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54 Espectáculos SÁBADO 3 9 2005 ABC Sami Naïr aboga por una globalización al servicio del hombre b El filósofo y sociólogo francés TEATRO La torna de la torna Dramaturgia: Albert Boadella. Dirección: Albert Boadella y Lluís Elias. Esc. Albert Boadella. Intérpretes: Elies Barberà, Aina Calpe, Marta Fernández, Miquel Gelabert, Josuè Guasch, Guillem Motos, Lluís Olivé, Pau Sastre y Javier Villena. Estreno: Romea, 1- IX- 2005 presentó Frente a la razón del más fuerte obra que aborda las reflexiones de varios intelectuales sobre la mundialización ISABEL REPISO MADRID. La presentación del libro conjunto Frente a la razón del más fuerte (Círculo de Lectores Galaxia Gutenberg) fue ayer el escenario en el que discurrieron las reflexiones del pensador Sami Naïr acerca de la globalización, la identidad, o el multiculturalismo. En la obra también colaboran la autora de Informe Lugano Susan George; el director de Le monde diplomatique Ignacio Ramonet; y el historiador Tzvetan Todorov. A pesar de que cada uno de nosotros aborda la globalización desde su propio análisis, todos compartimos la idea de que es necesario dotarla de un significado positivo y orientarla hacia las necesidades humanas explicó Naïr. Mientras George se detiene en la erosión del porvenir que implica la globalización para algunos pueblos, Ramonet incide en los miedos que genera (desde el armamento nuclear al sida o la clonación) y Todorov se centra en la problemática de la hegemonía y el pluralismo. En lo que respecta a Naïr, éste se ocupa del choque de civilizaciones y de la modernidad basada en la igualdad: La concepción del universalismo ha de cimentarse en un consenso mundial sobre ciertos valores y en la conciencia de que nadie posee la verdad absoluta aclaró el sociólogo. A lo largo de su intervención, Naïr defendió el respeto por los caminos propios de cada pueblo a pesar de lo que no dudó en justificar la prohibición del velo en las aulas de las escuelas francesas así como el autoritarismo y la exportación del caos que emana de la política exterior de Estados Unidos. PRUEBAS TESTICULARES SERGI DORIA U no de los propósitos de Boadella con el retorno de La torna es que las nuevas- -e ignaras- -generaciones conozcan la historia reciente de España. Que sepan que en 1977, aquella obra sobre el consejo de guerra que condenó al garrote vil al polaco Heinz Chez, que ni era polaco ni se llamaba así, llevó a la prisión y al consejo de guerra a Els Joglars. En un país todavía sin Constitución, con un Suárez acosado por la extrema derecha, la hiperinflación, y el terrorismo de ETA- Grapo, los militares pisaban fuerte y con voz ronca le daban al vocabulario testicular que cimentó el 23- F. En La torna de la torna Boadella nos presenta a los gerifaltes de antaño, dándole al tintorro en un geriátrico con un coronel que ya no tiene quién le escriba enfrentado a sus fantasmas etílicos. Su delirium tremens reconstruye el tinglado de la farsa. Esa farsa nacida de una realidad lacerante, que conjuga la máscara, la onomatopeya, la gestualidad y la expresión del cutrerío. Reaparecen los tricornios en esa primera escena gallinácea y demoledora; causan hilaridad las pesquisas que son la contrafigura de la serie CSI; la caricatura social del gay, el periodista, el vendedor de la ONCE o el traficante y ese juez catalán, con un ojo puesto en el sumario y el otro, más puesto, en un póster de Florinda Bolkan como prueba testicular En medio de la mascarada que lleva al consejo de guerra, definido por el coronel como la sustancia de la justicia sin mariconadas periciales el polaco Heinz Chez- -que no era polaco sino germanooriental y se llamaba Georg Welzel- representa al individuo atrapa- Miembros de Els Joglars, en un momento del ensayo de la obra do por un engranaje donde es la torna que completa el peso del paquete represivo. Bajo las palabras gruesas y la testosterona verbal, Boadella recobra el teatro de la antigua Grecia para azuzar las conciencias de ahora mismo y revelar las pulsiones de la tribu. Escenas escalofriantes, como la explicación EFE Bajo las palabras gruesas y la testosterona verbal, Boadella recobra el teatro de la antigua Grecia para azuzar las conciencias de ahora mismo y revelar las pulsiones de la tribu del funcionamiento del garrote, que sólo igualó Pepe Isbert en El verdugo con un niño deslenguado con el hierro por corbatín. La borrachera de arbitrariedades, hasta dar con el frío texto que condena a muerte a un pobre diablo, víctima a la vez del comunismo y del fascismo pero cuya figura retorna a la realidad histórica gracias al teatro. Y luego el silencio, con un águila como único ornamento. Desde aquel otoño del 77, Boadella y los suyos no han dejado de hacer enemigos en todo el espectro del pesebrismo políticamente correcto. Su teatro es puro como el cacao amargo. Que siga amargando la vida de algunos por muchos años, aunque Florinda Bolkan haya dejado de ser una prueba testicular y la telebasura nos atonte hasta hacer de nuestra rebeldía un patético vuelo gallináceo.