Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
62 Los domingos DOMINGO 4 9 2005 ABC EL AZOTE KATRINA Mark Smith y su tuba en medio de la desolación AP Aún quedan supervivientes en los tejados AP Las familias no quieren abandonar a sus muertos AP (Viene de página anterior) na, como los estadounidenses nunca imaginaron que un día despertarían siendo parte de esas imágenes que veían indiferentes por televisión. La incredulidad es uno de los aspectos que más comparten los nuevos refugiados del país más desarrollado del mundo. A sus 16 años, Sherry Gatmore era hasta el lunes una adolescente más de cualquier país occidental, en cierto modo superficial, preocupada por la moda, las canciones de sus estrellas favoritas y los chicos de su instituto. De la noche a la mañana, esta adolescente larguirucha de ojos azules y tensores metálicos en la dentadura busca ropa de segunda mano en las bolsas donadas y hace cola con su madre durante horas por una botella de agua. Nosotros no éramos así se justifica enfáticamente, como si tuviera que recordárselo a sí misma. Teníamos los armarios llenos de ropa bonita. Mi casa estaba decorada con antigüedades de mi abuela. Tres coches aparcados en el porche. Todo ha desaparecido. Salimos corriendo con lo puesto Suena a viejas glorias, pero no hace ni una semana. Ahora camina varios kilómetros diarios bajo un sol más picante que la comida criolla y para el anochecer se encierra a oscuras en casa de una tía, antes de que empiece el toque de queda. La policía de Misisipi lo hace cumplir a punta de pistola, decidida a evitar que la situación se les escape de las manos como ha pasado en Nueva Orleáns. Para muchos blancos del Sur, se trata de encerrar a los negros en los albergues. Los barrios bajos se anegaron con el agua que entró en sus casas como un cañonazo y se llevó por delante hasta los muros. En Biloxi, zona cero del huracán, que tocó tierra en esta localidad costera de poco más de 43.000 habitantes, quien no tenga un familiar o un amigo con el que quedarse está obligado a dormir en el suelo del albergue. Allí se amontonan unos junto a otros, sobre una manta o unos cartones. Ricos y pobres durmieron juntos por primera vez en plena resaca de la catástrofe, pero cinco días después los primeros ya habían encontrado una salida del albergue, mientras que los segundos En Biloxi, zona cero del huracán, el que no tenga un familiar o amigo con quien quedarse está obligado a dormir en el suelo del albergue Los evacuados al estadio Superdome viven y mueren entre el abandono y el terror han tenido que agudizar sus instintos para sobrevivir en esta jungla. Para escapar de esta especie de campo de concentración donde la Policía interviene con porras en las peleas por un pedazo de comida se necesita que un familiar o amigo certifique que puede proveerles de una casa habitable en cualquier parte del país. Vanessa Hutton ha consultado con sus abuelos en Illinois, que han convencido a su tía de Georgia para que vaya a recogerla, junto a su prometido de 21 años y su bebé de cuatro meses. El problema es que no ha logrado un teléfono para decirle dónde está. ¿Qué le digo a tu tía? le preguntó tras prometerle la llamada de rescate. Que venga a recogernos ya ataja malhumorado el prometido de Vanessa, Jacob Dulier, que se ha metido en varias peleas para defender a su joven familia en el albergue municipal. No ha acabado en la cárcel de milagro, como otros a los que la Policía se ha llevado esposados, en su política de tolerancia cero que aplica dentro del albergue. Los hombres se pueden poner en la cola por si al final queda algo Hubo hombres que no comieron nada en dos días. Algunos ancianos, derrengados por haber perdido todo lo que les quedaba, renunciaron a ello, y se tiraron a dormir como si esperasen la muerte. Vanessa dice que compartió su ración con el padre de su hijo y con algunos de estos ancianos que se habían rendido. Aun así, uno sólo comió en dos días las ocho patatas fritas que le di relata. El jueves llegaron los pañales. Al amanecer, Jacob sorprendió a una mujer robando los de su hijo. Era la segunda vez que descubría a alguien hurgando entre sus cosas. Las ayudas con cuentagotas, lejos de paliar las necesidades más básicas, desatan la codicia. Para el viernes, Jacob aún había tenido una pelea más. Un hom- El acoso del hambre Al principio todos estaban en shock por lo que acababan de pasar. Aún no se podían creer que habían salido vivos de un huracán más monstruoso de lo que Hollywood se atreviera nunca a imaginar. A medida que pasaron las horas y los días sin que llegara agua ni comida para todos, el hambre se convirtió en mala consejera. Dos noches durmiendo en el suelo con un calor pegajoso y sin poder lavarse ni la cara convierten en animal a cualquiera. La primera pelea estalló en la cola de la comida. Las mujeres y los niños, primero les dijeron.