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ABC SÁBADO 3 9 2005 Los sábados de ABC 99 ...Y SU AUTORA Al apearse de su pedestal, con edad para ser la madre de su amante, se arriesgaba al ridículo Forma parte de los Minor Royals ha tenido un pasado agitado y divertido, le importan poco las opiniones ajenas... Lo único realmente serio en su vida- -además de su familia- -es su interés por la Historia, heredado de su madre diente como Diana convertirse en amante de un hombre mucho más joven no dejaba de suponer una situación peligrosa, y no sólo en relación a su imagen, sino también con respecto a su propia sensibilidad Al apearse de su pedestal y dejarse llevar por debilidades humanas, una mujer como ella, con edad suficiente para ser la madre de su amante, se arriesgaba al ridículo. Pero amar a Enrique era también arriesgarse a quedar relegada ante una mujer más joven si, finalmente, Catalina era repudiada Que aceptase tantos riesgos indica la confianza de Diana en sí misma y hasta qué extremo conocía a su querido Enrique, pero es también prueba de que estaba enamorada. Entregarse al príncipe era hacerle saber que le estaba otorgando el mayor de los honores. Diana no planeó su destino, sencillamente, sucedió. No buscó el amor de Enrique, se entregó libremente y sin que nadie la empujase a ello. Pero en cuanto el amor se le ofreció, hizo cuanto pudo por mantener viva su llama. A medida que Enrique crecía en estatura y madurez, Diana lo sostenía con el poder de su imaginativa mente, avivando la pasión con la mágica red de su inteligencia. Enrique perdió todo interés por Catalina y prácticamente dejó de verla La Princesa Michael de Kent, una vida en blanco y negro Re POR: CARMEN FUENTES sulta curioso que lo que calificamos despectivamente como chismorreo sobre los adulterios, hijos secretos, fraudes, intrigas y demás miserias en las monarquías, con el paso del tiempo, se convierta en historia. Esta frase, que repetía siempre el añorado genealogista Juan Balansó, cobra hoy fuerza al leer el libro de la Princesa Michael de Kent, prima hermana (por matrimonio) de la Reina de Inglaterra, Isabel II, cuya Real Familia ha protagonizado en estos últimos tiempos sabrosos escándalos que han alimentado el comadreo internacional. Y resulta también curioso que sea ella, una Royal quien escriba sobre la vida y milagros de Diana de Poitiers y Catalina de Médicis, parientes suyas por ambas vías, la legítima y la ilegítima, siempre más interesante esta última. Princesa Michael de Kent, una escritora con pedigrí, pero sin negros La princesa desciende- -por vía legítima e ilegítima- -de las protagonistas de su último libro atraído las anécdotas relacionadas con personajes históricos, influenciada por los cuentos que su madre le narraba de niña, al acostarse. Quedó fascinada por la historia de Diana de Poitiers (de la que ella desciende) que descubrió cuando ya era estudiante. Desde entonces investigó lo que pudo sobre tan seductora dama francesa del siglo XVI, amante del Rey de Francia Francisco I y de su hijo, el Rey Enrique II. Y todo esto mientras Carlos V gobernaba más territorios que nadie, Enrique VIII de Inglaterra se sumergía en un cisma a causa de su pasión por Ana Bolena, y los papas Médicis, León X y Clemente VII, completaban desde los Estados Pontificios el panorama político- religioso y amoroso de la época. La Princesa Michael de Kent ha descubierto en Diana de Poitiers una dama inteligente, cultivada y seductora, menos guapa de lo que cuenta su leyenda, que apartó a Catalina de Médicis del lado de su marido, el Rey En- rique. Fue un particular ménage à trois (el rey, la esposa y su amante) que nos resulta familiar. Cuando dentro de unos años se escriba sobre la Gran Bretaña contemporánea tal vez salgan a relucir otros triángulos, como Diana- Carlos- Camilla. Dentro de la Historia Corrían los alocados setenta, con Londres como epicentro, cuando la baronesa austriaca Christine von Reibnitz se trasladó a la ciudad del Támesis para estudiar Historia, sin saber que, años después, también ella formaría parte de la historia, al menos de la británica A la joven aristócrata Christine siempre le habían Entrar con mal pie Nuestra autora tiene también una interesante historia a sus espaldas. Cuando el príncipe Michael puso los ojos en aquella guapa y vivaracha estudiante austriaca, tuvo que renunciar a su puesto en la línea sucesoria al Trono británico para poder casarse con ella, por ser católica. La boda, por lo tanto, no fue bien vista por la Reina Isabel, a la que tampoco hacía gracia el estilo desenfadado de la joven. A pesar de todo se les se dio cobijo en el palacio de Kensington (financiado por el Parlamento) gesto muy criticado por los ingleses, poco amigos de pagar los gastos de los Minor Royals (miembros de segundo rango de la Familia Real) Alta, rubia, guapetona y un tanto excéntrica, la Princesa Michael de Kent ha hecho siempre lo que le ha venido en gana. Fue una habitual de la Marbella dorada de los años setenta y no se perdía ni una fiesta de las que daban el bailarín Antonio o Jaime de Mora. Acudía a Marbella invitada por María Luisa de Prusia y su marido, el con- (Por sus dificultades para engendrar hijos) Matrimonio de Catalina de Médicis y Enrique II de Francia. Palacio Vecchio de Florencia de Rudy, y se convertía en reclamo de la llamada caridad de alto standing es decir de bailes, festejos y todo tipo de tómbolas benéficas. Con los años la princesa rebelde, madre de dos hijos, se fue serenado. Lady D le arrebataría el cetro de la popularidad y de los pequeños escándalos, pero una también terrible enfermedad tuvo mucho que ver. Le detectaron un cáncer de piel con el que todavía lucha. Hoy está volcada en su afición favorita, escribir libros históricos, afición que le llevó en su día hasta la Universidad empujada por la misma pasión que tuvo su difunta madre, historiadora, y una de las pocas mujeres admitidas por la Universidad de Viena. Su madre ha sido siempre su inspiración, su musa. Lo demás han sido horas de trabajo y de investigación, cual plebeya rata de biblioteca, que le han servido para contar ahora la historia de aquellas dos mujeres, Diana de Poitiers y Catalina de Médicis, que vivieron la Reforma y el Renacimiento, un periodo luminoso pero convulso. Un tiempo en blanco y negro, como los colores del primer coche de la hoy Princesa MIchael de Kent, un Mini, de sus estrafalarios atuendos de adolescente, de su excéntrica casa de estudiante y de su querido gato. Y es que, por aquella época, no había mayor forofa del pop art