadie esperaba que cuando el Katrina entrara en el Golfo de México rebotara con tanta fuerza contra Nueva Orleáns dice Sonia. Los tres lo están pasando mal. Durante la conversación telefónica, Sonia pregunta en qué día nos encontramos, y cuando el pequeño Daniel interrumpe preguntando por sus juguetes en un perfecto inglés, su madre nos confiesa que la tensión acumulada a veces le obstaculiza la comprensión de la lengua materna de su marido. Sonia resume sus sentimientos en una mezcolanza de pena, rabia e impotencia, pero es consciente de que lo verdaderamente importante es que estamos juntos, mi hijo, mi marido y yo, y, sobre todo, que estamos vivos RAY NAGIN Alcalde de Nueva Orleáns De corazón republicano pero práctico demócrata, este millonario ha roto el tabú de la corrección política La voz desesperada de Nueva Orleáns POR PEDRO RODRÍGUEZ WASHINGTON Sólo importa escapar, aunque sea con lo puesto EPA as antípodas del calmado ejemplo de Rudolph Giuliani al frente de Nueva York tras el 11- S, Ray Nagin- -el alcalde negro de Nueva Orleáns- -ha terminado por convertirse con su cabeza rapada y su barba peliculera en la voz desesperada de una ciudad que en estos trágicos momentos parece tener más historia que futuro. Hace tres años, el millonario ejecutivo de un consorcio de televisión de cable irrumpió en la política municipal con la promesa de terminar con la endémica corrupción de todo lo relacionado con el ayuntamiento. Aunque era un activo simpatizante del Partido Republicano, hasta el punto de haber realizado donaciones electorales a candidatos como el propio presidente Bush, Ray Nagin se afilió repentinamente al Partido Demócrata para avanzar con más facilidad por el peculiar sistema electoral de inspiración francesa que rige en Luisiana. Con su carisma, tono coloquial y sinceridad, terminó por ganar la alcaldía de Nueva Orleáns en segunda vuelta con un 59 de los votos emitidos en mayo del 2002 tras un pulso definitivo con su más directo rival, el jefe de Policía Richard Pennington. Desde su desembarco municipal, el primer edil ha protagonizado una intensa, comentada y Enl refrescante campaña de lucha contra las múltiples corruptelas del gobierno local, desde las fraudulentas licencias de taxi pasando por las sospechosamente bajas tasaciones inmobiliarias hasta la opaca licitación de servicios públicos. Esta ofensiva, que llegó incluso a llevarse por delante a familiares del alcalde, ha servido para consolidar su credibilidad, prestigio y popularidad bipartidista. Aunque algunos líderes de la comunidad negra le han reprochado gobernar con demasiados ayudantes blancos. Con estas credenciales, durante esta semana en que Luisiana ha rivalizado con Somalia, Ray Nagin a sus 49 años ha roto el tabú de la corrección política y discursos coreografiados que impera en la vida pública de Estados Unidos. No dudando en utilizar palabras malsonantes y argumentos desgarradores para reclamar con vehemencia la ayuda que su ciudad no ha logrado hasta este viernes. A medio camino entre la premonición y el colmo de las ironías, este hijo de familia humilde con demostrada capacidad de administrador reconoció el año pasado que uno de sus libros favoritos era una historia sobre la gran inundación de 1927 de la que Nueva Orleáns consiguió salvarse por poco. Una buena suerte que no se ha vuelto a repetir esta vez con Katrina