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ABC DOMINGO 4 9 2005 Los domingos 63 Refugiados de un hotel son evacuados al infierno del Superdome AP dos vestimos polos blancos, pronto vamos a parecer un colegio de monjas católicas bromeaba Linda Watrin, una voluntaria de Ohio que ha llegado con la Cruz Roja. Es agradable cambiarse de ropa después de haberte pasado casi una semana con lo que llevabas puesto cuando sobreviviste a la riada explica. No lo sabe por experiencia propia, ella sólo lleva un día en el albergue, pero ya le parece una eternidad y no le cuesta imaginar lo que sienten los afectados. Si me preguntas qué es lo que más necesitamos dice espontáneamente, como si aprovechase la conversación para poner un anuncio en el periódico, ropa interior. De hombre, de mujer, de niño, de todas las clases y tallas Su papel es el de consejera, a eso se dedicaba en la universidad antes de jubilarse y ofrecerse de voluntaria. Es una mezcla de asistente social, psicóloga, animadora, relaciones públicas, enfermera Los niños son mis mejores aliados explica. Les asigno trabajos con los que ayudarme y ellos se entusiasman porque les hace sentir importantes Cerrar sillas, fregar los suelos, recoger basura... También hay una compensación para ellos. Linda les ha organizado un salón de juegos en el segundo piso, precisamente donde Jacob casi se pega con otro hombre por el ventilador. Una mujer vietnamita me ha ha enseñado a hacer marionetas. ¡A los niños les encanta! No es fácil domar la energía de niños cansados y aburridos, encerrados en un colegio, así que todo el mundo agradece el esfuerzo, pese a que cada uno tenga su propia agenda. Algunos han conseguido que les lleven en autobús a un Walmart que ha reabierto a 40 minutos de carretera para comprar sus medicinas. Claro que, como la mayoría necesita receta, se tendrá que conformar con poco más que La primera pelea estalló en la cola de la comida. Hubo hombres que no comieron en dos días y ancianos que tirados sobre cartones sólo esperaban la muerte aspirinas. El autobús nunca vuelve a recogerlos, y algunos regresan al anochecer en autostop. Uno de ellos es George Rockwell, de 73 años de edad. Para cuando vuelve se ha hecho famoso en el albergue sin saberlo. La gente ha repetido su nombre por todos los pasillos y en un sitio donde no hay nada que hacer a nadie le podían pasar inadvertidas las cámaras de televisión de la NBC, y tras ellas, una de sus caras más conocidas, la de Brown Campbell. Una mujer de Baton Rouge apareció en su rulotte de Biloxi para suplicarle que le ayudase a encontrar a su padre, al que una tía de Michigan aseguraba haber visto la noche anterior en una imagen que la cadena tomó en un albergue. ¿Dónde está ese albergue? le suplicaba con lágrimas. No he sabido nada de él desde el sábado La historia acaba en gritos de entusiasmo y fuertes abrazos, filmados en directo. Una anciana negra y huesuda, con un ojo a la virulé y un solo diente por sonrisa, se ríe a toda mandíbula. Alguien va a escapar del infierno. La chica, ejecutiva de una gran empresa, parece reunir las condiciones para asegurar un hogar digno al anciano con el que ha compartido sus miserias. Tal vez también hay esperanza para ellos. Detrás de la guitarra Ha permanecido de pie, imperturbable, como telón de fondo y símbolo de lo que pudo ser y no fue. La gigantesca guitarra del Hotel Casino Hard Rock Café, que se erige a todo lo largo de sus 14 pisos de altura, ha sido el solitario telón de fondo en medio de la destrucción absoluta que han recogido las cámaras de televisión que han pasado por Biloxi. Hasta el presidente George W. Bush ha desfilado frente a ella como si fuera una bandera. Si hubiera que marcar un kilómetro cero donde el huracán Katrina tocó tierra el lunes pasado, empezaría aquí. La ironía no podía ser más amarga. La multinacional que ha hecho del rock and roll su sello iba a inaugurar su último y más lujoso centro hotelero precisamente el jueves pasado. Todo estaba ahí cuando cerramos la puerta el domingo decía una de las empleadas de seguridad que vagaba por los alrededores, en busca de su cheque. Las piezas de coleccionistas en las vitrinas y el dinero en la caja fuerte Parte de esas joyas de la historia del rock que harían las delicias- -y muchos millones- -en las subastas de Christie s, navegan ahora con las corrientes del Golfo de México. El primer contrato original que firmaron los miembros de The Door en 1968, por 6.000 dólares al año cada uno, cuando Jim Morrison era sólo James Douglas Morrison, sigue colgado en una de las columnas del lobby más alto, pero el cinturón de Motley Crue ha dejado solo al de Marilyn Manson. El corpiño negro con pezones de plata que vistió Madonna en la gira del año REUTERS bre había pedido mover uno de los cuatro ventiladores gigantes enchufados a un generador que ventilan simbólicamente el colegio de Séptimo Grado Michel en el que se ha montado el albergue. Ese ventilador de la segunda planta estaba dedicado a las mujeres y los niños. ¿Y tú que crees, hijo de puta, qué debemos moverlo para que los bebés se mueran de calor y a ti te dé el aire en la cara, o no? le preguntó Jacob. Por la tarde un hombre de Chicago aparcó en la puerta y descargó bolsas de ropa limpia que había recogido de entre sus vecinos. La multitud casi se vuelve turba. Los responsables del centro pidieron voluntarios para repartirla, pero los que se ofrecieron a hacerlo abandonaron las cajas tan pronto como encontraron una muda limpia para su familia. Ahora to- La gigantesca guitarra del Hard Rock ya es una bandera de la desolación 1987 Who s that girl sigue imperturbable en su vitrina, tan ajeno a los avatares de la naturaleza como ella misma. Walk this way dice Aerosmith en el cartel que guía hasta el casino. De acuerdo con las leyes de Misisipi, que no permiten el juego en tierra firme, estaba construido sobre una gigantesca plataforma flotando en el mar, adosada al edificio del hotel. Los pisos de cemento han colapsado unos encima de otros, y las máquinas tragaperras sin estrenar han desaparecido engullidas por el mar. El hotel, que tendrá que ser derribado por los daños estructurales irreparables que ha dejado la fuerza del mar, estaba pensado para ser puntero en el AP mundo. Sistemas de escáners biométricos para cruzar las puertas, enormes salas de conciertos dignas de los clásicos del rock, pantallas planas por doquier, cámaras Martins de diez mil dólares alineadas interminablemente para crear ambientes de rock en un hotel de dimensiones faraónicas, ahora cubierto por el fango. Los suelos se han levantado como un acordeón, hay techos hundidos y fugas de gas por todas partes, pero los carteles de Pintura fresca siguen en las puertas, y en los pisos a los que no ha llegado el agua todo huele a nuevo, sin un arañazo en las paredes recién pintadas. En algunos rincones, la imagen parece más la de un fenómeno paranormal que meteorológico.