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6 Opinión SÁBADO 3 9 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA BERNARDO M. CREMADES CO- PRESIDENTE DEL FORO HISPANO- ALEMÁN ANTES AHORRAR QUE GASTAR D EBE reconocerse que la Sanidad pública española, la porción estelar de la Seguridad Social, es modélica. Tiene sus fallos e imperfecciones, sin duda; pero, especialmente en lo que atañe a la medicina hospitalaria, es la mejor del mundo. Cualquiera que, en sus viajes, haya podido comparar entre lo nuestro y lo ajeno puede ratificar lo que digo y, muy especialmente, si la comparanza se lleva a países no europeos. Otra cosa es su coste y su déficit, algo que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero quiere paliar con lo que el PP ha definido como un parche y es, de hecho, una chapuza tanto política como presupuestaria. Para empezar se impoM. MARTÍN ne una reflexión, nada FERRAND sencilla, sobre los bienes y males que se derivan de las transferencias autonómicas de lo que antes era un sistema sanitario dotado de unidad. Hoy, de hecho, contamos con diecisiete modelos homogeneizados, y no mucho, por la inercia del pasado. Todo un muestrario en el que ni los servicios son idénticos ni los costes resultan parejos. Como es natural, el Gobierno, al que sería injusto tratar de profundo en sus análisis, trata de atajar el déficit sin mayores reflexiones previas y, por el camino más sencillo, plantea una subida de impuestos nacionales y autonómicos en el alcohol, el tabaco, la electricidad y los hidrocarburos. Impuestos finalistas en el peor estilo, por provisional y cambiante, de una Hacienda verdaderamente estatal. Dejando al margen los costes del personal sanitario que sirve de columna vertebral a nuestro sistema de salud, peor retribuido que lo que marcan su formación, méritos y dedicación, todos los demás capítulos de la sanidad pública pueden y deben ser revisados para, con un sentido estricto y lógico, reducir sus gastos y evitar los despilfarros y disfunciones que, en los hechos, constituyen la gran sangría del mecanismo. Sólo después de contenido el gasto en los límites del buen sentido cabe la aportación de mayores recursos y mejor sería, por respeto al clasicismo hacendístico, con cargo a los Presupuestos Generales, en sus capítulos nacional y autonómicos, que con recursos a la medida de las circunstancias como el que, con más prisa que talento, perpetran y anuncian el complaciente vicepresidente Solbes y los titulares de Sanidad y Administraciones Públicas. Desde otro punto distinto para la contemplación del problema debe sorprendernos o, mejor, irritarnos que las medidas que ahora propone el Gobierno del PSOE y descalifica el PP son muy parecidas, sino idénticas, a las que en su día propuso el Gobierno del PP y pateó el PSOE. El juego del poder- oposición tiene sus límites en el sentido común y, sobre todo, en la pretensión del buen ciudadano. Entonces y ahora, ahora y entonces, los dos grandes partidos nacionales acreditan una frivolidad peligrosa porque son los dos únicos que, más o menos, siguen creyendo en España. ALEMANIA, UNAS ELECCIONES PARA RECUPERAR EL LIDERAZGO INTERNACIONAL Toda elección supone una verdadera catarsis democrática en cualquier sitio. Para el autor, en la actual Alemania, más. Acostumbrados los alemanes a ser el motor de la economía europea hoy no quieren ni pueden resignarse a perder el fértil protagonismo de las últimas décadas E N los años sesenta fui uno de los muchos españoles que nos trasladamos a Alemania con la ilusión de encontrar un futuro personal y profesional. La diferencia con otros compatriotas fue la suerte de conseguir una beca del gobierno alemán que me permitió estudiar Derecho y obtener el doctorado. Numerosos españoles encontraron allí la oportunidad de lograr un medio de vida, obligados por la penosa situación económica española y prosperar en una sociedad moderna para así poder alimentar a su familia. Todos fuimos recibidos por un pueblo acogedor en el que aprendimos a vivir en libertad y democracia. España tiene una gran deuda frente a Alemania. Acogió en momentos difíciles a la emigración, formó a nuestros trabajadores, que obtuvieron una formación profesional excelente. La inversión alemana permitió incorporar nuestra economía a la actividad internacional, fomentó la masiva creación de puestos de trabajo en nuestras fronteras. Los empresarios españoles conocieron las técnicas de gestión, pasando de ser meros empleados directivos a llevar las riendas supremas de las empresas españolas con capital alemán, hoy entre los mayores consorcios industriales y de negocios. Gracias a los políticos alemanes y a su muy generosa ayuda hicimos la transición política y tras ella nos dieron el definitivo espaldarazo para el ingreso en las comunidades europeas. Después, los fondos estructurales, con gran contribución alemana, permitieron cambiar infraestructuras, convirtiéndonos en una sociedad próspera. Buena parte del llamado milagro español lo debemos al buen uso que hemos sabido hacer de la contribución alemana, en lo político, en lo económico, en lo social y en lo cultural. Por eso miramos con gran interés cuanto sucede en Alemania. Nos preocupa el ambiente pesimista de su sociedad en los últimos años. El éxito de la reunificación alemana, tan deseada por todos antes de la caída del muro de Berlín, ha supuesto un alto precio que todavía lastra su vida cotidiana. El ciudadano alemán es muy dado a planteamientos profundos que en la actualidad le conducen a una cierta depresión. La economía necesita de un fuerte optimismo colectivo para lograr la deseada prosperidad. La sociedad alemana está convencida que son necesarias profundas reformas estructurales y que la situación política actual no las hace viables. La falta clara de un liderazgo político repercute en la economía y, como consecuencia, en la convivencia. Especialmente, cuando las reformas deben afectar a la paz social ya que para agilizar la economía alemana surge la duda de si en el Derecho individual y sobre todo en el colectivo del trabajo se exigen dolorosos retoques. El paro es el gran problema que deben afrontar los políticos tras las elecciones, con medidas que no siempre son fáciles de asumir. El intento de la socialdemocracia de abordar el tema provocó una enorme división en el primer gabinete Schröder, que incluso ha cristalizado en estas elecciones en la unión de prominentes socialdemócratas al partido poscomunista formando un partido de fusión autodenominado La Iquierda. La tutela del puesto de tra-