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ABC DOMINGO 4 9 2005 Sociedad 59 Ignacio de Miguel comprueba la presión de las bayas Arrayán y Vallegarcía, con nombre propio en el nuevo mundo del vino Miguel Ángel de Gregorio muestra Finca Coronado, en Argamasilla de Calatrava b Arrayán premium, Vallegarcía syrah y Finca Coronado graciano, caldos que reflejan la excelencia de los viñedos visitados durante esta semana J. F. C. MADRID. Detrás de cada uva de calidad, hay un vino. Y cada botella de vino tiene un rostro, o más, tiene nombres propios. Es una historia de amor por la vida, por una nueva vida, por un nuevo amor que empieza a nacer con cada vendimia. Esta no era una semana para catar, aunque sí. Eran momentos para comprobar como la uva que abandona para siempre su refugio junto a la tierra se hace mosto, primero, y luego, vino. El empresario Alfonso Cortina vive con devoción este mundo. Un amante de Burdeos y Borgoña, propietario de Finca Vallegarcía, en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real) Vallegarcía tiene tres vinos en el mercado: syrah, cabernet sauvignon- merlot y viognier. De la mano del enólogo Ignacio de Miguel, empieza a recorrer un camino de éxito, año tras año, y los mostos de 2005 de viognier y merlot, pronto vinos, mantienen firmeza, calidad y elegancia. Antes de Navidades estará en el mercado su syrah 2003, sinónimo de equilibrio y buen gusto. José María Entrecanales, en su Finca La Verdosa (Santa Cruz del Retamar, Toledo) ha dado vida a Arrayán. Todavía tiene arrestos para controlar hasta los detalles de la vendimia día a día, alma y corazón para que el mercado saboree algo más que grandes vinos, que ya es mucho. Y sabiduría. Sabiduría para hacer entender que, aunque en su caso se trate también de pasión por la uva, el syrah vende más que el cabernet sauvignon, y por tanto, es mejor. Probamos mostos, ya casi vino, de merlot y syrah, uno bueno y el otro, mejor. Y el Arrayán Premium 2002, el excepcional símbolo de la casa, al que le ha dado vida Miguel Ángel de Gregorio. De Gregorio, que asesora a la familia Entrecanales, también tiene su espacio particular, en Argamasilla de Calatrava (Ciudad Real) Se llama Finca Coronado, con viñas de tempranillo, graciano, syrah, cabernet y petit verdot. En las barricas, vinos del 2004. Calidad. Su graciano, que debiera salir como monovarietal, es como un mundo que se abre ante ti. Distinto, desconocido, pero siempre merecerá la pena catarlo. Y guardarlo en tu memoria. La máquina de vendimiar, casi a punto para empezar la recogida en Finca Coronado un pueblo próximo, con su hija. A Sevim le gusta España, ya tiene algunas amigas, la buscan, salen... Eulogi, cuatro años en nuestro país, releva a su mujer. No todo es bueno, pero hay que trabajar. Aquí estoy bien; si no, me voy Eulogi y Seva viven una vida mejor que la de Bulgaria, de momento. Aunque fue un poco duro hasta que arreglamos las cosas (los papeles) Jueves 1 de septiembre. Al anochecer. Casi doscientos kilómetros más al sur de Santa Cruz de Retamar, muchas carreteras y más tráfico, llegamos a Argamasilla de Calatrava, directos a unas cuarenta hectáreas de viñedo propiedad de la familia De Gregorio, a la Finca Coronado. Directos a la vendimia nocturna, pero hasta para vendimiar hace falta suerte. Si no vendimio hoy, ya no vendimio Una pieza de la máquinaria se ha roto y Miguel Ángel de Gregorio, pese a que eleva el tono, mantiene la calma. Aquí no hay amas de casa, personas mayores o inmigrantes. Aquí cuenta la máquina, y la máquina no va. Viernes, 2 de septiembre. Diez de la mañana. Dieciséis horas después de lo debido, la máquina empieza a ir. Las cajas se llenan de cabernet sauvignon y en tractores son depositadas en la bodega. Diez de la noche: concluye la recogida de la cabernet. Sábado 3 de septiembre. De madrugada. Es el turno de la tempranillo, primero, y la syrah, después. Es la vendimia nocturna, en directo. La uva acaba un ciclo y comienza otro. Ser en la viña, estar envuelto en madera y sentir dentro de una botella. Hasta respirar una nueva vida, un nuevo ciclo. Miguel Ángel de Gregorio