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34 Internacional DOMINGO 4 9 2005 ABC JOSCHKA FISCHER Líder de Los Verdes y ministro de Exteriores Las elecciones alemanas se decidirán en los últimos metros Catorce mil kilómetros, 68 ciudades, 81 mítines... Joschka lucha. ¡Participa! reza su lema electoral. En plena campaña para los comicios del próximo día 18, la coalición rojiverde está 13 puntos por debajo de las huestes de Angela Merkel, pero el aliado de Schröder no se rinde TEXTO: CARSTEN FIEDLER LEIPZIG. Impertérrito, Joschka Fischer, líder de Los Verdes jura, en su incansable gira electoral, que el pacto de gobierno seguirá. Entrevistado para Die Welt fustiga al partido de la izquierda y advierte de que no hay que rendirse ante los conservadores. El ministro de Exteriores ha pedido pasta por el móvil desde el autobús. No hay tiempo que perder. En un lujoso restaurante italiano de Erfurt se ofrecen tallarines con setas, además de infusiones de salvia con mucha miel. Tiene la voz rota. Soy el único al frente del equipo de Los Verdes que está afónico. Esto me da que pensar vocifera. Como es habitual, una frase así, dicha en broma, lleva un mensaje oculto. Esta vez es: ¿Quién, en resumidas cuentas, excepto yo podría aguantar eso? ¿Quién puede luchar como yo? Fischer no ha parado de viajar por Alemania durante seis semanas. Un autobús con la carrocería verde y con su retrato empapelado le lleva de norte a sur, de este a oeste. Catorce mil kilómetros, 68 ciudades, 81 mítines. Joschka lucha. ¡Participa! reza el lema. En las plazas mayores de la República, el cabeza de lista de Los Verdes se lanza a una batalla que en realidad está perdida. A tres semanas de las elecciones, los rojiverdes se encuentran por lo menos a 13 puntos de distancia de los conservadores- liberales. El tiempo corre, pero Fischer se muestra impertérrito. Estas elecciones se decidirán en los últimos metros repite como un mantra con el que machaca a todos los escépticos. Fischer es el último predicador de los rojiverdes. Todavía podemos dar la vuelta a las cosas. Crean a un perro viejo les dice a los periodistas en el autobús. ¿Lo cree de verdad? No tiene sentido preguntárselo abiertamente. Fischer goza de una inquebrantable atracción como candidato, también en el este de Alemania. En Erfurt, Leipzig, Magdeburgo o Potsdam nunca reúne menos de mil oyentes en sus mítines. De promedio, de un 35 a un 40 por ciento más que en 2002 cuentan orgullosos los candidatos verdes. Pero la pregunta es: ¿llega Fischer realmente a la gente? ¿O sólo quieren echarle un último vistazo al ministro de Exteriores? Erfurt. Mediodía. El escenario de Joschka está en el Anger, una plaza en el límite del casco antiguo. Hay zumo biológico de manzana por 50 céntimos; colaboradores de Los Verdes reparten preservativos con el lema Protege a Guido Llega Fischer. Traje negro, po- Joschka Fischer, en un debate en el Bundestag el pasado mes de junio REUTERS Cuando África exporte sus conflictos, el Mediterráneo no será lo suficientemente profundo lo a rayas azul marino- azul claro. Veis, peleo por cada voto, hasta por el mío vocifera. A renglón seguido ataca a Merkel, a Kirchhof y a la tropa izquierdista de Lafontaine. Naturalmente Fischer utiliza su ventaja como ministro. La situación en Irak e Irán le preocupa mucho. Y ante todo África: Cuando empiece a exportar sus conflictos, el Mediterráneo no será lo suficientemente profundo. Esto no os lo digo como candidato, sino como vuestro ministro de Exteriores Ninguna interrupción, ningún silbido. Al final, los aplausos de rigor. Desde luego era un muro inmóvil se queja más tarde alguien del séquito de la campaña. Tonterías, dice Fischer: Al final bien que han aplaudido Leipzig, Augustusplatz. Ocho de la tarde. Acuden 1.500 personas, las voces van de agresivas a resignadas. Vete a casa grita uno con una bandera negra anarquista. ¿Por qué has venido si me tengo que marchar? murmura Fischer como respuesta. La protesta la han organizado Verdi, Attac y el PDS. Fischer se da cuenta de que no podrá llegar a la masa sólo con argumentos. Entra en el cuerpo a cuerpo y se suelta en la refriega. Esto lo hace como nadie. Si Merkel y Kirchhof llegan al poder, entonces tendréis motivos no sólo para la manifestación del lunes, sino que podréis manifestaros igual toda la semana grita. Trabajo sucio, pero al final controla a la masa. Empapado de sudor, se deja caer en el coche de servicio que le lleva al hotel. Nunca me había llevado a la cama a tanta oposición dice. Está realmente orgulloso de su intervención. ¿Por qué a Fischer le cautiva tanto este trabajo de negros? Es sencillo: no sabe hacerlo de otro modo. Cuando se le pregunta por el poder, se declara un extremista confeso. Con los cambios que se han producido a lo largo de las décadas, en mí ha permanecido hasta hoy un tipo de extremismo... y ello siempre a toda velocidad y hasta el último cartucho ha escrito en su libro Mi larga marcha hacia mí mismo publicado en 1999. No hace mucho ha empezado otra vez a correr: quiere estar en forma para el sprint final de las elecciones. Su compañera y su hija están con él en el autobús. Fischer, a sus 57 años, lucha para rehabilitar a los rojiverdes. Si pese a todo no lo consiguiera, quiere que la despedida al menos sea convincente, al igual que Gerhard Schröder. A diferencia del canciller, en caso de una derrota, Fischer, como jefe de grupo parlamentario, podrá escoger si quiere pasar o no a los bancos de la oposición. Die Welt EDA Al final de la escapada RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. Hasta un fajador de las aceras como Fischer se cansa, engorda, decae, pierde la voz y la palabra, si aún no el sentido escénico. Una pareja contestaria interrumpía su mitin el viernes: querían la salida de las tropas de Afganistán. ¿Que vuelvan los talibanes a sojuzgar a millones de mujeres? No veo cómo puede encuadrarse ese objetivo en una política de izquierda responde, la guerra a veces es inevitable El veterano pacifista sugiere a los manifestantes que aún tienen algo que aprender Fischer llegó a la política con los pantalones gastados y vio que, si puede haber energía limpia, no hay política limpia. Más que una ideología, Los Verdes representaron un ánimo generacional. Supieron expresar esa mirada casi religiosa hacia la naturaleza de muchos alemanes y una vocación de paz que hoy ya es de todos. Lo que sonaba a radical pierde el encanto cuando es legal: hoy se prometen un 8 por ciento y ya no están en ningún ejecutivo regional. Su principal contribución ha sido a la modernización de Alemania, desde las leyes de ciudadanía hasta un desenvaramiento político; y que el Ruhr suene hoy más a centro cultural que a siderurgia. Quisieron reinventar la familia y el experimento habría sido mejor con gaseosa; y sí, habrá parón nuclear: cuando las centrales caduquen. Consumado el fin, pueden permitirse el patriotismo y hasta torpes sofisticaciones como los envases con fianza, y pocos políticos lucen un tres piezas y pueden llamar a Angela Merkel bonito suflé sin ser machistas. Ningún punto del ideario dice que no se pueda ser soberbio y verde. Hoy la estrella decae, pero las flores permanecen en las aceras, bajo las que debía estar la playa.